El fútbol no volvió a ser el mismo después de la década de los 30. Lo que comenzó como un sueño diplomático de Jules Rimet se convirtió en la mayor epopeya deportiva del planeta, y la Historia del Mundial 1938 representa el cierre de la era dorada antes de que el mundo se sumergiera en la oscuridad del conflicto bélico. En una Europa que ya escuchaba los tambores de la guerra, Francia se convirtió en el epicentro de un torneo marcado por la tensión política y la consagración de la primera gran dinastía del balompié.
Un torneo bajo la sombra de la guerra
La Historia del Mundial 1938 estuvo condicionada por el convulso clima internacional. España no pudo participar debido a su Guerra Civil, mientras que Argentina y Uruguay se ausentaron en protesta por la elección de una sede europea por segunda vez consecutiva. Además, la Historia del Mundial 1938 fue testigo de un hecho insólito: Austria, tras haber clasificado, desapareció como nación debido a la anexión alemana, dejando el cuadro con 15 selecciones.
A pesar de las ausencias, el nivel futbolístico alcanzó cuotas nunca antes vistas. Brasil presentó al mundo el “fútbol samba” y a su primera megaestrella, Leônidas da Silva, conocido como el “Diamante Negro”, quien terminó como goleador del certamen. Sin embargo, la Historia del Mundial 1938 terminaría confirmando que el orden y la estrategia seguían siendo el lenguaje universal para alcanzar la cima.
La hegemonía de la “Azzurra” en la Historia del Mundial 1938
La crónica deportiva de la Historia del Mundial 1938 encumbró nuevamente a la Italia dirigida por el estratega Vittorio Pozzo. Tras una semifinal épica donde eliminaron al vistoso Brasil, la escuadra italiana se citó en la final con la Hungría de György Sárosi. En el Estadio Olímpico de Colombes, en París, Italia demostró una superioridad física y táctica aplastante, venciendo 4-2 a los húngaros.
Con este triunfo, Italia se convirtió en la primera selección en retener el título y la única en ganar dos mundiales consecutivos con el mismo entrenador, un récord que perdura en la Historia del Mundial 1938. Aquel 19 de junio, Giuseppe Meazza y Silvio Piola levantaron el trofeo Jules Rimet por última vez en doce años; el balón dejaría de rodar en las citas orbitales hasta 1950, dejando esta edición como el último vestigio de fraternidad deportiva antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Redacción: Express News UK





