Andy Burnham liquida el ‘triple candado’ para financiar los cuidados de la tercera edad

Fotomontaje que muestra a una persona mayor caminando con bastones junto a una cremallera que abre un fondo repleto de monedas. Fotomontaje que muestra a una persona mayor caminando con bastones junto a una cremallera que abre un fondo repleto de monedas.
Impacto económico y ajuste fiscal en las pensiones británicas

El primer ministro Andy Burnham anuncia el fin del “triple candado” de las pensiones públicas a partir de abril de 2030. La maniobra pretende contener la explosión del gasto fiscal y liberar miles de millones para crear un nuevo Servicio Nacional Asistencial. El movimiento desata un terremoto político a ambos lados del espectro parlamentario.

Se acabó el dogma. Andy Burnham se ha atrevido a tocar lo que durante más de una década se consideró el santuario intocable de la política británica. El primer ministro anunció este martes la supresión progresiva de la garantía del ‘triple candado’ de las pensiones. Se trata de la mayor reformulación del sistema público de jubilación en más de diez años.

La medida, sin embargo, no entrará en vigor de inmediato. El Ejecutivo fijó la fecha clave en abril de 2030, una vez superadas las próximas elecciones generales fijadas para mediados de 2029.

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Con este calendario, el Partido Laborista esquiva la acusación formal de romper su promesa electoral de mantener el blindaje durante la presente legislatura. La liquidez liberada no irá a las arcas generales: servirá para cimentar un nuevo Servicio Nacional Asistencial.

La factura insostenible del ‘triple candado’

Introducida en 2011, la regla del ‘triple candado’ garantiza que la pensión pública aumente cada año según el indicador más alto entre la inflación, el crecimiento medio de los salarios o un mínimo del 2,5%. Un salvavidas popular. Una trampa presupuestaria.

Las alertas rojas saltaron en julio. La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria advirtió de que este mecanismo amenazaba con disparar el gasto estatal en jubilaciones del 5% al 9% del producto interior bruto en las próximas décadas. Los economistas exigían cambios a gritos. Los políticos los ignoraban por pánico a las urnas.

A partir de 2030, si el laborismo revalida el poder, la pensión pública subirá garantizando el ritmo de la inflación o el 2,5%, vinculándose además a la evolución de los salarios a largo plazo “para que los pensionistas siempre participen de la creciente prosperidad del país”, defendió Burnham. El primer ministro aseguró que los jubilados de rentas más bajas no pagarán IRPF en esta legislatura y que la reforma creará un sistema donde la vejez quede exenta de costes asistenciales directos.

Proyecciones millonarias frente al recelo de los expertos

Las cifras presentadas por Downing Street son ambiciosas. El Partido Laborista calcula un ahorro de 15.000 millones de libras anuales (unos 20.000 millones de dólares) para finales de la década de 2030. Para 2050, la cifra ascendería a 50.000 millones de libras al año.

El Instituto de Estudios Fiscales (IFS) ha enfriado las expectativas. El centro de estudios señala que el impacto inicial será modesto e impreciso, dado que el coste del ‘triple candado’ depende de variables macroeconómicas impredecibles. Con todo, el IFS aporta una referencia clarificadora: de haberse aplicado este cambio en 2011, el Estado gastaría hoy 9.000 millones de libras menos al año, reduciendo a más de la mitad la factura actual de 16.000 millones.

Los mercados financieros encajaron el anuncio sin inmutarse. No obstante, el IFS ya avisa de que el ahorro derivado de las pensiones no bastará para costear el nuevo modelo de atención a la tercera edad, augurando futuros recortes o alzas de impuestos.

Fuego cruzado en la arena política

El coste electoral puede ser devastador. Un sondeo de BMG Research publicado por el diario I revela que el 53% de los británicos apoya mantener el ‘triple candado’, frente a solo un 13% partidario de suprimirlo.

El Partido Conservador y la formación populista Reform UK ya han prometido restaurar el blindaje. Sin embargo, los ataques más duros le llegan a Burnham desde la izquierda. Sharon Graham, lideresa del poderoso sindicato Unite, arremetió en la BBC exigiendo un impuesto sobre el patrimonio en lugar de recortar a los mayores.

En la misma línea, Zack Polanski, al frente del Partido Verde, cuestionó abiertamente por qué el Gobierno prefiere apretar las tuercas a los pensionistas antes que gravar a las grandes fortunas.

“Si no financiamos los cuidados de nuestros mayores recortando las pensiones de mañana, ¿de dónde saldrá el dinero cuando el sistema colapse por completo?”, deslizan desde el entorno de Downing Street. La batalla por el voto senior no ha hecho más que empezar.

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