
La juventud puede ser la época más saludable y divertida, pero a la vez, es aquella en la que se empieza a forma la personalidad por lo que es primordial, como padres, estar atentos a las señales, pues es aquí, donde pueden formarse algunas enfermedades mentales.
En el desarrollo evolutivo del ser humano hay dos momentos clave: la primera infancia que corresponde a los siete años de vida desde el día a cero hasta esa edad. En esta etapa es primordial el contacto emotivo de los padres con sus hijos, ese cariño, cuidado y protección son claves para desarrollar fortalezas como la autoestima. El otro momento es la adolescencia, que supone la adquisición de una identidad personal y social.
Así lo explica el doctor español Enrique Echeburúa, psicólogo clínico, quien habla del tema en el diario El País, destacando que es en la adolescencia que la persona empieza a crear un estilo de vida propio, y a dotarse de un sistema de valores. Además, es en esta etapa que resulta fundamental la aceptación por el grupo de pares, la imagen corporal y el éxito social, aspectos que modulan la autoestima de los jóvenes. Las razones pueden ser diversas. A un nivel neurológico, los lóbulos frontales tienen como función regular la planificación y toma de decisiones, la consolidación de la conciencia moral y el control de las emociones. Pero esa corteza prefrontal solo se termina de desarrollar entre los 18-25 años. Por ello, los adolescentes pueden tener más dificultades para encausar la impulsividad y la atracción por el riesgo, así como para regular el autocontrol y aprender a posponer la gratificación inmediata

Una transición de máxima atención
Es en la adolescencia que aparecen las tormentas emocionales y los cambios de humor tan típicos de la etapa evolutiva. Y a nivel hormonal, el paso de la infancia a la edad adulta implica una transformación de la imagen corporal, más acentuada en las niñas por los estereotipos de género, y un desarrollo de la sexualidad, que implica una asunción de la identidad y orientación sexual.
Los cambios físicos van en paralelo comúnmente con el despegue de la familia, la creación de grupos de amigos, la mayor o menor integración en la escuela, el acceso a internet y las redes sociales, las primeras relaciones sexuales e incluso, el consumo de alcohol o drogas.
Pero, ¿qué hacer? Es primordial que esos años estén soportados por una evolución saludable de la adolescencia con el acompañamiento de la familia, el apoyo social de las amistades y la obtención de las metas propuestas a nivel escolar, deportivo y la práctica voluntaria de aficiones.
Cambios de estado

Los trastornos de ansiedad y la depresión, más frecuentes también en las jóvenes, surgen en la adolescencia como reacción a la sensación general de incertidumbre ante el futuro y a las exigencias de un entorno muy competitivo. Con este desánimo y con la impulsividad propia de la edad, las ideas suicida habitualmente no letales, aumentan de forma considerable en los adolescentes, sin ignorar el riesgo de suicidios consumados —más frecuentes en varones—.
En el caso de las adicciones que son mayores en los chicos. La sobreexposición a las pantallas puede generar consecuencias negativas: adicción a las redes sociales, a las apuestas online o a los videojuegos, o su mal uso, como el ciberacoso, la pornografía violenta o machista, problemas de atención por la multitarea; tendencias exhibicionistas o, lo que es más grave, perder la intimidad. A su vez, el consumo temprano de alcohol y drogas propiciado por la desinhibición y la apertura al ocio nocturno, o la iniciación a la vida adulta.
Tampoco se puede ignorar la soledad no deseada en adolescentes de ambos sexos. En España, según el último barómetro de la Fundación ONCE (2024), el 34,6 % de los jóvenes entre 18 y 24 años dice sufrirla de algún modo. Ellos, además de sentirse solos cuando están sin compañía, lo hacen si carecen de conexión emocional y afectiva con quienes los rodean, por eso se refugian en las redes sociales. Por todo lo anterior, hay que estar atentos a ciertas señales de alarma de los síntomas o actitudes citados por el psicólogo Echeburúa, en esta nota.
Factores de riesgo
Los adolescentes que ven interferido su equilibrio emocional por la existencia de abusos sexuales intrafamiliares, de los que un 10-15 % de menores han sido víctimas. Por el acoso escolar o por un uso excesivo o inadecuado de las pantallas están en riesgo d guardar eso en su mente y, que en luego se despierte o genere alguna anomalía.
A su vez, hay una exigencia en la adolescencia de ser populares, que no es fácil de conseguir. Las redes sociales como Tiktok e Instagram ponen un estándar muy alto que resulta desalentador para quien no entra en esos estereotipos. Los adolescentes, sobre todo quienes han crecido en un entorno de sobreprotección y no han aprendido a hacer frente a las contrariedades de la vida, son muy sensibles al rechazo social y les importa demasiado como los ven los demás.
