El delirio imperial de Trump volvió al centro del debate internacional tras la renovada intención de Washington de adquirir Groenlandia, una propuesta que provocó rechazo en el Foro Económico Mundial de Davos y reabrió la discusión sobre soberanía, autodeterminación y poder en el siglo XXI.
El Foro Económico Mundial de Davos, tradicionalmente el epicentro del globalismo tecnocrático, ha sido este año el escenario de un choque de civilizaciones políticas. Mientras la élite financiera discute la descarbonización y la inteligencia artificial, la renovada intención de Donald Trump de adquirir Groenlandia ha caído como un proyectil de plomo sobre la nieve suiza.
No estamos ante un simple capricho inmobiliario de un magnate convertido en presidente; estamos ante la manifestación más cruda de un nacionalismo regresivo que pretende resucitar el imperialismo del siglo XIX en pleno corazón del siglo XXI.
La propuesta de Washington de «comprar» una nación autónoma bajo el Reino de Dinamarca no es solo una ofensa diplomática; es una agresión directa al concepto moderno de autodeterminación.
Al tratar a Groenlandia como un activo estratégico, codiciado por sus tierras raras y su posición privilegiada ante el deshielo del Ártico, la administración Trump ignora que los territorios no son mercancías y que los pueblos no son accesorios incluidos en la escritura de un terreno.Este «falso liderazgo mundial» no busca guiar a través de la cooperación, sino dominar a través del talonario y la presión geopolítica.
Trump irrumpe en Davos
La reacción en Davos ha sido de un rechazo casi unánime, liderado por una Unión Europea que, por fin, parece entender que su relevancia depende de la defensa de sus valores fundacionales.
La posición de Bruselas ha sido tajante: la soberanía europea no está a la venta. Dinamarca, respaldada por el bloque comunitario, ha recordado que el Ártico debe ser una zona de paz y cooperación científica, no el tablero de un Monopoly estratégico donde las potencias juegan a repartirse el mundo sin consultar a sus habitantes.
Este episodio desnuda la hipocresía de un nacionalismo que, bajo el lema de la «soberanía nacional», no duda en pisotear la soberanía de los demás. La autodeterminación es el pilar sobre el cual se construyó el orden internacional tras las cenizas de la Segunda Guerra Mundial.
Si permitimos que el poder económico o militar dicte las fronteras en función de la conveniencia de los recursos naturales, estaremos regresando a la era de los imperios coloniales, donde el derecho internacional era reemplazado por la ley del más fuerte.
Groenlandia frente al delirio imperial de Trump
Groenlandia no es una pieza de ajedrez, es una sociedad con identidad, voz y derechos. El mundo en 2026 no puede permitirse liderazgos que confundan la visión estratégica con el expansionismo territorial.
La Unión Europea debe mantenerse firme como el último baluarte del multilateralismo, recordando a Washington —y a cualquier otra potencia con tentaciones imperiales— que el futuro del planeta se negocia en mesas de diálogo, no se impone mediante ofertas de compra que desprecian la dignidad de las naciones.
Redacción: Express News UK







