Por Gustavo Portugal

La polémica salida de la serie ha roto récord en la plataforma por su contenido mediático, que expone a una de las familias más poderosas en lo político y económico del caribe colombiano, y la deja en una compleja posición frente a la opinión pública.
En los últimos años, Colombia ha pasado de ser un destino atractivo para rodajes internacionales a consolidarse como un epicentro de producción audiovisual de calidad. Ya no se trata solo de traer producciones extranjeras a filmar en suelo colombiano, sino de crear contenido original con guionistas, directores y equipos de producción locales y, por supuesto artistas que se han posicionado en el streaming. Este es el caso de Medusa, la nueva serie de Netflix que promete convertirse en un referente del thriller latinoamericano.
Su planteamiento revela el comportamiento y manejos de una de las familias más poderosas del país sudamericano, concentrada en una de las regiones caribeñas, con un gran poder económico y político, pero con algunos secretos en su forma de dirigir sus empresas y contactos.
Esta exposición mediática a caído muy mal a la reflejada familia que ha interpuesto un caso legal para detener la salida de la serie en especial en Colombia, pero todo fue en vano, pues se estrenó en la plataforma la primera semana de marzo. La reclamación continúa, pero en realidad, esto ha sido un dulce para que muchos vean la serie, develando la historia del poderoso conglomerado.

Un salto de calidad en la industria audiovisual colombiana
Desde el éxito de Narcos hace una década, la industria audiovisual en Colombia ha evolucionado significativamente. Ahora, con más experiencia y recursos, se están produciendo historias originales con mayor identidad nacional y narrativas innovadoras. Medusa es un claro ejemplo de esta evolución: una producción local con ambiciones internacionales, utilizando infraestructura y talento colombiano para contar una historia de impacto global.
La serie que consta de 12 episodios de una hora aproximadamente, cada uno, narra la historia de Bárbara Hidalgo (interpretada por Juana Acosta), una influyente empresaria de la costa atlántica colombiana que, tras un misterioso accidente en altamar, se ve envuelta en una peligrosa red de traiciones y secretos familiares. Acompañada por el investigador Danger Carmelo (Manolo Cardona), Bárbara lucha por descubrir la verdad mientras enfrenta amenazas que ponen en riesgo su vida y su legado.

Un elenco de primer nivel
Medusa cuenta con un reparto de lujo que incluye a Sebastián Martínez, Carlos Torres, Mabel Moreno y Diego Trujillo, entre otros. La dirección está a cargo de Juan Felipe Cano y María Gamboa, con Luis Eduardo Jiménez como showrunner. El proyecto es una producción de TIS para Netflix y ha sido desarrollado por Said Chamie y Claudia Sánchez, creadores de La reina del flow.
Medusa se estrenó el pasado 3 de marzo y promete ser una de las grandes revelaciones del año en la plataforma. Con un guion sólido, una dirección cuidada y un elenco de primer nivel, la serie marca un hito en la producción audiovisual colombiana. Es una prueba más de que el cine y la televisión latinoamericanos están alcanzando nuevas alturas en el escenario internacional.
Colombia, un jugador clave en la producción global
La apuesta de Netflix por Medusa confirma el crecimiento de Colombia como un jugador clave en la producción global de contenidos. Con locaciones que van desde Bogotá hasta Barranquilla y Santa Marta, la serie no solo resalta la diversidad del país, sino que también refuerza la capacidad de la industria local para desarrollar producciones de alta calidad.
En la última década, Colombia ha emergido como un centro neurálgico para la producción audiovisual, atrayendo tanto a proyectos internacionales como fortaleciendo su industria local. Este auge se debe a una combinación de políticas gubernamentales favorables, diversidad geográfica y talento local.
La implementación de la Ley Filmación Colombia ha sido fundamental para atraer producciones extranjeras al país. Esta legislación ofrece incentivos económicos que han motivado a diversas producciones internacionales a elegir a Colombia como escenario. Por ejemplo, en 2014, nueve producciones extranjeras generaron ingresos por 31.000 millones de pesos, cifra que aumentó a 33 proyectos en años recientes.
Películas de alto perfil como Gemini Man con Will Smith, American Made protagonizada por Tom Cruise y Mile 22 con Mark Wahlberg han sido filmadas en locaciones colombianas. Estas producciones no solo destacan la versatilidad del paisaje colombiano, sino también la capacidad logística y técnica del país para albergar proyectos de gran envergadura.
La tendencia indica que Colombia continuará consolidándose como un ‘hub’ de producción audiovisual en América Latina. La combinación de incentivos fiscales, talento local y una infraestructura en crecimiento posiciona al país como un destino atractivo para producciones internacionales y un semillero de contenido latinoamericano de calidad.
En resumen, Colombia ha demostrado ser un actor clave en la industria audiovisual, equilibrando la atracción de proyectos internacionales con el fortalecimiento de su propia narrativa cultural, contribuyendo significativamente al panorama cinematográfico de la región.

Impulso a la Producción Latinoamericana
Colombia no solo ha sido un imán para producciones extranjeras; también ha fortalecido su propia industria audiovisual. Plataformas como Netflix han invertido en contenido original colombiano, estrenando títulos como Ritmo Salvaje, Juanpis, Pálpito, Diomedes, Goles en Contra, Perfil Falso, y Delirio. Estas producciones reflejan historias locales con proyección internacional, evidenciando la riqueza cultural y narrativa del país.
Además, Colombia ha sido cuna de destacados productores que han llevado el cine latinoamericano a escenarios internacionales. Por ejemplo, en la Berlinale 2024, productores como Oscar Ruiz Navia y Estephania Bonnett representaron al país, mostrando la calidad y diversidad del cine colombiano.
