Inglaterra y Gales registran su nivel más alto de delitos de odio desde 2012

Tres jóvenes de diversas procedencias étnicas acostados juntos con los ojos cerrados. Tres jóvenes de diversas procedencias étnicas acostados juntos con los ojos cerrados.
Los incidentes motivados por odio racial y religioso marcaron su nivel más alto en Inglaterra y Gales desde 2012.

Las fuerzas de seguridad británicas registraron 146.825 delitos de odio en Inglaterra y Gales en el año finalizado en marzo de 2026. La cifra supone un incremento del 7% respecto al ejercicio anterior. El reputado balance del Home Office confirma una tendencia alarmante impulsada casi de forma exclusiva por la intolerancia racial y la hostilidad religiosa.

Escalada de agresiones racistas y religiosas

Los delitos de odio motivados por prejuicios raciales subieron un 9% hasta situarse en 107.926 infracciones. Este volumen representa casi tres de cada cuatro casos contabilizados en todo el territorio. Según las autoridades del Ministerio del Interior, este repunte responde a un repunte sostenido en los delitos contra el orden público y las agresiones sin lesiones.

El terreno religioso mostró una fractura todavía más acusada. Los ataques por este motivo crecieron un 13%, alcanzando 11.419 incidentes. Los delitos dirigidos contra la comunidad musulmana se dispararon un 15% (5.132 casos), mientras que las agresiones contra personas judías subieron un 10%. Si se excluyen las métricas de la Policía Metropolitana debido a modificaciones metodológicas aplicadas en 2024, ambas categorías tocaron su pico histórico más alto desde que se inició el recuento oficial en 2012.

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Contrastes y cifras sumergidas

Otras tipologías mostraron un comportamiento descendente. Las infracciones vinculadas a la orientación sexual cayeron un 1%. Los delitos contra personas con discapacidad bajaron un 5% y las agresiones hacia la población transgénero retrocedieron un 4%.

El Home Office pide cautela al evaluar las métricas globales. Las continuas mejoras tecnológicas implantadas por los agentes para catalogar estos episodios alteran las comparativas históricas. Fuentes ministeriales admiten que los datos reflejan con mayor precisión la carga operativa policial que la dimensión real del problema en las calles, donde un porcentaje significativo de víctimas rechaza denunciar.

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