
En 2019, cuando aún la Reina Isabel II ejercía como máxima autoridad de la corona inglesa, dirigió uno de los banquetes más sonados de los realizados a lo largo de su reinado, con motivo de la visita de Estado, de tres días, A Reino Unido, del entonces, presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Trump se encontraba, aproximadamente en la mitad de su primer gobierno (2017-2021) y la Reina Isabel II ofreció un banquete en el palacio de Buckingham. Como era de esperar, hubo mucha atención mediática en torno al evento. Durante la cena, el presidente Trump se sentó entre la Reina Madre y su predecesor, el príncipe Carlos ―hoy Rey― y la esposa del mandatario norteamericano, Melania Trump, al otro lado del príncipe.

Entretanto, el príncipe William y la duquesa de Cambridge se sentaron a ambos extremos de la parte superior de la mesa en forma de herradura, que estaba decorada con enormes ramos de flores, fruta de temporada y más de 100 velas de color marfil.
Tras los discursos, en los que Trump brindó por «la amistad eterna de nuestros pueblos», los invitados degustaron una suntuosa cena de cuatro platos. El entrante fue un filete de fletán al vapor con mousse de berros, seguido de una silla de montar de cordero Windsor de nueva temporada como plato principal. El postre fue sable de fresa con crema de verbena de limón, terminado con frutas frescas variadas, café y petit fours. Y como acompañante se sirvió un espumoso inglés Windsor Great Park de 2014 y un Chateau Lafite Rothschild de 1990.
Sin lugar a dudas, una suntuosa, impactante y monumental cena, para un dignatario que hoy tiene a la Tierra al borde de una recesión mundial, por las decisiones que, desde el inicio de su segundo mandato (2025 – 2029) ha puesto en práctica, enfrentándose casi con todos los países más poderosos del mundo, a través de una serie de medidas económicas y de negociación internacional, más que polémicas.
