En el corazón de la Amazonía Leticia, triple frontera, donde Colombia, Perú y Brasil entrelazan sus fronteras, la convergencia cultural y los anhelos compartidos contrastan con las tensiones políticas y los intereses ajenos al bienestar de sus habitantes. Este crisol de identidades, bañado por el río Amazonas, se enfrenta a desafíos donde la cooperación y las historias sean un motor de desarrollo humano.

En el extremo sur de Colombia, donde el río Amazonas se abre camino como una arteria inmensa que conecta tres países, se encuentra Leticia. Allí, en ese punto en que confluyen Colombia, Perú y Brasil, la triple frontera no es una línea en un mapa, sino un tejido vivo de culturas, acentos y sueños compartidos. Sin embargo, lo que debería ser un espacio de cooperación y desarrollo humano, a menudo, queda atrapado en el juego de intereses políticos y en las tensiones históricas, que poco o nada, tienen que ver con el bienestar de sus pueblos.
Para muchos peruanos, el nombre de Leticia despierta recuerdos complejos. La historia de la llamada: “Guerra colombo-peruana” de 1932–1933 y los tratados posteriores que sellaron la entrega de este territorio a Colombia son parte de una memoria nacional que todavía genera debate.
Más allá de la nostalgia o la herida histórica, lo cierto es que este pedazo de Amazonía sigue siendo vital para ambos países, no sólo por su ubicación estratégica, sino por lo que significa para el acceso al agua, el comercio fluvial y la preservación de la selva.
Amazonía Leticia triple frontera: más acciones y menos discurso

En el presente, Colombia atraviesa momentos políticos complejos, y el presidente Gustavo Petro ha mencionado en varias ocasiones la importancia de la Amazonía en la agenda internacional. No obstante, cuando los discursos de alto nivel se desconectan de la vida cotidiana en lugares como Leticia o la provincia peruana de Mariscal Ramón Castilla, el riesgo es que la gente de la selva siga quedando al margen de las decisiones que más la afectan.
Colombia, Perú y Brasil unidos en la selva
Por ello, en vez de usar la Amazonía como moneda política ya sea en negociaciones internacionales o como tema de distracción frente a problemas domésticos, los gobiernos deberían construir políticas conjuntas que prioricen el desarrollo humano, la salud, la educación y la cultura.
Porque Leticia no es sólo un puerto fluvial, es un laboratorio de convivencia. Allí, familias peruanas, colombianas y brasileñas cruzan las fronteras diariamente sin pasaporte, compartiendo mercados, fiestas patronales y equipos de fútbol improvisados.
La riqueza cultural en la Amazonía triple frontera
Los niños crecen hablando varias lenguas y jugando con tres monedas, y los pescadores conocen los ciclos del río mejor que cualquier experto extranjero. Ese patrimonio intangible es un recurso tan valioso como la propia selva, y sin embargo rara vez es parte de la agenda oficial.
El arte: el mejor canalizador motivo diplomático

Aquí es donde el arte, y en particular el cine, puede abrir un espacio distinto. Colombia tiene una tradición cinematográfica creciente en torno a su Amazonía, con películas como El abrazo de la serpiente de Ciro Guerra, que llevó al mundo una mirada íntima y profunda de la selva y sus pueblos.
Perú, por su parte, tiene creadores que también han explorado la Amazonía desde lo documental y lo narrativo, pero todavía falta un trabajo conjunto que permita contar historias binacionales, que reflejen las realidades y aspiraciones comunes.
Imaginemos una coproducción entre Perú y Colombia filmada íntegramente en Leticia y en la ribera peruana del Amazonas. Un proyecto que no sólo involucre a equipos técnicos y artísticos de ambos países, sino que forme a jóvenes de la región en oficios cinematográficos, que contrate servicios locales, que filme con respeto por el medio ambiente y que ponga a la Amazonía como protagonista, y no como telón de fondo exótico. Ese sería un acto de diplomacia cultural mucho más poderoso que cualquier cumbre internacional.
Pero para que algo así suceda, hay que cambiar el enfoque. La Amazonía Leticia triple frontera no puede seguir siendo vista sólo como un “recurso” o como un “pulmón del mundo” al que se le rinden homenajes simbólicos mientras se permite la deforestación y se ignoran las necesidades básicas de sus habitantes. El agua, la tierra y el conocimiento ancestral de los pueblos amazónicos son bienes comunes que no reconocen fronteras y que deben ser administrados con visión de largo plazo.
Trabajar por un futuro más allá de la retórica

La paradoja es que, en un mundo cada vez más consciente de la crisis climática, los países amazónicos siguen atrapados en disputas cortoplacistas. Lo mismo podría decirse de los conflictos en otras latitudes, donde intereses geopolíticos terminan definiendo el destino de territorios y poblaciones enteras. La historia nos ha enseñado que cuando las decisiones se toman lejos de los lugares que serán afectados, las consecuencias rara vez favorecen a quienes viven allí.
Frente a este panorama, mi invitación es a dejar de ser cómplices del silencio. Desde el periodismo, desde el arte y desde cualquier espacio de influencia, debemos poner en el centro la voz de las comunidades amazónicas. No para romantizarlas, sino para reconocer su papel en la construcción de un futuro sostenible y justo.

Leticia, con su triple frontera y su mezcla de culturas, podría ser un símbolo de cooperación latinoamericana en el siglo XXI. Podría ser el lugar donde se muestren al mundo no sólo los retos de la selva, sino también sus soluciones, nacidas desde adentro. El cine puede ayudar a contar esa historia y la política, si se lo propone, puede ayudar a escribirla.
Porque en el fondo, lo que está en juego no es sólo un territorio ni un puerto, sino la posibilidad de que los pueblos de la Amazonía más allá de banderas tengan un presente digno y un futuro que no dependa de negociaciones ajenas a su realidad.
Autor: Gustavo Portugal. Productor de cine y promotor del cine latinoamericano en el Reino Unido y Europa. Email: gusportugal@aol.co.uk
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