
Sir Keir Starmer prometió una Gran Bretaña “duradera”, advirtiendo que su gobierno no ofrecerá “respuestas fáciles” ni generará “falsas esperanzas”.
En su primer discurso ante la conferencia del Partido Laborista como primer ministro, Starmer resaltó la necesidad de realizar concesiones para lograr una «renovación nacional», mencionando la construcción de nuevas prisiones y torres eléctricas como ejemplos.
Reconoció las críticas sobre los recortes en los pagos de combustible de invierno, pero insistió en que estabilizar la economía es el paso inicial de un plan a largo plazo. Starmer también prometió garantizar viviendas para los veteranos y la implementación de una Ley de Hillsborough para asegurar la transparencia en las autoridades públicas.
Su discurso de 54 minutos se enfocó en reformas estructurales, como la construcción de viviendas y la energía, dejando de lado la mención de un presupuesto “doloroso” que había discutido previamente, pero reafirmando su creencia en la «luz al final del túnel».
