El Salvador se proyecta en el Reino Unido: inversión, turismo y servicio cercano

Retrato del embajador salvadoreño Francisco Alberto Lima Mena sobre la bandera oficial de El Salvador. Retrato del embajador salvadoreño Francisco Alberto Lima Mena sobre la bandera oficial de El Salvador.
El diplomático Francisco Alberto Lima Mena lidera la estrategia de atracción de inversiones y servicio consular en Londres.

El salón diplomático no huele al tradicional barniz de los despachos antiguos ni impone la distancia de las etiquetas rígidas. Huele, de manera casi ineludible, al grano tostado de las cordilleras salvadoreñas. Francisco Alberto Lima Mena, un hombre de hablar pausado pero firme, viste sin corbata por elección consciente.

“Me encantan las corbatas, pero también sé que generan una diferenciación. ¿Cómo comunica usted con las nuevas generaciones? Es todo un Sistema”, reflexiona sentado ante una mesa redonda, un mueble que eligió deliberadamente porque rechaza las esquinas que dividen y prefiere los círculos que aproximan.

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Nacido en San Salvador en 1968, en el corazón de América Central, el actual embajador de El Salvador ante el Reino Unido lleva en las venas un linaje donde la historia pública y la tierra se entrelazan de forma inseparable.

Es la cuarta generación de abogados llamados Francisco en su familia, pero también la quinta de caficultores. Su historia familiar se confunde con los cimientos mismos de su país: su bisabuelo, el doctor Rafael Saldívar, presidió la nación a finales del siglo XIX, transformó la estructura económica inclinándola hacia el cultivo del café y, tras dejar la presidencia, fue acreditado ante la Corte de San Jaime, presentando sus cartas credenciales ante la mismísima reina Victoria.

Décadas más tarde, en los años cuarenta, su abuelo materno fue el precursor de la energía hidroeléctrica que iluminó al país. Su padre, un distinguido cardiólogo y cafetalero, sirvió como ministro de Salud Pública, mientras un tío ocupaba la vicepresidencia y la embajada en Washington.

Para Lima Mena, evocar este legado familiar no es una muestra de vanidad, sino una exigencia ética. “Lo digo porque, además de sentir mucho orgullo, es una obligación de la descendencia continuar aportando y apoyando al país en su desarrollo”, asegura durante nuestra entrevista del podcast Migrantes.

El arraigo en el grano y el conocimiento global

Los recuerdos de su infancia retroceden a los años 1973 y 1974, una época luminosa previa a los periodos convulsos que marcarían a El Salvador durante décadas. En aquellos años, las temporadas de cosecha significaban trasladarse a las fincas familiares.

De allí le nace una devoción casi biológica por el cultivo: “Yo a veces digo que en mis venas no corre sangre, sino café”. Ese conocimiento práctico de la tierra, del secado, de los procesos lavados y de las exigencias del mercado internacional, no es un pasatiempo, sino una herramienta técnica que hoy aplica en el ámbito multilateral.

Como embajador en Londres, Lima Mena representa también a El Salvador ante la Organización Internacional del Café (OIC), la única entidad global dedicada íntegramente a este rubro.

Desde allí mantiene una estricta separación ética entre sus asuntos personales y su labor oficial, enfocando su gestión diplomática en defender los intereses de los pequeños caficultores, abrir nichos de mercado de alta calidad en el Reino Unido y hacer frente a la volatilidad de los precios internacionales y las plagas.

Su trayectoria en el servicio exterior abarca más de 30 años construidos por pura vocación comercial y legal. En 2003, asumió la misión de abrir la representación permanente de El Salvador ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) en Ginebra, donde permaneció hasta 2019.

Durante esos 16 años, trabajó en un andamiaje legal complejo y muchas veces invisible para la opinión pública: la protección de patentes, los derechos de autor y las marcas industriales. Comprendió temprano que sin un régimen de propiedad intelectual sólido y predecible, los países en desarrollo no pueden atraer transferencia tecnológica ni fomentar la innovación interna.

Esa arquitectura técnica, negociada en capítulos complejos con potencias como Estados Unidos o la Unión Europea, es hoy la garantía que permite a su país posicionarse como un destino confiable para las inversiones extranjeras.

Una transformación estructural en cifras y realidades

De regreso a Londres, una ciudad que conoció como estudiante de maestría en Derecho Internacional y como encargado de negocios hace un cuarto de siglo, el embajador lidera una estrategia para diversificar el intercambio comercial y atraer capitales británicos.

Los resultados recientes muestran una cifra contundente: la inversión extranjera directa procedente del Reino Unido hacia El Salvador pasó de montos históricos de 2 a 3 millones de dólares a alcanzar los 69 millones de dólares entre 2024 y 2025, lo que representa un crecimiento porcentual de cuatro dígitos.

Este atractivo renovado responde, según explica el diplomático, a un cambio radical en las condiciones de seguridad ciudadana. Al dejar atrás la época marcada por la violencia de las pandillas, el país ha logrado reactivar sectores como el turismo.

El año anterior, El Salvador registró la llegada de 4,1 millones de visitantes internacionales, una cifra masiva para una población residente de 6,5 millones. El impulso se sostiene mediante el proyecto Surf City, que ha posicionado las olas de la costa del Pacífico entre las mejores del circuito profesional mundial, y mediante una apuesta firme por el ecoturismo sostenible y las convenciones de negocios.

A la par del turismo, el país ha desarrollado polos industriales de alto valor agregado, como el sector de aeromantenimiento. Con la reciente inauguración de su séptimo hangar por parte de una empresa de capital salvadoreño, el país pasó a liderar la región al contar con la capacidad de prestar servicio simultáneo a unos 65 aviones comerciales y de carga bajo las normativas internacionales de la FAA.

Para Lima Mena, el desarrollo no se agota en las cifras de infraestructura o de comercio. La sostenibilidad a largo plazo requiere de un relevo generacional cimentado en la educación y la salud pública.

Destaca los programas enfocados en la primera infancia impulsados por la primera dama, así como el plan de renovación escolar que contempla la intervención de dos escuelas por día, sumando más de 400 centros educativos completamente reestructurados.

En el ámbito de la salud, resalta la reconstrucción de infraestructuras emblemáticas como el Hospital Rosales y la implementación de plataformas de telemedicina como Doctor SV, diseñadas para descongestionar la atención hospitalaria primaria.

El compromiso con los connacionales en el Reino Unido

El trabajo consular hacia la comunidad salvadoreña radicada en el Reino Unido, calculada entre 3.000 y 3.500 personas, ocupa un lugar central en la agenda de la embajada. El diplomático prefiere evitar el término abstracto de ‘diáspora’ y dirigirse directamente a sus ‘connacionales’, reconociendo el sacrificio de quienes emigraron en busca de seguridad u oportunidades.

La atención al público ha cambiado sustancialmente gracias a la modernización tecnológica. Hoy, un ciudadano salvadoreño puede obtener la renovación de su pasaporte en ventanilla en un lapso de 45 minutos a una hora.

Documentos como certificados de nacimiento o antecedentes penales se emiten digitalmente en cuestión de segundos mediante códigos QR, y las ferias de identidad móviles se desplazan a ciudades como Manchester para facilitar la tramitación del Documento Único de Identidad (DUI).

En las sedes consulares, la infraestructura se ha adaptado a las necesidades de las familias: se han instalado salas de lactancia materna y áreas infantiles adaptadas. La gestión se extiende también a la República de Irlanda, donde el embajador se encuentra acreditado y donde se alista la apertura de un consulado honorario con un perfil orientado a la accesibilidad y al servicio directo.

Existe además una causa transversal que el diplomático plantea con convicción: la necesidad de visibilizar la categoría hispana o latinoamericana en los censos y formularios oficiales del Reino Unido, donde la comunidad aún se ve forzada a marcar la casilla de ‘otros’.

“Lo que se hace y no se comunica es como si no se hiciera”, concluye Francisco Lima Mena. Para el diplomático salvadoreño, la tarea en la capital británica consiste en tendiendo puentes, explicando con datos precisos la transformación interna de su país y asegurando que cada ciudadano salvadoreño al cruzar las puertas del consulado encuentre un espacio ágil, digno y cercano.

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