Los desalojos en Elephant and Castle marcan un duro golpe para la comunidad latina en Londres. Cinco negocios icónicos, entre ellos El Guambra y Como y Beba, enfrentan cierres forzosos por deudas energéticas y una gestión poco transparente, dejando al descubierto la fragilidad de la regeneración urbana prometida como modelo de inclusión.
En Elephant and Castle, donde las grúas perfilan un nuevo horizonte urbano, la comunidad latina escribe un capítulo amargo en la historia de la regeneración del barrio. No es la falta de trabajo o clientela, sino facturas de electricidad desproporcionadas y una comunicación fracturada las que han llevado al cierre forzoso de cinco negocios emblemáticos, desvelando la profunda grieta entre las promesas de desarrollo inclusivo y una realidad que genera un profundo sentimiento de desalojo entre la comunidad que le dio vida al área.
La crisis estalló a principios de este mes de octubre con el desalojo de cuatro restaurantes: Kaieteur Quinchen, Original Caribbean Spice, El Guambra y Dado O’s, en Castle Square, la plaza de contenedores que sirvió de reubicación temporal tras la demolición del centro comercial original.
Sin embargo, el primer cierre se produjo en agosto, con el café colombiano Como y Beba, negocio de Diana Sache, conocida por ser la propietaria de La Bodeguita también, quien durante 30 años tejió su vida alrededor de este enclave latino.
Desalojos en Elephant and Castle: la regeneración que excluye
Los negocios formaban parte del plan de reubicación temporal gestionado por Get Living y Savills, que prometía un hogar hasta 2026, cuando podrían regresar al nuevo desarrollo. Pero, la promesa se tornó en una pesadilla.

Los comerciantes denuncian que la ubicación en Castle Square, junto a una gestión deficiente, les condenó al ostracismo comercial. “Desde que comenzamos en el día uno, diseños mal hechos… la gente no nos llegaba”, relata Diana Sacha. “No dejaron colocar ninguna plataforma… ningún tablero negro en la calle para decir ‘mira, aquí estoy yo’”.
Esta falta de visibilidad es confirmada por Natalia Perez, de la organización Latin Elephant: “abogábamos por más señalización, por más apoyo con publicidad… Mucha gente decía ‘no sabemos que hay negocios’”. El resultado, según Perez, fue que “muchas unidades están desocupadas” porque el modelo “no fue sostenible”.
Promesas incumplidas y deuda energética impagable
Get Living, en un comunicado, expresó “lamentar profundamente” la situación, afirmando que el desalojo fue un “último recurso después de agotar todas las alternativas razonables durante 18 meses”. La empresa destacó haber ofrecido electricidad gratuita los primeros doce meses y haber organizado eventos de marketing para atraer clientes.
Sin embargo, los testimonios de los afectados pintan un cuadro de abandono y opacidad. El caso de El Guambra es emblemático. Steven Landeta, representante del negocio de su madre, explica: “teníamos un acuerdo con ellos por correo electrónico para pagar mil libras mensuales. Ahora, ellos dicen que eso no fue ningún ‘arrangement’… Se lavan las manos y dicen ‘páganos todo en completo o si no, nada’”.

Por su parte, Diana Sach detalla una odisea de tres años sin recibir facturas, hasta que le notificaron una deuda de £21 000 que, con el tiempo, creció a £26 500. “Ofrecí un pago de £3000 al contado y £700 mensuales… Se los pedí de caridad, de todo corazón”, relata. Su solicitud fue ignorada. “Pararon de una conexión total de correspondencia… Ahora, yo les escribo un correo y no responden”.
Natalia Perez, de Latin Elephant, añade un dato crucial: “hay una entidad que regula la electricidad, OFGEM, con guías para microempresas donde dicen que, si hay una deuda de más de tres años, pueden olvidar los primeros dos años… pero resulta que hay un intermediario… entonces, esta guía no aplica en este caso”.
El costo humano detrás de la transformación urbana
Más allá de las deudas, el costo humano es palpable y profundo. Para Diana Sach, no se trata solo de un negocio, sino de un proyecto de vida. “He vivido los últimos 30 años en Elephant and Castle… haciendo la única tarea que sé hacer: cuidando de los negocios y cuidando el personal”.
Al relatar el día del cierre, su voz se quiebra: “los empleados llegaron a las seis de la mañana, no pudieron entrar, las chapas habían sido cambiadas… Me siento como empezando from scratch”.
Desalojos en Elephant and Castle: La comunidad latina busca respuestas y apoyo
Estos negocios eran más que establecimientos comerciales; eran infraestructura social. “Era un sitio de apoyo donde la gente venía a hacer amistad, a informarse”, explica Natalia Perez, ilustrándolo con una anécdota conmovedora: un comerciante de reparación de teléfonos notó la ausencia de un cliente habitual, un señor mayor sin familia. Preocupado, fue a buscarlo a su casa y lo encontró accidentado, logrando conseguirle asistencia médica a tiempo. “Estamos hablando de comunidades, centros de apoyo… que son muy importantes”.

Mientras los comerciantes esperan las respuestas de sus abogados y la comunidad se mantiene atenta, la frase de un comerciante tiempo atrás resuena con ironía trágica: “me quedé cuando era feo y ahora quiero quedarme cuando sea bonito”. Para estos cinco negocios, esa posibilidad se está esfumando entre facturas impagadas, promesas rotas y chapas cambiadas al amanecer, dejando en evidencia que, para algunos, la regeneración urbana tiene un precio demasiado alto.







