Encuentro Trump Petro: cuando cerrar la puerta abre el diálogo

Encuentro Trump Petro durante reunión privada en la Casa Blanca en Washington. Encuentro Trump Petro durante reunión privada en la Casa Blanca en Washington.
El Encuentro Trump Petro se realizó a puerta cerrada en Washington.

El Encuentro Trump Petro en Washington el pasado 3 de febrero dejó una lección que va más allá de la ideología: en plena era digital, el diálogo directo sigue siendo una herramienta insustituible de la diplomacia.

Más allá de que a unos les guste Donald Trump y a otros Gustavo Petro, o que a muchos no les guste ninguno de los dos, el encuentro entre el presidente de Estados Unidos y el presidente de Colombia en Washington el pasado 3 de febrero ofrece un material especialmente valioso para analizar la política desde la comunicación.

Se trata, además, de dos líderes ubicados en orillas ideológicas claramente opuestas.

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Encuentro Trump Petro: ideología y comunicación

Trump representa una derecha nacionalista, conservadora y confrontacional frente al multilateralismo, mientras que Petro encarna una izquierda progresista, con un discurso crítico del modelo económico tradicional y del poder estadounidense en la región. Esa distancia ideológica, lejos de ser un detalle menor, hace que cualquier gesto, silencio o decisión comunicativa cobre un peso adicional.

No desde la ideología, no desde la simpatía, sino desde el fondo de cómo se relacionan hoy el poder, el lenguaje y los escenarios en una época dominada por redes sociales, tecnología e inteligencia artificial.

Trump y Petro tienen algo en común que suele pasarse por alto precisamente porque se les ubica, con razón, en extremos políticos distintos: ambos son presidentes profundamente mediáticos.

El silencio estratégico del Encuentro Trump Petro

Ambos han hecho de las redes sociales una extensión de su liderazgo. Trump, incluso, creó su propia plataforma, Truth Social; Petro es uno de los mandatarios latinoamericanos con mayor presencia e impacto en X. Desde allí se lanzaron mensajes de confrontación, choques simbólicos, declaraciones agresivas y narrativas que deterioraron la relación bilateral. Mucha información, poca comunicación.

Por eso resulta tan llamativo, y contradictorio, que el encuentro entre ambos se haya dado a puerta cerrada. Sin transmisión en vivo. Sin periodistas en el Salón Oval. Sin la escenografía habitual de este tipo de reuniones. Dos líderes acostumbrados a la exposición permanente, y además separados por profundas diferencias ideológicas, decidieron apagar el ruido y sentarse lejos de las pantallas. Ese solo gesto ya es un mensaje político y comunicacional de alto calibre.

Información no es comunicación

Hay un detalle adicional que complejiza la escena: el idioma. Trump habla inglés; Petro, español. Ninguno domina plenamente la lengua del otro. En una visita protocolaria, el idioma esperado es el inglés, pero la presencia de traductores, los tiempos de la traducción y los matices que se pierden o se transforman hacen que la comunicación no sea solo verbal. Se vuelve gestual, simbólica, estratégica. Genera confianzas y desconfianzas, marca ritmos, obliga a la escucha. Todo eso ocurre lejos del tuit inmediato, celular o cámara.

Y aquí aparece un punto clave: solo quienes estuvieron dentro de esa sala saben realmente cómo fue la conversación. Medios, analistas y redes, construyeron discursos a partir de algo que no vieron ni escucharon. Fotos oficiales, sonrisas medidas, apretones de manos: imágenes que no informan, pero sí narran. Las fotografías no cuentan lo que se dijo; cuentan lo que queremos creer que se dijo. Y aun así, desde esas imágenes se elaboraron interpretaciones, hipótesis y juicios.

Este fenómeno revela una paradoja contemporánea: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, seguimos necesitando espacios de comunicación real. La política, en muchos momentos, no fracasa por falta de datos, sino por ausencia de diálogo.

En el caso Trump-Petro, la relación venía cargada de información negativa, pública y ruidosa, alimentada también por sus diferencias ideológicas explícitas. Lo que faltaba era comunicación directa. Sentarse. Mirarse. Escucharse. Volver a las prácticas clásicas de la diplomacia.

En ese sentido, hay que reconocer, más allá del cálculo político o la estrategia, el coraje de ambos líderes para entrar en un terreno donde las redes no mandan, aun cuando sus visiones del mundo son antagónicas. La diplomacia tiene códigos, símbolos, silencios. Exige tiempos. Exige tolerar la ambigüedad. Exige aceptar que no todo se puede ni se debe comunicar en tiempo real. El mensaje que envían al mundo es poderoso: incluso en la era digital, el cara a cara sigue siendo insustituible.

Pero la historia no termina allí.

Diplomacia clásica en tiempos digitales

Tras la reunión privada llega una segunda etapa comunicativa: la comunicación hacia los públicos. Ya no entre Trump y Petro, sino entre cada presidente y sus audiencias. Sus países, sus votantes, sus aliados y detractores. Y ahí reaparecen los mediadores tradicionales: ruedas de prensa, entrevistas, comunicados oficiales. La política vuelve a hablar a través de los medios, y las redes sociales regresan como un canal más, no como el único.

Esto no significa rechazar la tecnología ni demonizar las redes. Todo lo contrario. Significa entender su uso. La comunicación política madura no elimina herramientas; las ordena.

El encuentro demuestra que todavía hay momentos para el silencio estratégico y otros para la exposición pública. Que informar no siempre es comunicar. Que comunicar implica construir sentido, no solo lanzar mensajes.

El encuentro entre Trump y Petro es, en esencia, una lección contemporánea: incluso entre líderes ideológicamente enfrentados, en medio de la bulla digital, cerrar una puerta puede ser el primer paso para abrir un diálogo. Y en política, a veces, eso es más revolucionario que cualquier tuit.

Información oficial sobre reuniones diplomáticas en la Casa Blanca:
https://www.whitehouse.gov/briefing-room/

Redacción: Express News UK

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