El desconcierto de los pacientes ante las instrucciones de los medicamentos

Aunque no parezca, los folletos que acompañan los frascos y cajas de los medicamentos tienen muchas desventajas como el tamaño de sus letras, los idiomas y las confusas indicaciones con conceptos difíciles de entender, dejando de lado lo verdaderamente importante, que es su aporte en los tratamientos y mejoría de los pacientes.  

¿Antes de tomar una medicina, cuántas personas tienen tiempo o deseos de leer las indicaciones de los folletos que se incluyen en los envases? No muchas, según una investigación reciente dirigida por la Red Académica de Ciencias de la Salud, de Kent Surrey Sussex (KSS AHSN) y citada por la publicación en línea Pharmaphorum.

Esto indica que menos de la mitad (47 %) de los encuestados en Inglaterra no han ni siquiera consultado el ‘Prospecto de Información al Paciente’ (PIL) que, como exige la MHRA (Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios), debe acompañar a todo lo que su médico le haya recetado. En cambio, alrededor de 77 % acuden a fuentes de Internet como Google y las redes sociales para comprender su tratamiento.

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Por tanto, es evidente, declara Pharmaphorum, que estos fabricantes deben reconsiderar exactamente cómo proporcionan los detalles de sus productos. La MHRA estipula que un PIL debe ser legible y fácil de entender, incluir instrucciones sobre el uso de manera segura y advertencias legales sobre posibles riesgos, con cualquier medicamento.

El Pharmaceutical Journal reconoce que, en cambio, una gran proporción del público los ve principalmente como “pedazos de papel arrugados con letras muy pequeñas y texto ininteligibles y aterradores, lo que en parte, podría explica por qué les prestan tan poca atención”.

Por qué no se leen las instrucciones de los medicamentos

La otra razón, como señaló a la BBC el profesor Sir John Tooke, director de la Escuela de Ciencias Médicas y de la Vida del University College de Londres, es que se centran demasiado en los posibles efectos secundarios de los medicamentos y no lo suficientemente en sus beneficios. La probabilidad de que se produzca una reacción adversa, declara Tooke, rara vez se explica pero, a menudo, se representa esto simplemente como “contingente” o “potencialmente grave”.

Él enfatiza que no están escritos desde la perspectiva del consumidor, y por lo tanto, inevitablemente hacen que las personas se sientan innecesariamente incomodas y ansiosas de consumir sus dosis, que puede ser la razón por la que más del 50 % no continúa tomando las medicinas que sus doctores les han dicho son necesarias.

Sin embargo, no se trata de un problema exclusivo de Europa o Estados Unidos. El sitio web sudafricano Actualizacion MP crítica con franqueza una situación en la que los pacientes se enfrentan a un lenguaje excesivamente técnico, acrónimos opacos, párrafos largos, tamaños diminutos de letras y estadísticas confusas.

Además, la mayoría de las personas, cuando están enfermas no poseen la energía o la  concentración para descifrar la densa jerga médica. “Casi parece que la intención de estos documentos escritos por compañías farmacéuticas es oscurecer en lugar de aclarar”.

Folletos digitales a la mano

Según el Pharmaceutical Journal, la solución obvia es reformular los folletos con un mejor diseño y presentación para facilitar la lectura y considerar la utilización de “opciones electrónicas”.

Por su parte, Simon Zedlewski, director de contenidos de datapharm.com, está convencido de que ahora se debería adoptar un “verdadero enfoque digital”, sobre todo porque beneficiaría al medio ambiente, al eliminar la necesidad de prospectos físicos.

En la actualidad, observa, todos los envases de medicamentos contienen una explicación en papel, lo que significa que hay más de 100 mil millones de ellos en circulación a nivel mundial cada año, lo que equivale a unos 9 millones de árboles o a energía bastante para abastecer a 50 mil hogares durante 12 meses.

El 10 de enero, Jade Williams, colaboradora de la Revista Médica Europea (EMJ), informó que se están llevando a cabo importantes cambios en la Unión Europea (UE) para que los PILs sean más accesibles, sostenibles y eficientes, con el fin de garantizar que los remedios se utilicen correctamente.

Se propone que la transición a los ‘ePIs’ (folletos electrónicos de información) esté plenamente operativa en los cuatro años siguientes a la entrada en vigor de la propuesta Ley General Farmacéutica Revisada. El objetivo es eliminar progresivamente los panfletos de papel.

Casi ningunas guías se ven útiles

No obstante, no son sólo los PILs que muchos británicos consideran tediosos y que no merecen ser consultados. El 8 de agosto pasado, los corresponsales técnicos de la BBC Michael Dempsey y Will Smale preguntaron si la mayoría de los consumidores de hoy en día se molestan en mirar el manual de instrucciones cuando compran un nuevo dispositivo electrónico. Para uno de cada cinco residentes del Reino Unido, concluyeron, la respuesta es un “no rotundo”.

Pero por supuesto, esto tiene consecuencias. El 13 de enero de 2025, la periodista del Daily Mail, Lucy Brimble reveló que casi la mitad de los 2000 adultos cuestionados en Gran Bretaña no saben cómo manejar sus electrodomésticos. Para el 28 %, la lavadora es el aparato que más les desconcierta, por lo que el 47 % escoge siempre, el mismo programa de lavado, y el 21 % tiene problemas para entender los ajustes del temporizador del horno.

El proceso de descalcificación de la cafetera, el sistema de limpieza del filtro de la aspiradora, la secadora y el lavavajillas también son motivo de considerable preocupación. El temor es que un mal uso de los mismos provoque daños importantes y deje inoperantes dichos electrodomésticos de forma permanente o provoquen algún accidente que afecte a los usuarios.

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