La comida latina, una de las más sabrosas pero de las menos sanas

Latinoamérica está llena de exquisitos platillos y de una variedad gastronómica que atrae las miradas de todo el mundo y nos alegra el paladar día a día. Sin embargo, a la hora de hablar de dieta saludable no tiene la misma suerte. La mayoría de los países abusa de algunos ingredientes que parecen no ser tan favorables para el organismo.

Por Arelys Goncalves

Un estudio realizado por la Carga Global de las enfermedades que analiza las causas de muerte de la población a nivel mundial concluyó que la dieta alimentaria ya mata a más personas en el mundo que el consumo de cigarrillo. En resumen, lo que nos llevamos a la boca es la causa de muerte de una de cada cinco personas.

La investigación realizada con datos de 195 naciones determinó que Latinoamérica es una de las regiones afectadas por los hábitos de alimentación. Los alimentos altos en grasa, el consumo de sal en exceso y la ingesta de bebidas con alto contenido de azúcar parecen ser los grandes responsables.

Los latinos dentro y fuera del continente reúnen en su mesa gran parte de estos elementos nocivos. La investigación además advierte que, a nivel mundial, de los 11 millones de muertes que se registran en un año debido a una dieta inadecuada, 10 millones están vinculadas a enfermedades cardiovasculares. La sal parece ser una de las mayores amenazas debido a que eleva la presión arterial que aumenta el riesgo de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. Ella es la causa de muerte de 3 millones de personas en todo el mundo.

La carencia de nueces y semillas, verduras y alimentos con alto contenido de fibra y de omega-3 son otros de los factores.

Demasiada sal, carne y grasas

Países como Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay están en la lista de los que más consumen carnes rojas, mientras que Centroamérica, México, Colombia y Venezuela están en la lista de los que incluyen en su dieta un alto contenido de grasas y de sal, dos grandes enemigos de la salud. En términos generales, los que están en los peores lugares en la región son Haití, Honduras, República Dominicana y Venezuela con una alimentación deficiente en nutrientes y poco saludable. A nivel mundial, el país con la dieta menos sana es Uzbekistán con 892 muertes anuales por cada 100 mil habitantes.

En el caso de Estados Unidos, esta nación registró el mayor número de muertes causadas por diabetes tipo 2 que está asociada al consumo de azúcar. Este país que se encuentra entre los más poblados del mundo, también está entre los que menos frutos secos ingiere. China, por su parte, es la que concentra mayor número de fallecidos por la ingesta de sal y recientemente se ha sumado el alto consumo de alimentos procesados.

Perú con la mejor dieta

El estudio que fue publicado en la revista The Lancet destaca que el país suramericano tiene el menor número de muertes asociadas a la alimentación. Tal parece indicar que la comida peruana es una de las más saludables. La Sociedad peruana de gastronomía lanzó en ese país el lema «coma rico, coma sano, coma peruano» en una campaña para promover el estilo de alimentación saludable y sabroso con productos nacionales y relacionados con la agricultura familiar y la pesca artesanal. Tal vez estos cambios en la conducta de los ciudadanos han mejorado la tendencia en lo que ponen en su plato.

Luego de Perú están Puerto Rico y Panamá que parecen gozar también de una alimentación menos nociva que el resto de Latinoamérica. En todo el mundo, el primer lugar lo tiene Israel que registra la tasa de muertes relacionadas con la alimentación más baja de todo el planeta con 89 fallecimientos por cada 100 mil  habitantes. Le sigue Francia y España.

Cómo mejorar la dieta sin perder la sazón

La publicación recomienda que se debe incluir en toda dieta un mayor consumo de granos integrales, frutas, frutos secos, vegetales y reducir la cantidad de sal. En el caso de los latinos, el consumo de nueces o almendras es muy bajo y esta se ha convertido en una de las principales carencias de la población. Ahora que ya se sabe lo que hace falta en la mesa, no es necesario perder las tradiciones ni la magia de la gastronomía, pero sí incluir cambios que ayuden a preservar los platos típicos y vivir saludable.

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