Crisis de valores políticos en Europa y América Latina

Imagen conceptual sobre crisis de valores políticos con pasaporte, boletos de avión y globo terráqueo sobre fondo azul. Imagen conceptual sobre crisis de valores políticos con pasaporte, boletos de avión y globo terráqueo sobre fondo azul.
La crisis de valores políticos impacta el debate migratorio y el orden internacional en Europa y América Latina.

La crisis de valores políticos que atraviesa hoy Europa y América Latina está debilitando instituciones, redefiniendo el debate migratorio y poniendo en tensión el orden internacional.

Durante años creímos que el orden político nacido después de la Segunda Guerra Mundial era, si no perfecto, al menos estable. Europa se reconstruyó sobre una idea poderosa: que la dignidad humana debía estar en el centro del Estado. Que la pobreza, la exclusión y el abandono no podían volver a ser el terreno fértil del odio y la guerra.

Esa Europa apostó por algo radical para su tiempo: la solidaridad como política pública. De ahí nacieron los sistemas de bienestar, la educación universal, la sanidad pública y, más adelante, la idea de una Unión Europea donde la cooperación debía pesar más que el conflicto. El llamado welfare state no fue un gesto romántico: fue una decisión política basada en valores.

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Durante décadas, ese modelo funcionó. Europa creció, se estabilizó y convirtió la ayuda social, incluida la acogida de refugiados, en una política de Estado. Redistribuir a través de impuestos no era visto como una carga, sino como un pacto social.

El debate migratorio y el desgaste democrático

Hoy, el debate migratorio en el Reino Unido, en Europa y en buena parte del mundo ya no gira en torno a la dignidad humana, sino al miedo. Miedo al otro. Miedo al costo. Miedo a perder privilegios. La inmigración, que antes era un deber ético, se ha transformado en un arma política.

Aquí, en Inglaterra, lo vemos con claridad. Gobiernos que prometen control mientras erosionan derechos. Discursos que culpan al migrante de problemas estructurales. Escándalos políticos que se suceden uno tras otro, mientras la atención pública se desvía hacia el extranjero, el refugiado, el recién llegado.

Y cuando miro al Perú, la sensación es aún más amarga.

Un país donde la corrupción ha alcanzado niveles obscenos. Donde el poder se ejerce sin proyecto, sin ética, sin vergüenza. Donde el Congreso legisla de espaldas a la ciudadanía y la figura presidencial se ha vaciado de contenido, convertida en una pieza funcional dentro de un sistema que ya no rinde cuentas. Presidente de Perú José Jerí destituido por el congreso.

Lo inquietante es que estos procesos, tan distintos en forma,  comparten un mismo fondo: la pérdida de valores como eje de la política.

Crisis de valores políticos: multilateralismo en riesgo

Después de la guerra, el mundo entendió que sin justicia social no hay estabilidad. Por eso se fortalecieron instituciones multilaterales como la ONU, pensadas para evitar que el planeta volviera a caer en el abismo. Hoy, sin embargo, incluso ese pilar está en riesgo. La Organización de las Naciones Unidas atraviesa una grave crisis financiera, con países que no pagan sus cuotas y con un sistema que se debilita justo cuando más se lo necesita.

Y aquí hay una responsabilidad que también nos interpela como latinoamericanos.

No podemos exigir un orden internacional justo si no contribuimos a sostenerlo. No podemos reclamar multilateralismo cuando miramos a otro lado al momento de cumplir compromisos. América Latina necesita tener una visión madura del mundo, asumir que formar parte de la comunidad internacional implica también responsabilidad financiera, política y ética.

No es un tema menor. La ONU fue presidida por figuras que honran a nuestra región, como el gran diplomático peruano Javier Pérez de Cuéllar, símbolo de una América Latina capaz de dialogar, mediar y aportar equilibrio en momentos críticos de la historia mundial. Recordarlo no es nostalgia: es memoria política.

Mientras tanto, el welfare europeo, financiado con impuestos y consenso social,  se discute hoy como si fuera un error histórico. La ayuda al refugiado se presenta como un gasto inútil. La solidaridad, como ingenuidad. Y la corrupción política, tanto en el norte como en el sur, alcanza niveles que ya no escandalizan.

Crisis de valores políticos: cuando los valores dejan de sostener el sistema

La crisis de valores políticos no es solo un fenómeno institucional, sino cultural. Los latinoamericanos entendemos este proceso mejor que nadie. Venimos de países donde la corrupción no es una excepción, sino un sistema. Donde el poder se vacía de contenido ético y se convierte en administración del cinismo. Ver ese mismo desgaste en democracias consolidadas como la británica resulta profundamente inquietante.

Porque si los países que construyeron el orden democrático moderno comienzan a renunciar a sus valores fundacionales, ¿qué queda para el resto del mundo?

Estas Crónicas Latinas no buscan respuestas fáciles. Buscan recordar algo esencial: que la política no es solo gestión, sino relato moral. Que sin valores compartidos no hay proyecto colectivo. Y que cuando el Estado deja de proteger a los más débiles, sean ciudadanos o refugiados, el sistema entero se vuelve frágil.

Tal vez por eso vivimos hoy un tiempo de líderes sin estatura ética, de instituciones debilitadas y de sociedades cansadas. Un tiempo donde la corrupción ya no indigna y la exclusión se normaliza.

Como migrante latino en Londres, observo este escenario con preocupación, pero también con memoria histórica. Sabemos a dónde conducen estos caminos. Ya los hemos recorrido antes.

La pregunta no es si el orden político está cambiando. Eso es evidente. La pregunta es qué valores lo van a sostener cuando todo lo demás se tambalea.

Y ahí, quizás, los que venimos de países heridos tengamos algo que decir.

Autor: Gustavo Portugal

Redacción: Express News UK

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