
Un prometedor comienzo, esa sería la síntesis de Alien: Romulus cinta de corte hollywoodense _Un grupo de jóvenes anclados en un deprimente planeta minero a años luz de la Tierra, que decide ir a una plataforma espacial vacía y a punto de estrellarse para quedarse con las cámaras criogénicas_ pierde fuelle en originalidad, y se pasa a un ir y venir por pasillos claustrofóbicos, lo que deja la idea de profundidad fuera de la ecuación narrativa y la expulsa al insondable espacio exterior.
Como en tantas otras producciones en la actualidad, se da prioridad a la variedad racial en los actores. Aquí, para rizar ‘el rizo’, la chica asiática se llama Navarro. También, siguiendo la línea inclusiva, resalta el personaje de Andy, interpretado por David Jonsson, que presenta claros rasgos autistas.
El aparente autismo no es banal, ya que es imprescindible para el desarrollo de la trama. El actor hace una buena interpretación, llena de matices y cambios inesperados. La joven protagonista, Cailee Spaeny, es una actriz con mucho talento -fue nominada para los Globos de Oro por Priscila- y tiene una presencia que la cámara adora.
Sin embargo, cuesta creérsela como heroína de acción (parece una Sigourney Weaver de juguete), por lo menuda que es y no ser muy atlética. Tampoco lo son los demás _al parecer_, los gimnasios estaban de huelga en su planeta.
Van al espacio a una estación espacial a la deriva sin los aparatosos trajes de astronauta, vestidos como cualquier día (algo así como en la magnífica Gattaca, pero informales), así que el grupo de jóvenes va al espacio con zapatillas de deporte gastadas y ropas desaliñadas; parece más bien que van a un botellón en el Bronx. Es de los pocos puntos originales de la historia.
Efectos y ambientación impactantes
El director uruguayo Fede Álvarez sobresale creando tensión y suspenso en muchos momentos. Pese a ello, hemos visto este tipo de escenas tantas veces que es difícil sorprenderse. No obstante, hay muchos aspectos positivos: el brío de la dirección, algunas ocurrencias de los personajes para salir de diferentes aprietos, los decorados, ambientación y todo el aspecto técnico.
Además, se agradece que se haya recurrido a modos tradicionales para muchos efectos especiales, en lugar del desabrido CGI y las pantallas verdes de la mayoría de películas de fantasía y ciencia ficción actuales. Se sienten los volúmenes, la presión de los escenarios y casi se puede palpar la sangre corrosiva de los alienígenas xenomorfos.
Hay que resaltar, la escena en que la estación espacial está rozando el anillo de rocas de un planeta parecido a Saturno. Es espectacular y de gran belleza.
El filme se aparta de los experimentos de Prometheus (2012) y Alien: Covenant (2017) y de la acción pura y dura de Aliens (1986) y Alien: Resurrección (1997) para centrarse en el terror espacial de Aliens (1979). Sigue el canon de la serie fielmente, pero le falta personalidad propia.
La cinta está llena de escenas y frases que recuerdan a todas las anteriores. Es un homenaje, más que un intento de renovar la historia de la franquicia. Un pastiche que usa como pegamento el ácido venoso del monstruo, lo que hace que sea una incógnita el cómo continuará la historia de una forma más original; porque seguro habrá secuelas, teniendo en cuenta su éxito en taquilla y porque, al final, lo que cuenta no son los alienígenas verdes, sino el verde de los millones de dólares.
Creditos
Albita Neira. Corresponsal en Paris – Francia, CEO de la Fundación Iberoamericana Mujer Mariposa. Contacto: @Albita_Mariposa
César Pastor Gamarra. Periodista y comunicador, además es analista político peruano, radicado en Londres; creador y director del portalwww.elperuchito.com
