‘No tiene gracia’

El caso mediático de Daniel Sancho ha destruido el prestigio profesional de su padre y abuelo, pero los actos de la descendencia no tienen por qué recaer sobre su historia, en el resultado de una exposición despiadada en las redes sociales

Durante la última década, la cancelación de muchos personajes públicos, especialmente en el ámbito de la cultura, ha terminado con la carrera de actores, directores o cantantes, entre otros.

A veces, realmente estos eran personajes miserables, pero que, aun así, recibieron doble castigo. Los ríos de tinta vertidos en rumores en internet se convertían en sangre que perros de caza olfateaban y, de camino, destrozaban lo que pillan a su alrededor.

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A veces, los acusados y víctimas de esta persecución mediática son declarados inocentes como Johnny Depp o Kevin Spacey, pero el daño desproporcionado ya está hecho.

Por ejemplo, el 29 de agosto se supo la sentencia para Daniel Sancho, hijo del también actor Rodolfo Sancho y nieto del legendario actor Sancho Gracia, quien otrora, fuese el actor español que mejor encarnó al héroe de aventuras en España, protagonista de la mítica serie Curro Jiménez -todos los de esa generación tienen grabada en la memoria la música bellísima de su sintonía-.

Sancho Gracia era madrileño, pero tenía mucho arraigo en Galicia, por eso, en 2014 (dos años después de morir) fue inaugurada una estatua suya en la localidad gallega de Mondariz-Balneario (Pontevedra). Asistieron a la presentación de este homenaje su hijo Rodolfo y precisamente, su nieto Daniel Sancho. 

Actor Rodolfo Sancho on the set film Voces in Torrelodones, Madrid on Tuesday, 25 February 2020.

Inimaginable

El prestigio profesional de Rodolfo y Sancho fue salpicado por el contemporáneo integrante de la familia, en hechos violentos y lamentables que terminaron con la vida de un médico colombiano, a manos de Daniel Sancho.

El abuelo incluso, si su fuerte hubieran sido los papeles de detective privado, nunca hubiera sospechado lo que su nieto haría en el verano de 2023. En lugar de hacer lo que hubiera hecho cualquier buen hijo de vecino en su tiempo libre -ver todos los episodios de Curro Jiménez, por ejemplo-, Daniel Sancho mató, descuartizó e hizo desaparecer el cadáver de su supuesto ‘amigo íntimo’, el cirujano colombiano Edwin Arrieta, en Tailandia.

El chef español de treinta años, ha sido condenado a cadena perpetua. El mismo día de la sentencia, la estatua del abuelo Sancho fue vandalizada: apareció bañada en pintura roja. Fue una mezcla de la Tomatina con la lapidación, acto con el que aún se castiga de forma pública a las personas en algunos países.

Una carga de origen

Recuerdo que, en ocasiones, algunos latinoamericanos me preguntan qué, cuándo les vamos a devolver el oro que los españoles saquearon hace 500 años de América. Pero, nadie es responsable de lo que sus abuelos hicieron, menos aún si fue hace cinco siglos… Igualmente, los abuelos fallecidos no son responsables de lo que hagan sus nietos en el futuro.

El conjunto escultórico representa a Sancho Gracia como su personaje icónico de Curro Jiménez junto a su caballo. Curro luchaba por las injusticias en la España ocupada por Francia a principios del siglo XIX. Ahora, es él quien recibe un agravio injusto.

Como la caza de brujas durante siglos en Europa. A veces hay histerias colectivas canalizadas en una idea distorsionada de lo que es la justicia. En las dictaduras y gobiernos sátrapas es habitual perseguir a familiares de personas buscadas por sus regímenes.

Sin, embargo este caso llega al absurdo de acosar a símbolos de familiares muertos hace años, en vez de acusar y cancelar de YouTube a un chef de medio pelo -pese a su melena prominente, eso sí antes de entrar en la cárcel- que no le va a cortar la digestión a nadie, pero atacar a un tótem de la actuación en cine y televisión como Sancho Gracia, es de necios y mostrencos.

Siguiendo con ese modus operandi, habría que cancelar y vandalizar todo… porque todo, de alguna u otra manera, está relacionado con otra cosa y así infinitamente. Afortunadamente para el abuelo Sancho, nunca sabrá lo que su nieto hizo, pero si Curro Jiménez estuviera en la España de hoy, no lucharía contra la opresión de las hordas napoleónicas, sino, quizá, contra la invasión de bulos, cancelaciones de personajes públicos y la censura del siglo XXI.

Créditos- Alejandro Mulero

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