por Gustavo Portugal

Llevar las obras de Vargas Llosa a la pantalla grande o a la TV no es fácil, por ello solo algunos maestros directores del cine han asumido el desafío, pero la oferta literaria del maestro es muy amplia por ello hay varios títulos que merecen ser vividos desde la óptica de la imagen y la dramaturgia.
La literatura latinoamericana despide este mes a uno de sus más grandes exponentes. Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura y figura clave del Boom Latinoamericano, que deja un legado que trasciende la palabra escrita. Traducido a más de treinta idiomas, su universo narrativo ha fascinado a lectores de todo el mundo.
Su influencia no se ha limitado a los libros: varias de sus obras han sido adaptadas al cine, con resultados que van desde lo audaz hasta lo polémico, pasando por lo profundamente conmovedor.
La mayoría de estas adaptaciones han sido dirigidas por Francisco J. Lombardi, referente imprescindible del cine peruano contemporáneo. Lombardi logró una simbiosis única con la obra de Vargas Llosa, trasladando al lenguaje audiovisual la densidad narrativa, la complejidad moral y el juego temporal que caracterizan su estilo. Acompañado de guionistas como Giovanna Pollarolo y José Watanabe, su cine propone no solo una traducción visual, sino una lectura crítica y política de las novelas.

Un cine al compás de la palabra escrita
La ciudad y los perros (1985)
- Director: Francisco J. Lombardi
- Guion: José Watanabe
- Reparto: Gustavo Bueno, Pablo Serra, Luis Álvarez, José Luis Ruiz
Ambientada en el colegio militar Leoncio Prado, esta cinta retrata la violencia institucional y la represión en la formación de los cadetes. Considerada una obra clave del cine latinoamericano, fue censurada por el ejército peruano en su momento y aclamada internacionalmente. Fiel al espíritu combativo de la novela, la película se impone como un grito contra la autoridad corrupta y el silencio cómplice.
Pantaleón y las visitadoras (2000)
- Director: Francisco J. Lombardi
- Guion: Giovanna Pollarolo
- Reparto: Salvador del Solar, Angie Cepeda, Pilar Bardem
Una sátira mordaz que desnuda las contradicciones morales de la institución militar. El capitán Pantaleón, un hombre recto y eficiente, es asignado a una misión tan absurda como reveladora: organizar un servicio de prostitutas para los soldados en la Amazonía. Con humor negro, erotismo y crítica social, la cinta se convirtió en una de las más vistas del cine peruano y reafirmó a Lombardi como el gran intérprete audiovisual de Vargas Llosa.
Otras miradas, otros tonos
Aunque Lombardi lidera este esfuerzo de adaptación, otros cineastas también han incursionado en el universo vargasllosiano. Luis Llosa, primo del escritor y figura con una carrera entre Hollywood y Lima, llevó al cine La fiesta del chivo (2005), una coproducción internacional que aborda la dictadura de Trujillo en República Dominicana. Protagonizada por Isabella Rossellini, la cinta no obtuvo la recepción esperada, pero sentó precedente en la proyección global de la obra del autor.
Más recientemente, Alejandro Bazzano, director de éxitos internacionales como La casa de papel y Vis a Vis, dirigió la adaptación en formato de serie de Travesuras de la niña mala (2022). Producida para plataformas de streaming, esta versión apuesta por una estética moderna y una narrativa serializada que busca conectar con audiencias globales, aunque ha enfrentado el desafío de capturar la melancolía existencial que atraviesa la novela original.

¿Y si el cine volviera a conversar con Vargas Llosa?
En los últimos años hemos sido testigos de cómo la literatura latinoamericana regresa a las pantallas, muchas veces de la mano de plataformas globales. Pero cuando se trata de adaptar a Mario Vargas Llosa —Premio Nobel, narrador provocador, cronista de nuestras contradicciones—, el reto se vuelve más complejo. ¿Cómo llevar al cine una obra que respira en múltiples tiempos, voces, perspectivas? ¿Cómo traducir su densidad ética y estética al lenguaje visual sin traicionar su espíritu? Qué tal esta propuesta
Conversación en La Catedral
Como productor latinoamericano radicado en Londres, no dejo de preguntarme: ¿qué otras novelas de Vargas Llosa merecen una segunda vida en la pantalla grande o en el formato serializado de hoy? Pienso, por ejemplo, en Conversación en La Catedral, ese monumento literario al desencanto y a la desesperanza política. ¿Qué pasaría si se adaptara hoy, no como reconstrucción de una dictadura pasada, sino como un drama político contemporáneo, ambientado en una capital latinoamericana donde el poder es más invisible, pero igual de corrosivo? Imagino a Santiago Zavalita, convertido en un periodista freelance, atrapado entre la precariedad económica, el algoritmo de las redes sociales y los fantasmas de un padre empresario con conexiones turbias. La pregunta que atraviesa toda la novela —“¿En qué momento se jodió el Perú?”— seguiría siendo tan válida como dolorosa, y no solo para el Perú.

La Guerra del fin del Mundo
Otra obra que clama por una adaptación cinematográfica ambiciosa es La guerra del fin del mundo. Su lectura hoy, en un continente donde el mesianismo, la desigualdad y la violencia siguen marcando el pulso de nuestros pueblos, es casi premonitoria. ¿Y si trasladáramos esta historia al corazón de los Andes, donde aún laten las tensiones entre Estado, religión, territorio y memoria? Sería una oportunidad para construir una película que no solo dialogue con la obra original, sino que también interpele nuestra historia reciente: desde los años de plomo hasta los conflictos actuales por tierra, identidad y derechos colectivos.
Adaptar a Vargas Llosa no es tarea fácil. Su obra incomoda, exige, nos confronta. Pero quizá por eso mismo es urgente. Necesitamos más cine que piense, que provoque, que cuestione. Y el universo vargasllosiano ofrece una cantera inagotable de historias que, bien llevadas a la pantalla, pueden dialogar con los dilemas de este siglo sin perder la potencia del siglo pasado.
Tal vez ha llegado el momento de que nuevas voces del cine latinoamericano —jóvenes, diversas, comprometidas— asuman ese desafío. Vargas Llosa está esperando y el cine también.
¿Adaptar a Vargas Llosa? Una empresa de alto riesgo
Adaptar a Mario Vargas Llosa al cine no es tarea sencilla. Sus novelas están construidas con una arquitectura compleja: saltos temporales, voces múltiples, diálogos interiores y una profunda exploración psicológica. No basta con seguir la trama; hay que entender su trasfondo, su tono, su ritmo.
Y sin embargo, el cine ha demostrado que es posible cuando hay una visión clara, sensibilidad artística y respeto por el material original. El universo literario de Vargas Llosa aún guarda muchas historias por descubrir y reinventar desde el lenguaje audiovisual. Solo es cuestión de atreverse.



