
Gran Bretaña pone en marcha controles físicos a los alimentos frescos importados de la Unión Europea, marcando un hito en su relación post-Brexit. Tres años después de abandonar el mercado único de la UE, el país implementa medidas para salvaguardar la calidad y seguridad de los productos importados.
Minoristas y mayoristas advierten sobre posibles retrasos y escasez de productos frescos debido a los nuevos requisitos. Los consumidores podrían enfrentarse a una variedad reducida y precios más altos en los estantes de los supermercados.
La segunda fase del Modelo Operativo de Objetivos Fronterizos de Gran Bretaña, que incluye controles físicos en puertos para productos de riesgo medio, como carne, pescado, queso y flores cortadas, entra en vigor. Estas medidas también conllevan nuevos cargos.
El gobierno británico defiende los controles como esenciales para proteger la salud pública y prevenir la entrada de enfermedades y plagas. Además, busca nivelar el campo de juego para los exportadores nacionales.
