La vitamina D durante años ha sido reconocida principalmente por su papel en la salud ósea. Sin embargo, investigaciones recientes han revelado que su función va mucho más allá: actúa como una hormona que influye directamente en el sistema inmunológico y en el cerebro. Esta nueva comprensión ha cambiado la forma en que médicos y científicos valoran sus efectos sobre la salud global.
Según un estudio publicado en Nature en 2025, los receptores de vitamina D están presentes en casi todas las células inmunes, lo que demuestra su papel clave en la respuesta del cuerpo frente a infecciones y enfermedades autoinmunes. “La vitamina D no solo fortalece los huesos, también fortalece la inmunidad”, destacó el inmunólogo británico Richard Holick.
Escudo inmunológico y antiinflamatorio
La forma activa de la vitamina D, conocida como calcitriol, regula tanto el sistema inmunitario innato como el adaptativo. Ayuda a producir péptidos antimicrobianos, como la catelicidina, que destruyen bacterias y virus, y equilibra la respuesta inflamatoria. Un artículo de Frontiers in Nutrition subraya que los niveles adecuados de vitamina D reducen la hiperactividad inmunitaria que puede conducir a enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide o la esclerosis múltiple.

Además, investigaciones del Journal of Immunity & Ageing señalan que la deficiencia de esta vitamina puede acelerar el envejecimiento del sistema inmunitario, un fenómeno conocido como inmunosenescencia. En países europeos, especialmente durante el invierno, se estima que más del 40 % de la población tiene niveles insuficientes.
Un vínculo directo con la mente
La influencia de la vitamina D sobre el cerebro ha despertado gran interés en los últimos años. Científicos del University College London hallaron receptores de vitamina D en regiones como el hipocampo y la sustancia negra, áreas clave para la memoria, el ánimo y el movimiento. La deficiencia se ha relacionado con mayor riesgo de depresión, deterioro cognitivo y enfermedad de Parkinson.
Un estudio reciente de Nature Scientific Reports observó que pacientes con niveles normales de vitamina D mostraron mejor desempeño cognitivo y menor fatiga mental. Además, esta vitamina regula la comunicación entre el intestino y el cerebro, modulando la microbiota intestinal y reduciendo la inflamación que afecta el estado de ánimo.
Cuánto vitamina D se necesita y cómo obtenerla
La principal fuente sigue siendo la exposición solar moderada, aunque también se obtiene a través de pescados grasos, huevos y lácteos fortificados. En regiones con poca luz solar, los especialistas recomiendan suplementar bajo control médico. Según Verywell Health, la forma más eficaz es la D3 (colecalciferol), ya que la D2 puede disminuir los niveles generales en el organismo.
La dosis óptima varía según edad, peso y condiciones de salud, pero los expertos coinciden en que mantener niveles séricos entre 30 y 50 ng/ml es lo ideal.
Autor: Fausto Arciniegas López
Redacción: Express News UK






