Las devastadoras inundaciones y avalanchas que golpean con dureza al Tíbet y a Nepal continúan agravando una crisis humanitaria sin precedentes en la región. A seis días de la tragedia inicial, la cifra oficial de cadáveres recuperados asciende a 939 solo en territorio nepalí, mientras que las autoridades han revisado a 3.925 el número de personas desaparecidas, entre las cuales figuran casi 600 ciudadanos extranjeros.
El desastre ha puesto bajo tensiones extremas a las comunidades locales y ha dejado al descubierto la vulnerabilidad de la infraestructura industrial en los valles del Himalaya.
La emergencia se concentra de manera crítica en torno a los ríos Bhote Koshi y Trishuli, situados en el distrito de Rasuwa, en la frontera con el Tíbet controlado por China. Alrededor de 13 proyectos hidroeléctricos ubicados en este corredor fluvial han quedado completamente arrasados por la fuerza de las riadas.
Entre ellos destaca la central Trishuli 3A, donde las autoridades sospechan que cientos de operarios permanecen atrapados en el interior de sus túneles de aducción de más de cuatro kilómetros de longitud, concebidos para desviar el caudal hacia las turbinas subterráneas.
Labores de rescate extremas y cooperación internacional
Ante la magnitud de los daños, las operaciones de búsqueda se han intensificado con el apoyo de especialistas procedentes de China, India y Corea del Sur. Para acelerar la remoción de escombros y abrirse paso en los colosos de hormigón, los equipos de emergencia combinan el uso de maquinaria pesada, drones, perros adiestrados y explosiones controladas.
En la planta de Trishuli 3A, unidades mixtas de soldados, policías y miembros de protección civil lograron abrir un acceso de unos 10 metros de profundidad, aunque los llamamientos lanzados hacia el interior todavía no han obtenido respuesta.
A pesar de la lentitud denunciada por decenas de familias angustiadas, la presión de los rescatistas ha permitido salvar a 279 trabajadores de los túneles inundados entre el viernes y el sábado. Testimonios de sobrevivientes, como el de Ram Chandra, reflejan la crudeza de haber resistido aferrados a las vigas de los techos mientras el nivel del agua y el lodo ascendían peligrosamente.
Con cerca de 639 operarios de centrales hidroeléctricas contabilizados actualmente entre los desaparecidos, una cifra inferior a los recuentos preliminares gracias a las localizaciones recientes, los rescatistas continúan bombeando aire y explorando cada rincón accesible.
Alertas vigentes y temor a nuevas riadas
La pesadilla estájos de terminar, ya que la División de Pronósticos de Inundaciones y la autoridad de desastres de Nepal han emitido nuevas advertencias ante la previsión de lluvias intensas a muy intensas en la Provincia de Bagmati, las cuales podrían prolongarse hasta principios de septiembre.
Aunque un lago aguas arriba ha logrado ser drenado parcialmente, la acumulación de escombros y la persistencia de los temporales mantienen elevado el riesgo de que se produzcan nuevas avalanchas y desbordamientos repentinos.
La industria hidroeléctrica, que había experimentado un auge vertiginoso en la última década debido al potencial de los ríos escarpados del Himalaya, afronta ahora un cuestionamiento profundo sobre sus estándares de seguridad frente a catástrofes naturales.
Mientras tanto, cientos de familiares continúan aferrados a una desgarradora esperanza a las puertas de las instalaciones destruidas, exigiendo mayor velocidad en unas tareas de rescate donde cada segundo resulta decisivo para hallar con vida a los desaparecidos.
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