POR FAUSTO ARCINIENGAS LÓPEZ
EDITOR GENERAL EXPRESS NEWS
Venezuela enfrenta un momento definitorio en su historia reciente. En la madrugada de este 3 de enero, el Gobierno de Estados Unidos anunció una operación militar de gran escala contra Venezuela que resultó en la captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, trasladados fuera del país, según confirmó el propio presidente estadounidense Donald Trump.
El anuncio se produjo mientras Caracas fue sacudida por explosiones y combates en zonas militares clave, generando caos y reacciones encontradas dentro y fuera del país.
La Casa Blanca justificó la operación como una acción para detener a Maduro bajo cargos de narco-terrorismo, tráfico de drogas y conspiración criminal presentados por fiscales en Nueva York y Florida, y que incluían una recompensa de hasta 50 millones de dólares por información que facilitara su captura.
Esta acusación se basó en investigaciones de años sobre vínculos del Estado venezolano con el crimen organizado y el llamado Cartel de los Soles.
Desde el ángulo chavista, la acción estadounidense fue una “agresión brutal contra la soberanía venezolana”, con el Gobierno venezolano denunciando pérdidas humanas entre militares y civiles, además de exigir pruebas de vida de Maduro y Cilia Flores.
La vicepresidenta Delcy Rodríguez calificó el ataque como un acto de “agresión imperial sin precedentes” y pidió al mundo condenar la intervención.
¿Quién queda al mando del Ejecutivo?
La captura del presidente deja un vacío constitucional y político inmenso. Oficialmente, la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, podría desempeñar funciones de facto como cabeza del Ejecutivo en ausencia de Maduro, pero su legitimidad es cuestionada tanto interna como internacionalmente.
Venezuela ya había vivido tensiones de poder tras una elección presidencial disputada en 2024, en la que la autoridad electoral declaró ganador a Maduro para un tercer mandato que duraría hasta 2031, pero fue fuertemente impugnada por la oposición y varios gobiernos extranjeros por falta de transparencia; el régimen chavista nunca presentó las planillas oficiales de votación.
A la hora de esta publicación, no existe confirmación firme de que Rodríguez haya asumido el mando con pleno control de todas las estructuras estatales. La situación es extremadamente fluida y depende, en gran medida, de cómo reaccionen las Fuerzas Armadas, que tradicionalmente han sido clave para la supervivencia del régimen chavista.
Machado y González Urrutia como eje del cambio
La oposición venezolana vive un momento de oportunidad histórica, aunque plagado de desafíos. María Corina Machado, líder opositora y premio Nobel de la Paz de 2025 por su lucha democrática, ha sido fundamental en articular un discurso de cambio desde la clandestinidad, llamando a construir instituciones democráticas y a la movilización pacífica.
Junto a ella, Edmundo González Urrutia, exdiplomático y candidato de la Plataforma Unitaria en las elecciones de 2024, fue reconocido por Estados Unidos como “presidente electo” tras la disputa electoral, aunque nunca pudo ejercer en Caracas y se mantuvo exiliado en España.
Machado y González han fijado 2026 como el año de la “consolidación de la libertad” en Venezuela, impulsando la idea de que la lucha democrática no se detiene incluso desde el exilio y ante una grave crisis política.
A pesar de que figuras como el senador Marco Rubio han afirmado que “no habrá más intervenciones militares en Venezuela”, la realidad puede ser otra. El ataque de este 3 de enero marca una escalada sin precedentes en política de fuerza por parte de Washington.
La administración estadounidense ha intentado argumentar sus acciones bajo la justificación de combatir el narcotráfico y restituir la democracia, pero esto obliga a reflexionar sobre las implicaciones geopolíticas, los riesgos de inestabilidad regional y la percepción de una nueva forma de intervención.
La política de sanciones económicas, aislamiento diplomático y ahora acciones militares plantea preguntas profundas sobre soberanía, ley internacional y la dirección del hemisferio occidental.
Datos clave
Antes de estos hechos, Venezuela ya atravesaba una crisis humanitaria y económica de largo alcance:
- Mantiene las mayores reservas de petróleo del mundo, cierto, pero su producción se había desplomado a aproximadamente 1.1 millones de barriles por día debido a sanciones, mala gestión y fuga de inversiones.
- La diáspora venezolana es una de las más grandes del mundo, con más de nueve millones de migrantes distribuidos en América Latina, Estados Unidos y Europa en la última década.
- El reconocimiento internacional de líderes opositores refleja una fractura en la legitimidad del régimen chavista, cimentando una crisis de gobernabilidad que podría tener consecuencias profundas para todo el país.
¿Transición o caos?
La captura de Maduro y Flores no será un “final feliz” automático. Venezuela queda en un momento crítico: sin su líder histórico, con una oposición fortalecida en moral e imagen internacional (aunque se habla de división interna de la derecha venezolana), y con el poder militar aún centrado en estructuras leales antiguamente al chavismo.
Más allá de la retórica de soberanía, la transición democrática que muchos anhelan, liderada por figuras como María Corina Machado y Edmundo González, tendrá que confrontar desafíos gigantescos: reconstruir instituciones, garantizar justicia, enfrentar la economía colapsada y evitar una guerra civil o intervenciones extranjeras adicionales.
Venezuela, un país con una historia rica y un futuro incierto, está ahora mismo en una encrucijada histórica. La manera en que se gestione este momento equivale a la forma en que entenderemos la noción de libertad, justicia y autodeterminación en el siglo XXI.







