Fuerzas Armadas de Venezuela: ¿lealtad, fracturas o rol decisivo en la transición política?

Fuerzas Armadas de Venezuela marchan en formación durante un desfile militar oficial. Fuerzas Armadas de Venezuela marchan en formación durante un desfile militar oficial.
Las Fuerzas Armadas de Venezuela, actor clave en el escenario político tras la salida de Nicolás Maduro.

Las Fuerzas Armadas de Venezuela se han convertido en el actor decisivo del país tras la captura y extracción de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, lo que ha dejado un vacío de poder sin precedentes en Venezuela. En ese escenario de incertidumbre, las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas emergen como el actor clave para definir si el país transita hacia una salida democrática, una reconfiguración autoritaria o un periodo de inestabilidad y conflicto interno.

Fuerzas Armadas de Venezuela: el poder que define el rumbo

La operación militar estadounidense de este 3 de enero que culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores ha puesto en el centro del debate al poder castrense venezolano.

La actuación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), hace décadas el pilar de la continuidad del chavismo, es ahora el elemento más importante para determinar si Venezuela transitará hacia la estabilidad, fragmentación o conflicto.

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Pero ¿quiénes son y cómo se organizaron las FANB?

Históricamente, las FANB han sido el sostén institucional del chavismo y del régimen de Maduro, integrándose en múltiples estructuras de poder que combinan política y militares.

El ministro de Defensa y figuras como Diosdado Cabello, poderosos tanto en el mando político como militar, han articulado años de lealtad institucional con intereses compartidos en puestos estratégicos del Estado.

La FANB está compuesta por el Ejército, la Armada, la Aviación, la Guardia Nacional y la Milicia Bolivariana, esta última utilizada como un cuerpo de reserva social-política. Su estructura se ha entrelazado con cuerpos de seguridad y servicios de inteligencia, lo que ha creado un entramado de poder complejo y difícil de separar del régimen político anterior.

La caída del liderazgo político no implica automáticamente la ruptura del poder militar que sostuvo al chavismo durante más de dos décadas.

Antes de la operación estadounidense, la cúpula militar había reiterado su apoyo absoluto a Maduro como comandante en jefe. Declaraciones institucionales enfatizaban que su lealtad era irrevocable y que actuarían “en perfecta unión cívico-militar” para preservar la estabilidad y el orden interno.

Pero la captura y salida de Maduro, junto con la ausencia de un liderazgo claro, pone en cuestión ese supuesto apoyo inquebrantable. Aunque la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, intenta encarnar la continuidad del Estado, la auténtica autoridad en las FANB no siempre ha sido completamente homogénea, y los intereses personales, financieros y de supervivencia institucional pesan tanto como la fidelidad política.

Fracturas internas en las Fuerzas Armadas de Venezuela

Diversos informes previos a la captura señalaban que, aunque la alta jerarquía militar publicitaba lealtad absoluta, la realidad interna es más frágil. En contextos similares en Venezuela, numerosos militares han actuado según sus propios intereses, buscando preservar cargos, privilegios o tratos económicos más que compromisos ideológicos incluso con expresiones de corrupción que los benefician.

Además, la desprofesionalización de ciertos segmentos de la FANB, con décadas de clientelismo y escasos incentivos institucionales, profundiza la posibilidad de que, ante la caída del principal eje de poder, sectores enteros opten por proteger sus propios intereses en lugar de seguir una línea política rígida.

Esto es relevante porque un ejército más centrado en su supervivencia que en la causa del régimen genera condiciones para cambios de lealtad o negociaciones internas.

Si sectores significativos de la FANB deciden aceptar una salida pactada o facilitada por instancias internacionales y líderes civiles opositores, la transición podría llevarse a cabo con relativa calma. El respaldo de altos mandos a reformas constitucionales y procesos electorales libres sería clave para evitar violencia generalizada.

Este escenario requeriría además incentivos políticos y garantías de seguridad para los mandos, así como presión internacional coordinada que favorezca una transición con consenso militar.

Fuentes periodísticas informan que un alto miembro de la cúpula militar habría suministrado la ubicación exacta de Maduro y su esposa al Gobierno de EE. UU.

Si la FANB logra reconfigurarse alrededor de nuevos liderazgos que rechacen el cambio impuesto desde fuera, por ejemplo, figuras como Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello o mandos afines, se corre el riesgo de una resistencia armada o bloqueos políticos que prolonguen el statu quo en un formato distinto.

Aunque la operación de captura eliminó al principal líder del chavismo, esto no implica automáticamente que toda la cadena de mando militar esté dispuesta a apoyar una transición democrática o a desmantelar estructuras de poder arraigadas.

Un Escenario de fragmentación y conflicto interno

En el peor de los casos, la ausencia de un liderazgo central unido y la combinación de intereses diversos dentro de la FANB pueden provocar rupturas internas, con facciones enfrentadas que busquen negociar con distintas fuerzas políticas o externas. Esta fractura podría desencadenar enfrentamientos entre unidades de la FANB, milicias y cuerpos de seguridad adyacentes, generando inestabilidad prolongada y riesgo de violencia generalizada.

La FANB también ha sido un actor moldeado por alianzas internacionales. La cooperación militar con países como Rusia y Cuba, presencia de sistemas de defensa y entrenamiento compartido han fortalecido ciertos mandos, al mismo tiempo que complican cualquier intento de reconfiguración institucional sin consideraciones geopolíticas.

CIFRA CLAVE

Más de 2.300 generales y almirantes han sido promovidos en las Fuerzas Armadas de Venezuela desde 1999, una cifra sin precedentes en América Latina y clave para entender la compleja red de lealtades internas.

En un escenario post-Maduro, la influencia de aliados tradicionales puede ser doble filo: ofrecer estabilidad a través del respaldo político y material, pero también bloquear decisiones internas que busquen cortar con la línea del antiguo régimen.

La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores coloca a las Fuerzas Armadas venezolanas en un punto decisivo. Aunque formalmente se habla de estabilidad y apoyo al Estado, la lealtad que antes se proyectaba como monolítica está ahora bajo prueba. Los intereses personales y la supervivencia institucional pueden motivar tanto alineamientos a favor de una transición negociada como resistencias o fracturas internas que obstaculicen el camino hacia una estabilidad política duradera.

El desarrollo de los próximos días y semanas será crucial para definir si las FANB se convierten en el guardián de una transición pacífica y ordenada o en el protagonista de una nueva fase de conflicto e incertidumbre en Venezuela.

Autor: Fausto Arciniegas López

Editor general – Express News

Redacción: Express News UK

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