El agotamiento y la motivación son dos fuerzas que marcan el ritmo de quienes viven procesos migratorios o desafíos profesionales. Mantener el entusiasmo no siempre depende de la voluntad, sino del equilibrio entre descanso, propósito y conexión humana.
Este análisis aborda el por qué la ansiedad, la fatiga y la soledad pueden confundirnos, haciéndonos creer que hemos perdido el rumbo. Con mirada psicológica y humana, explora cómo reencontrar el impulso vital a través de la pausa, el sentido y los vínculos que nos sostienen.
Por qué tu cerebro apaga la motivación y cómo reactivarla
¿Cómo mantener la motivación sostenida en el tiempo? Es la pregunta que llegó esta semana a mi mensajería. Una lectora, que prefirió el anonimato, contaba que después de tanto esfuerzo —estudios, mudanzas, horas de trabajo— sentía que el entusiasmo se había ido.

“Los precios que se pagan son altos”, escribió, “y la motivación baja». Esta frase podría firmarla cualquier migrante o profesional que, tras alcanzar una meta, descubre un cansancio más profundo que el físico. Porque el desafío no es solo llegar, sino cómo mantener encendido el propósito cuando la vida exige más de lo que da.
Agotamiento y motivación: Cuando la energía se enfría
La psicología explica que la motivación no desaparece por azar: se interrumpe cuando las condiciones que la alimentaban se agotan. Los investigadores Richard Ryan y Edward Deci señalan que el impulso humano depende de tres raíces esenciales: autonomía, competencia y vinculación.

Cuando una persona deja de sentirse libre para decidir, deja de percibir progreso o se siente sola en su esfuerzo, la energía se dispersa. No es falta de carácter; es una forma de autorregulación.
El cuerpo no invierte recursos en lo que ha perdido significado. A menudo, el cansancio no viene de hacer demasiado, sino de hacer sin propósito.
¿Sueño apagado o necesidad de descanso?
En la experiencia migratoria, donde la adaptación es constante, muchas personas confunden el agotamiento físico con la pérdida de propósito. Sin embargo, no todo cansancio es desmotivación.

A veces el cuerpo pide pausa; otras, el alma pide dirección. Distinguir ambas experiencias ayuda a elegir el tipo de cuidado correcto —descanso o redirección— y evita que la autoexigencia apague lo que solo necesitaba reposo.
Claves:
• El sueño apagado requiere revisión de propósito y acompañamiento.
• El descanso necesario requiere permiso, no culpa.
• Ambos son señales de cuidado, no de fracaso.
Agotamiento y motivación: Cuando el cuerpo dice ‘basta’
El estrés prolongado altera el equilibrio interno y se ha convertido en un problema de salud mental según la OMS. El agotamiento aparece y la motivación baja, A su vez genera lo que el neuroendocrinólogo Bruce S. McEwen denominó carga alostática, una sobrecarga fisiológica que, según explica en su libro The End of Stress as We Know It (Harvard University Press, 2022), “erosiona lentamente los circuitos que sostienen la atención, la memoria y la capacidad de decisión”.
Cuando la mente percibe amenaza constante —inestabilidad económica, exceso de exigencias, duelos migratorios— el sistema nervioso entra en modo defensa. La energía que antes se destinaba a crear se desvía a sobrevivir.
Por eso, muchas personas que parecen “desmotivadas” están, en realidad, agotadas biológicamente. La clave no está en exigir más voluntad, sino en recuperar la sensación de influencia: notar que una acción pequeña aún puede transformar el día.
Agotamiento y motivación: Tres elementos que mantienen vivo un sueño
A lo largo de la investigación en comportamiento humano, tres factores se repiten como pilares de la perseverancia: disciplina, motivación con sentido y redes de apoyo. La disciplina ofrece el marco; la motivación da dirección; las redes sostienen el trayecto.

Mantener un sueño vivo no depende de la fuerza inicial, sino de reorganizar sus raíces cuando el impulso se enfría. Los sueños, en realidad, no mueren: esperan las condiciones para volver a arder.
¿Qué redes, qué pausas y qué sentido necesitas para seguir creyendo en tu camino? La respuesta es contundente: ‘La motivación no llega para impulsarte: aparece cuando dejas evidencia de que sigues avanzando hacia lo que te importa’.
Cuando el sueño está apagado
| 1. Sientes vacío, aunque cumplas objetivos. |
| 2. Te aíslas y piensas que “ya nada vale la pena.” |
| 3. Aumentas la autoexigencia para llenar el vacío. |
| 4. Pierdes la dirección o el sentido. |
| 5. La fatiga se convierte en apatía prolongada. |
Cuando el cuerpo pide descanso
| 1. Te sientes cansada, pero sigues valorando lo que haces. |
| 2. Buscas silencio y calma para recuperar energía. |
| 3. Reconoces tus límites y eliges frenar sin culpa. |
| 4. Mantienes claridad, pero necesitas reposo. |
| 5. El ánimo mejora tras el descanso o el contacto social. |
Un ejemplo real: reencender después del agotamiento
El recorrido de Ramielys Mejía, psicóloga dominicana radicada en España desde 2017, es un reflejo de esa energía que se apaga… pero puede reencenderse. Tras emigrar y enfrentarse al complejo proceso de homologación profesional, vivió etapas de agotamiento, dudas y sobreesfuerzo. Sin embargo, en lugar de abandonar su propósito, eligió replantearlo.
Buscó acompañamiento, fortaleció su red profesional y recuperó la confianza en su vocación. Hoy, plenamente integrada en su campo laboral y vinculada a proyectos de bienestar psicológico, Ramielys representa lo que la ciencia confirma: la motivación no se impone, se reconstruye.
Su historia es una muestra de cómo la disciplina amable, el apoyo social y la claridad de sentido permiten transformar el cansancio en dirección renovada.
Autora: Sadis Valencio. Psicóloga clínica (UNAD), terapeuta familiar (UCSD) y especialista en ansiedad, estrés migratorio y vínculos afectivos. Esposa, mamá e inmigrante en Canadá. info@sadisvalencio.com
Redacción: Express News UK







