
Después de vagar por más de 240 años, por fin, los restos simbólicos del peruano Fernando Amaru Bastidas retornarán a su natal Perú para descansar al lado de sus ancestros. Tras ser arrestado durante el Virreinato por ser descendiente directo de la dinastía Inca, el menor de los tres hijos de Túpac Amaru II, cacique que fue arrestado, torturado y descuartizado frente a su familia, sobrevivió para padecer y ser encarcelado en España donde murió físicamente pero no para la historia pues nunca se le olvidó, y pronto volverá a su amada Tierra.
Tras el trabajo incesante y los buenos oficios de muchos personajes a lo largo de más de 30 años de gestiones diplomáticas, sociales, religiosas y dignatarias, muy pronto estarán en su tierra, para descansar junto a sus ancestros, los restos simbólicos de ‘Fernandito’ Túpac Amaru, el hijo menor de Túpac Amaru II, descendiente directo de la dinastía Inca, quien tras ver morir a sus padres y hermano mayor, en circunstancias inhumanas y desproporcionadas para la dignidad humana, hace más de 240 años, es apresado y llevado a España a la edad de 12 años, padeciendo torturas y humillaciones indescriptibles para un niño cuyo único delito fue su origen.
Después de una adolescencia de miseria y encarcelado queda libre y vaga por Madrid, hasta que logra estudiar en Getafe y vivir en el barrio de las Letras. Se buscó la vida y sufrió hasta que murió en la indigencia, enfermo y solo. Sin embargo, su nombre estaba españolizado: se trataba de Fernando Túpac Amaru Bastidas, último descendiente de los incas. Era uno de los tres hijos de Túpac Amaru II, quien inició una gran rebelión frente a los españoles y que como consecuencia fue descuartizado en 1784.
Luego de su muerte es enterrado ‘en estado de limosna’ como se le conocía a ese tipo de entierros para los sin dolientes ni posibilidades de un descanso digno. Pasados los siglos, el alcalde actual de Cuzco, Luis Beltrán Pantoja Calvo llega hasta Madrid, a la iglesia de San Sebastián, y allí se entrevista con el vicario y el párroco de la iglesia para desenterrar esta historia y, aunque ya los restos óseos no existen, poder, de manera simbólica recoger la tierra donde se cree estuvo enterrado el heredero de la recia y luchadora raza Inca, y devolverlo a su terruño para descansar por siempre junto a sus padres, familia, ancestros y raíces.
Ahora, y tras una profunda investigación y la colaboración de muchos por el camino, se espera que unos dos meses aproximadamente, el alcalde de Cuzco vuelva a Madrid y recoja la urna que dejó para el traslado de la tierra que albergó hace muchas décadas, los restos de ‘Fernandito’ y poder, por fin, retornar simbólicamente para ser enterrado en una noble ceremonia en la Plaza Mayor del Cuzco, en la Plaza de Armas, junto a su padre.
Con una gran reflexión y sabias palabras, el alcalde Beltrán dice que con ese acto se cerrarán las heridas de esa dolorosa historia. “No queremos mirar hacia atrás, no queremos juzgar absolutamente a nadie. Es solo un hecho de honor, de dignidad, de reivindicación de los pueblos originarios, de homenaje también a las personas que dieron su vida en defensa de su pueblo, de sanación de heridas, de caminar hacia adelante juntos, dos países, dos naciones, eso es lo que queremos, eso es lo único que nos motiva a repatriar los restos de Fernandito Túpac Amaru”.

¿Cómo se logra la repatriación de ‘Fernandito’?
Como destaca insistentemente el alcalde, este logro histórico es producto de muchos y de gran compromiso y esfuerzo. En el que han intervenido actores del nivel intergubernamental, no solo nacional, a través de la cancillería sino personalidades internacionales. “Hemos hecho documentos a la Cancillería de la República, como alcalde del Cuzco. Documentos a la Embajada del Perú en España, también al Parlamento Andino, y al Arzobispado de Madrid.
“Así es, que don Aldo Olcese, presidente de la Fundación Independiente y la Asociación Nacional Sociedad Civil, académico y vicepresidente de la Real Academia Europea de Doctores recibió el encargo del proceso, de un abogado importante del Perú, Ricardo Noriega Salaverry, este abogado le pide a su amigo Olcese, que le ayude a ubicar dónde están enterrados los restos de ‘Fernandito’ Túpac Amaru. Hasta ese entonces no se sabía absolutamente nada dónde estaban sus restos y él, un hombre con grandes y altas relaciones en España, hace un trabajo de investigación y lo primero que logra ubicar es el lugar donde fue enterrado”.
Olcese sabía que tenía que buscar por el barrio de las Letras, en uno de los dos cementerios: el del convento de las Trinitarias Descalzas o el de la iglesia de San Sebastián. Aunque primero se cercioró de las responsabilidades. “Si el cementerio es eclesiástico, tienes que hablar con las autoridades eclesiásticas. Las autoridades civiles no pintamos nada”, le señalaron a Olcese fuentes diplomáticas. Y cuenta el doctor que pudo realizar la investigación gracias a la pandemia. “Tengo muchas responsabilidades empresariales y en mi vida ordinaria no hubiera podido hacer lo que hice de no ser por el tiempo en el que paramos”, dice Olcese.

El líder insigne del poderío Inca
El doctor Salaverry hizo una crónica de lo ocurrido hacia el siglo XVIII. “José Gabriel Condorcanqui, conocido como Túpac Amaru II y nacido en 1738, lideró una rebelión contra la dominación española en Cuzco. Él –que era de origen mestizo, pero descendiente del último Inca, Túpac Amaru I (1545-1572)– ejercía de intermediario entre indígenas y autoridades españolas.
Su levantamiento culminó con la ejecución del corregidor de la provincia de Tinta, Antonio de Arriaga. El 18 de mayo de 1781, Túpac Amaru II fue decapitado y descuartizado en la Plaza Mayor de Cuzco junto a su mujer Micaela Bastidas, que murió por garrote, y a su hijo mayor, Hipólito, al que ahorcaron. Sirvió también como un aviso para los posibles sublevados. Por ello expusieron sus restos en las principales ciudades del virreinato con una ‘crueldad exagerada para la época’, según un documento de María de los Ángeles Pacheco para el Archivo General de Indias.
Le sobrevivieron sus dos vástagos, Mariano, entonces de 17 años, y Fernando, de 12, los cuales fueron obligados a presenciarlo todo. Les perdonan la vida por ser menores de edad, pero los mantienen presos en Lima hasta 1784, cuando los mandan a España en un galeón. Un viaje en el que fallece Mariano por una enfermedad a la edad de 21, en una parada en Río de Janeiro (Brasil), y ‘Fernandito’ se quedaba como último superviviente de la dinastía Inca.
Ahora, siglos después, como un símbolo de conciliación entre Perú y España y también para toda Latinoamérica, el mundo recordará la lucha y la perseverancia de un pueblo por la defensa de los derechos humanos que son universales y que sin importar los años que transcurran deben prevalecer por siempre.
