Barcelona y sus contrastes: entre el fervor nacionalista y el legado inmortal de Gaudí

Barcelona contrastes desde la panorámica del Parque Güell. Barcelona contrastes desde la panorámica del Parque Güell.
El Parque Güell ofrece una de las vistas más emblemáticas de Barcelona, entre naturaleza, color y arquitectura.

Barcelona y sus contrastes es el hilo conductor de esta crónica que recorre una ciudad vibrante donde conviven la diversidad multicultural, el fervor independentista y la huella artística de Gaudí. Entre plazas monumentales, barrios históricos y edificios icónicos, la capital catalana se revela como un territorio donde las identidades se encuentran y dialogan en un paisaje urbano único.

Barcelona contrastes en su llegada: primeras impresiones

Mi primera vez en la ciudad que lo tiene todo: mar, modernidad, arquitectura única y antigua, clima envidiable y buena comida. Sin embargo, tras años de tensiones independentistas en Cataluña, no sabía si la ciudad me daría un abrazo o un puñetazo.

Barcelona contrastes en la fachada ondulante de La Pedrera.
La Pedrera refleja el sello orgánico y naturalista de Gaudí en pleno Eixample barcelonés.

Bajé del autobús en Plaza de España con temor, ya que me imaginaba que un lugar en Cataluña con un nombre tan castizo sería un campo minado. Es la segunda plaza más grande del país, más grande para mas inri para los independentistas, que la Plaza de Cataluña, otro de los puntos neurálgicos de la ciudad. Como si de un chiste arquitectónico se tratara, allí sobresale una antigua plaza de toros reconvertida en centro comercial, en un acto de metamorfosis de lo más típico y vergonzoso español en algo sofisticado y moderno. Presidiendo la plaza, se alzan las Torres Venecianas, construidas para la Exposición Universal de 1929.

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Paseando por las Ramblas, la calle más famosa de Barcelona, esperaba una riada de gente, como en Oxford Street de Londres o la gran Vía de Madrid. Sin embargo, el ritmo pausado de los transeúntes hacía que las aguas invisibles de esta rambla fueran las de un jacuzzi. Flanqueada por innumerables tiendas y restaurantes, en el centro de esta ancha vía, hay una zona peatonal rodeada de coches en ambos lados.

Aquí resalta otra de las características de esta urbe, su multiculturalidad: asiáticos, africanos, latinoamericanos y europeos (tanto turistas como población local) se funden en las aguas humanas que inundan la Rambla, otro contraste con el localismo y exclusivismo del que los nacionalismos identitarios hacen gala.

Un recorrido por un mágico mundo, casi irreal

Al final de las Ramblas, mástiles de barcos recuerdan que esta ciudad también tiene mar y playa. Una vista que sienta como agua bendita tras la larga caminata. Entre el mar y La Rambla se yergue el monumento a Colón, imponente escultura de bronce sobre una columna dórica. Parece puesto ahí con sarcasmo: Colón está con el brazo extendido apuntando con su dedo al Nuevo Mundo; también, en la base, aparecen inscritos los nombres de la Reina Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, como si el marino estuviera metiendo el dedo en el ojo al independentismo catalán más furibundo, como si dijera: “este es el comienzo de la globalización de Castilla”.

Barcelona contrastes en el Monumento a Colón iluminado.
El Monumento a Colón marca el punto donde La Rambla se encuentra con el mar y simboliza uno de los contrastes históricos de Barcelona.

Cuesta imaginarse a Barcelona antes del arquitecto Antonio Gaudí. Su iconografía lo impregna y da personalidad a casi todo: camisetas en tiendas de souvenirs, pinturas en puestos en la calle, y, sobre todo, con su obra arquitectónica. La formas sinuosas de las fachadas de sus edificios, con inspiración en la naturaleza, parecen cobrar vida e insuflar de vitalidad y belleza a la ciudad catalana.

Gaudí es como una marca registrada, con denominación de origen, que ha pasado a encumbrarse  como el icono por antonomasia de Barcelona. La Casa Batlló, con su fachada con formas sinuosas y llena de múltiples colores en aparente caos, formando un todo que conecta un edificio urbano con la naturaleza, como el hogar en alguna tierra de hadas y elfos, en un paisaje de vegetación con aspecto acuático.

En la misma calle está La Pedrera (Casa Milà), que también tiene su fachada llena de formas que parecen alérgicas a la línea recta, contorneándose; parece sacada de la ciudad jordana de Petra. El  Parque Güell, un enorme parque diseñado con las señas de identidad del arquitecto: los caminos se convierten en ríos y las columnas en árboles. Está lleno de estructuras y edificios que parecen sacados de un cuento, una suerte de miniciudad en constante ondulación bailando al ritmo de la Madre Naturaleza.

Contrastes de Barcelona: Ferviente independentista

En el Barrio de Gràcia, donde la cultura alternativa y la bohemia reinan, uno esperaría toparse con el mismísimo Moulin Rouge. Una inscripción enorme en una pared pidiendo una república catalana recuerda que este barrio es uno de los epicentros independentistas en la ciudad. El amigo que me llevó ferviente independentista, me miró con emoción.

El nacionalismo que puede ser contagioso, sobre todo, rodeado de mensajes y símbolos en las calles que actúan como cócteles Molotov, contra el subconsciente de los que pensamos que todo nacionalismo tiende a buscar la división y la diferencia con el otro, me dio ganas, por momentos, de entrar a un local para tatuarme la estelada (la bandera catalana independentista) en el pecho. 

En un pub de esa zona, arriesgué a decir alguna frase en catalán a quien me sirvió. A pesar de que esa mujer me hubiera entendido igual, si le hubiera hablado en castellano, su cara se iluminó con una sonrisa inesperada; me miró como diciendo “bienvenido a la tribu; ahora eres de los nuestros”.

Barcelona contrastes en la catedral del Barrio Gótico.
El Barrio Gótico conserva el legado medieval de la ciudad en un entramado histórico único.

En el Barrio Gótico, la zona más antigua de la ciudad, se yergue la majestuosa catedral gótica (siglo XIV). Está rodeada por un laberinto de calles sinuosas y medievales; destaca la Calle del Obispo, donde sobresale el Puente del Obispo, de estilo neogótico (1928). También cerca hay una muralla romana, ya que el barrio se ubica sobre un asentamiento de la antigua Roma.

Al otro lado de las ramblas está el otro barrio histórico, El Raval, el más multicultural. Durante el siglo XIX el crimen, la prostitución y las apuestas florecían. Sin embargo, hoy en día esa fama se ha diluido por las muchas actividades culturales y oferta de ocio. Aquí está el bar más antiguo de la ciudad, Bar Marsella, que era el favorito de bohemios y artistas como Picasso y Gaudí.

Dentro, el tiempo parece congelado a principios del siglo XX: la decoración, botellas e incluso el techo desconchado siguen igual. En el sitio es típica una bebida alcohólica, la absenta, que tiene tal graduación que es lo más parecido a beber una copa de dinamita líquida.

La Sagrada Familia, la joya de la corona

Subiendo en coche la montaña del Tibidabo, en la sierra de Colserolla, está la vista más espectacular de Barcelona. Así como los astronautas suelen decir que desde el espacio no se distinguen las naciones, sino la humanidad en un todo, yo veía los diferentes barrios unos más españolistas, otros más independentistas; unos más tradicionales, otros más cosmopolitas; unos afluentes, otros humildes, como un todo; como un Yin y Yang que fluían en armonía en una ciudad vibrante y bella.

En la cima está el parque de atracciones más antiguo de España (1901) y uno de los más antiguos del mundo. Al lado está el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón, de estilo historicista, cuya conexión con la transcendencia y lo Eterno, contrasta con el divertimento efímero y moderno de las atracciones de feria.

Me percaté de que era mi último día en la ciudad y aún no había visto La Sagrada Familia de cerca, la joya de la corona de la ciudad, la fiel muestra de Barcelona y sus contrastes donde muchos quieren vivir en una república. Es como querer leer toda la obra de Cervantes y olvidarse de El Quijote. La basílica es una mezcla de estilos, neogótico, art déco, modernista y ese peculiar estilo de Gaudí imitando la naturaleza. Aún está en construcción después de más de 140 años, como aún lo está esa doble identidad social en esta ciudad (españolistas/independentistas). Al darme la vuelta y ver a mi amigo independentista me di cuenta de que no importaba no ver la Sagrada Familia de cerca, si es por estar con esa otra familia que son los amigos.

Autor: Alejandro Mulero. alejandromulero.com

Redacción: Express News UK

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