Inflación mundial por la guerra marca el nuevo escenario económico tras la escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ya sacude los mercados globales, eleva los precios energéticos y amenaza la recuperación económica. El conflicto, impulsado por el presidente Donald Trump y el primer ministro Benjamin Netanyahu, ha encendido las alarmas en organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que advierte efectos directos en inflación, crecimiento y comercio internacional.
Inflación mundial por la guerra dispara petróleo y gas
La ofensiva militar estadounidense e israelí contra Irán ha creado un nuevo foco de incertidumbre económica mundial, con consecuencias que van más allá del terreno bélico. Lo que comenzó como una operación limitada se ha convertido en un conflicto con potencial para afectar cadenas de suministro globales, precios de materias primas y expectativas económicas.
Este tipo de conflictos en regiones clave para la producción de petróleo y gas tienden a crear lo que los economistas denominan un “choque de oferta”: una caída en la disponibilidad de insumos energéticos que eleva los precios al consumidor y al productor.
El estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca del 20% del crudo mundial, es clave para entender ese riesgo. Una interrupción prolongada en ese corredor, ya observado por analistas de energía, puede desestabilizar los mercados y empujar aún más al alza los precios de la energía.
Inflación mundial por la guerra, precios energéticos al alza y mercados en alerta
El impacto ya se siente. Según datos recientes, el precio del petróleo superó los 100 dólares por barril, el nivel más alto desde 2022, cuando la guerra en Ucrania provocó una oleada de inflación global.
El gas natural también ha experimentado subidas de dos dígitos en cuestión de días, mientras las bolsas europeas y asiáticas han registrado fuertes pérdidas vinculadas a las tensiones presentes.
Estas oscilaciones tienen efectos concretos en los hogares: el coste de la electricidad, el transporte y la gasolina ha subido, y la subida de precios de fertilizantes y combustibles ya está presionando los costos de alimentos y materias primas agrícolas.
El ministro de Economía español describió la situación como una “realidad tangible” que ya empieza a sentirse en los bolsillos de los ciudadanos, aunque avanzó medidas para proteger a hogares y empresas.
La advertencia del FMI: “lo impensable”
Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), lanzó una advertencia histórica: “piensen en lo impensable y prepárense para ello”, un mensaje que refleja la complejidad e imprevisibilidad de este nuevo choque económico.
El FMI recuerda que una subida persistente del 10% del precio del petróleo a lo largo de un año puede aumentar la inflación mundial en hasta 40 puntos básicos, al tiempo que frena el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).
Esa combinación, mayores precios al consumidor y menor crecimiento económico, es exactamente lo que los expertos temen, y que podría forzar a bancos centrales a retrasar recortes de tasas o incluso reconsiderar políticas monetarias en países desarrollados.
No sólo es el combustible. Los seguros comerciales, fletes marítimos y rutas de transporte se han encarecido y entorpecido en las últimas semanas, lo que presiona aún más los precios finales de bienes importados.
El bloqueo o interrupción parcial de rutas como Ormuz afecta no solo al petróleo, sino también al gas licuado, productos manufacturados y bienes agrícolas, generando cuellos de botella que podrían redundar en escasez temporal o, en el peor de los escenarios, precios más altos para bienes cotidianos.
La inflación mundial importada por la guerra
La economía global aún no se ha recuperado plenamente de los efectos inflacionarios que siguieron a la pandemia y al conflicto en Europa del Este. Un nuevo choque de oferta ligado a la energía puede traducirse no solo en mayores costos de combustible, sino también en un aumento generalizado de precios en sectores claves como alimentos y transporte.
Más aún, si el conflicto persiste y se intensifica, las proyecciones económicas globales, que ya eran moderadas, pueden deteriorarse aún más, con efectos negativos tanto en países desarrollados como en economías emergentes dependientes de importaciones energéticas.
El riesgo no es únicamente económico. Los incrementos en la inflación golpean con fuerza los presupuestos familiares y pueden generar tensiones sociales, especialmente en aquellos países donde los salarios no han acompañado el ritmo de los precios.
Los gobiernos ya están evaluando medidas para amortiguar el impacto: subsidios energéticos, controles de precios y apoyo fiscal para sectores más vulnerables, aunque estos esquemas podrían agravar déficits públicos y complicar aún más la política económica.
La advertencia de “prepararse para lo impensable” encapsula la incertidumbre que enfrentan gobiernos, bancos centrales y familias. Aunque no se espera una crisis global del tamaño de la experimentada tras la invasión de Ucrania en 2022, los riesgos económicos e inflacionarios están nuevamente sobre la mesa y podrían condenar a millones a enfrentar mayores costos de vida y menor crecimiento económico durante los próximos meses.
Redacción: Express News UK







