
El Reino Unido enfrenta una situación crítica en sus fuentes hídricas: los niveles de los ríos han caído drásticamente tras una primavera anormalmente seca, la peor desde 1961 en Inglaterra. Según el Centro de Ecología e Hidrología (CEH), las próximas semanas serán clave para determinar si el país entra oficialmente en sequía.
La escasez de lluvia ha golpeado sobre todo al norte del país, donde se ha registrado el inicio de año más seco en casi un siglo. Sólo el suroeste de Inglaterra y el sur de Gales presentan niveles de agua normales. El resto de las regiones están en riesgo de ver aún más reducción en sus recursos hídricos.
La Agencia de Medio Ambiente ha emitido una alerta de “riesgo medio” de sequía. Si bien aún no se ha declarado formalmente, el impacto ya se nota. Agricultores como Nick Deane, en Norfolk, se han visto forzados a regar sus cultivos desde marzo, mucho antes de lo habitual, y a decidir con cuidado qué parcelas pueden salvar.
La sequía no solo amenaza la agricultura, también plantea posibles restricciones de agua para hogares y empresas. El Grupo Nacional de Sequía, liderado por el gobierno, vigila la situación de cerca para activar protocolos en caso de que la emergencia se agrave.
Además, los incendios forestales ya han afectado más terreno en lo que va del año que en cualquier otro año completo registrado. La última gran sequía ocurrió en el verano de 2022, que fue uno de los más secos y calurosos de las últimas décadas. La tendencia actual podría replicar —o superar— ese escenario si no cambian las condiciones climáticas.
