
En Londres, desde hace más de una década, un colombiano pensó que podía brindar uno de los mejores cafés del mundo para complacer a los ingleses, y contarles que con esa taza de café que ellos compran están ayudando a la paz en Colombia. Luego, ese hombre pensó: por qué no pedirles a los colombianos que ellos también aporten a esa paz tan esquiva y degusten el mejor café especial de exportación, pero, en su tierra.
En el corazón de la capital colombiana, en la zona colonial y turística, en medio de los principales organismos gubernamentales entre ellos la Presidencia, el Congreso, la Alcaldía y los museos más destacados del país, está la primera tienda de Cafeína ética, café de origen y exportación, cuya cadena de distribución está fuera de la nación latinoamericana, muy muy lejos; a miles de kilómetros… En el Reino Unido.
Sí, han leído bien. En Colombia, en la cuna del café más suave del mundo, se ubica la primera tienda en sur América de una marca de café colombiano que nace en Londres donde su nombre es The Colombian Coffe Company, y ya cuentan con cinco puntos de venta y distribución, en lugares que son realmente, espacios de experiencia para degustar no solo uno de los mejores cafés del mundo, sino que ese sabor lleva un ingrediente muy especial, historias, rostros y sacrificio de campesinos e indígenas que han sido víctimas del conflicto o del flagelo de los cultivos ilícitos.
Express News UK habló con Eduardo Flórez Segura, la mente creadora de un proyecto que va más allá de vender cafés especiales, una incubadora de vida y desarrollo para muchas familias de esa Colombia oculta y desprovista.
“Como dices, ya tenemos cinco puntos de venta en Londres, pero la idea no es crecer por crecer, sino hacerlo en la medida que podamos apoyar e incorporar a más familias. Pero, esto depende de que haya más demanda por nuestros cafés, y así podremos comprarles a más familias”.
Efectivamente, el nombre de cafés especiales, es dado porque lo son, y en qué medida, pues han recibido más de 84 puntos por un catador, lo que les da un sello de alta calidad. El éxito de este grano en el exterior es muy y en Reino Unidos se venden muy bien, tanto que Eduardo ha tenido que ampliar su tostadora, pues como se dice: “ya no dan abasto”.

La demanda es por la paz
Los canales de comercialización del café de origen que distribuye Cafeína ética en el exterior son varios, las tiendas físicas, pero también la venta online, un medio por el que se mueve muy bien la distribución, pero para ello, dice Eduardo, “hay que crecer para poder recibir más café verde, tostar más, y poder tener más espacio para empacar y distribuir a través de la tienda virtual que está creciendo en ventas”.
Pero, ¿Cuál es el secreto de este café? ¿Cuál es ese ingrediente diferencial con el que conquistan más que paladares? El secreto es la apuesta por la vida, por las oportunidades y el crear una línea real de apoyo para las familias cultivadoras y caficulturas en zonas donde la mano del gobierno no llega.
“En este momento hemos sumado a nuestra empresa a un grupo de familias más del Cauca, alrededor del Tambo y La Vega, que son zonas, en las que su gente ha sufrido mucho por el tema del conflicto, el tema del abandono estatal. Hay partes en Cauca donde simplemente, no hay carreteras, entonces, ¿Qué pasa? A un campesino le cuesta muchísimo más llevar su café verde al pueblo para venderlo, no tiene por dónde desplazarse; mucho menos pensar que estos campesinos puedan entrar a mercados más internacionales, donde vendan a mejor precio”.
Además, indica Eduardo, la problemática va más allá, “la misma gente del país, los colombianos, estigmatizan acá mismo a los campesinos del Cauca, porque lo he visto al hablar con exportadores e importadores de café verde, que me dicen que no comercializan ese café porque los campesinos del Cauca son guerrilleros y que, por eso no les compran”.
“Es un sentimiento extraño hacia ellos que también he sentido con los indígenas, que, por ciento, cada vez que vengo al país los veo más en las ciudades y como que al resto de la gente a los capitalinos como que les generan rechazo. Y la verdad es que ellos solo buscan una oportunidad, para ellos y sus familias de trabajar, cultivar y producir y, sobre todo estar en paz”.
Como explica Eduardo, estas comunidades de indígenas y campesinos lo que buscan es poder vivir de lo que ancestralmente han aprendido. A cultivar la tierra y que sea ella la que les provea su sustento, el de sus familias y, sobre todo, estar en paz, sin el acoso de la violencia o la indiferencia de sus compatriotas.
“Muchos de estos hombres y mujeres quieren producir cafés orgánicos. Sin químicos. Pero lo que pasa es que alrededor de ellos hay un conflicto muy grande… Y no es solo el conflicto interno, digamos, que ya de por sí tenemos en Colombia, entre paramilitares, guerrillas y el gobierno. No, es algo más fuerte con empresas multinacionales que les hacen mucho contrapeso y daño.
“Por ejemplo, hay una multinacional holandesa que se llama Cartón Colombia. Ellos están trayendo pinos del norte del mundo, que no son naturales, endógenos de Colombia para sembrarlos acá y lo que hacen es dañar la tierra y bloquear su producción porque alrededor de esos pinos no crece nada”.

¿Por qué venir a vender café colombiano a los colombianos?
Eduardo Flórez tiene un mercado de café especial bien estructurado en Reino Unido, cotizado a lo largo de varios años, pero, qué hace que después de tener sus tiendas, un negocio y un proyecto social de desarrollo para comunidades en zonas de impacto, le llame la atención ofrecer café de alta calidad a los colombianos.
“Esto tiene todo un sentido y te voy a explicar por qué. A ver, una cosa es venderles café colombiano a los ingleses y decirles: ¡gracias por apoyar la paz en Colombia! Por ello pensé, después de 15 años de estar en Londres, que no hay nadie más interesado en la paz en Colombia que nosotros los colombianos y más si están en el país.
“Sin embargo, no ha sido tan así. Ha sido algo difícil y no son solo las dificultades de producir café en Colombia por el tema del conflicto y la cantidad de víctimas relacionadas con el conflicto alrededor del café. No, lo sorprendente es la indiferencia y esa estigmatización de la que hemos hablado, a muchas personas, colombianos, creen que, si les hablamos de paz y de apoyo a la paz, les estamos diciendo que vendemos café producido por guerrilleros, reinsertados y que están apoyando este tipo de proyectos. Esto de verdad fue un choque y una decepción difícil de entender”.
Por esta razón, Eduardo no pudo dejar el lema que acompañaba el nombre de su proyecto de Cafeína ética que daba la bienvenida en su tienda en Bogotá, donde anunciaba que el producto, el grano es la base de un proyecto de paz. Pese a ello, él no se rinde, y Eduardo no lo anuncia, pero, al entrar en su negocio sí lo explica y les dice que la paz de la que habla, es una oportunidad de vida, de trabajo, de progreso y desarrollo para comunidades que viven en zonas que otrora, estuvieron afectadas por la violencia pero que ahora construyen y buscan vivir en paz.
“Para cerrar quiero decirles a los colombianos que no han tenido la oportunidad de salir del país, que han vivido siempre con la zozobra de la guerra, del miedo, del hostigamiento, que al salir se conoce de verdad la paz, una paz que no tiene precio, entonces hay que trabajar por ella. Acá, en medio de la misma guerra porque la paz real se construye y bien vale la pena luchar por ella. Nosotros lo hacemos poco a poco, ayudando a que más colombianos tengan una oportunidad de trabajar, de ganar lo que merecen por su esfuerzo, por cultivar y cuidar la tierra, brindando a sus hijos un futuro diferente”.
