Suecia se prepara ante el impacto de nuevos aranceles entre la UE y EE. UU.

Por Jorge Talavera

Los anuncios del prersidente estadounidense han altertrado los ánimo en casi todo el mundo. La economía sueca prevé una disminución en sus relaciones comerciales en especial en la importanción de motos de alta gama, jugo de naranja, arándanos y jean.

Estocolmo, abril de 2025. En un nuevo episodio de las tensiones comerciales globales, la Unión Europea ha anunciado la imposición de aranceles a una serie de productos importados desde Estados Unidos. Esta medida, presentada como una respuesta directa a las barreras comerciales impuestas previamente por Washington, tendrá consecuencias visibles en los precios de ciertos bienes de consumo en Europa, incluyendo a Suecia.

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Los nuevos aranceles afectan a productos como el bourbon, el jugo de naranja, los jeans, los arándanos y las motocicletas de alta gama, todos con un importante nicho en el mercado europeo. En Suecia, donde el interés por los productos estadounidenses ha crecido en los últimos años, se espera que estas tarifas se reflejen en un alza de precios que impactará tanto a consumidores como a pequeños y medianos comerciantes.

El Primer Ministro sueco, Ulf Kristersson, no tardó en pronunciarse al respecto. En una declaración oficial, expresó su inquietud sobre el rumbo que están tomando las relaciones comerciales transatlánticas. “No queremos barreras comerciales crecientes. No queremos una guerra comercial. Eso haría que nuestras poblaciones fueran más pobres y el mundo más peligroso a largo plazo”, afirmó el mandatario, subrayando el compromiso sueco con el libre comercio.

Desde el Ministerio de Finanzas también se han encendido las alertas. La ministra Elisabeth Svantesson advirtió que los aranceles podrían frenar el crecimiento económico del país entre un 0,15 % y un 0,4 % este año. Aunque la cifra podría parecer moderada, representa una presión adicional en un momento donde la inflación ya ha afectado los presupuestos de muchos hogares suecos.

“El impacto será gradual, pero real”, explicó Svantesson. “Estos aranceles no solo encarecen productos importados, también aumentan los costos para las empresas que dependen de insumos estadounidenses. Eso termina trasladándose al consumidor final”. No obstante, la ministra insistió en que la economía sueca tiene fundamentos sólidos y cuenta con herramientas para responder ante escenarios adversos.

Organismos económicos locales en cautela

El Banco Central de Suecia, Riksbanken, también se manifestó sobre la situación. Su gobernador, Erik Thedéen, calificó las nuevas tarifas como “algo peor de lo esperado”, aunque reiteró que el país tiene la capacidad fiscal y monetaria para mitigar los efectos si fuera necesario. “Tenemos una economía resiliente y estamos preparados para actuar si las condiciones lo requieren”, afirmó.

En el terreno comercial, los efectos comienzan a notarse. Varios distribuidores han señalado que ya están ajustando sus precios en previsión del nuevo entorno arancelario. “El jugo de naranja que importamos desde Florida es parte de nuestra oferta premium. Si los precios suben, quizás tengamos que reducir la cantidad o buscar proveedores alternativos”, comenta Johan Lindström, gerente de una cadena de supermercados en Estocolmo.

Para los consumidores suecos, los efectos podrían sentirse tanto en los supermercados como en sectores como la gastronomía y el comercio minorista. Restaurantes que ofrecen cocina americana o bares especializados en bourbon han mostrado preocupación ante un escenario que puede reducir márgenes o incluso, cambiar sus menús.

Desde Bruselas, la Comisión Europea defendió la medida como necesaria y proporcional. Portavoces del bloque explicaron que se trata de una reacción equilibrada ante la imposición injustificada de tarifas por parte de Estados Unidos, especialmente en sectores industriales clave para Europa. Aun así, la UE mantiene abiertas las vías diplomáticas con la esperanza de reducir tensiones antes de que se escale a un conflicto comercial más amplio.

Medidas bien pensadas abiertas al diálogo

En Suecia, un país que históricamente ha apostado por el libre comercio y la cooperación multilateral, la situación se observa con cautela. Con una economía altamente globalizada y dependiente del comercio exterior, cualquier fricción entre potencias económicas representa una amenaza potencial para la estabilidad nacional.

El gobierno sueco ha manifestado su disposición a trabajar junto a sus socios europeos para defender los intereses del bloque sin cerrar la puerta al diálogo con Estados Unidos. “Lo importante ahora es evitar una escalada y centrarse en encontrar una solución negociada”, dijo el primer ministro Kristersson.

A medida que se clarifica el alcance total de las medidas y sus efectos concretos en el mercado, tanto el gobierno como las empresas y consumidores suecos deberán adaptarse a un escenario comercial que, por ahora, promete ser más incierto y costoso.

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