Francia y Reino Unido rompen pacto migratorio del Canal de la Mancha

Migrantes cruzando el Canal de la Mancha en embarcación precaria Migrantes cruzando el Canal de la Mancha en embarcación precaria
Migrantes intentan cruzar el canal de la Mancha a bordo de una pequeña embarcación tras el fin del acuerdo bilateral de devoluciones entre Londres y París.

París rehúsa prorrogar el mecanismo de devolución de migrantes pactado en 2025 tras expirarlo este 1 de octubre. El Gobierno francés exige ahora a Londres un acuerdo global con los 27 países de la Unión Europea para gestionar las deportaciones.

Punto final al pacto diplomático entre Londres y París. Francia y el Reino Unido han abandonado formalmente el histórico acuerdo migratorio conocido como “uno entra, uno sale”. El mecanismo permitía a las autoridades británicas devolver a Francia a los migrantes llegados clandestinamente en pequeñas embarcaciones a cambio de acoger a solicitantes de asilo que tramitaban su entrada por vías oficiales.

Firmado en el verano de 2025 por el presidente Emmanuel Macron y el entonces primer ministro británico Keir Starmer, el texto nació con una vigencia inicial de un año. Tuvo una prórroga de un mes que venció el 1 de octubre. No habrá nueva firma.

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Francia cerró la puerta a pesar de las reiteradas peticiones del Gobierno británico para mantenerlo activo. En el fondo del choque subyace una discrepancia estratégica de fondo. París rechaza asumir en soledad el control fronterizo del bloque y reclama a Londres la negociación de un marco de deportación global con los 27 estados miembros de la Unión Europea.

El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, dejó clara esta posición en una comparecencia parlamentaria: “¿Por qué tenemos que gestionar esta frontera por nuestra cuenta? Creemos que Francia no debería tener que soportar sola la carga, y que sería mejor incorporarla en un acuerdo entre la Unión Europea y el Reino Unido”.

En los despachos británicos prima la decepción. Funcionarios del Despacho del Interior admitieron que hubieran preferido dar continuidad al plan piloto. Sin embargo, un portavoz de este departamento confirmó el miércoles que la prioridad ahora es utilizar “las lecciones aprendidas del programa piloto a fin de acelerar los esfuerzos para devolver a los migrantes de embarcaciones pequeñas sin derecho a quedarse en el Reino Unido”.

Aunque ambas administraciones destacaron una bajada del 43 % en las llegadas a las costas británicas hasta agosto respecto al mismo periodo de 2025, los analistas restan peso al acuerdo. Atribuyen este descenso al mal tiempo y a un despliegue policial más agresivo en las playas del norte de Francia.

Los datos revelan el escaso alcance real del programa. Cerca de 1.400 personas fueron devueltas a suelo francés en virtud de este mecanismo hasta septiembre. La cifra representa una minucia frente a las más de 41.000 personas que lograron cruzar el canal de la Mancha en botes inflables durante el año pasado. Mientras tanto, decenas de miles de migrantes eran expulsados mediante pactos bilaterales con terceros países.

Presión y rechazo político en Francia

El acuerdo generó un profundo rechazo político en Francia, donde la oposición acusó al Ejecutivo de ceder competencias ante Londres. Aun así, en su momento significó un bálsamo diplomático tras las heridas del Brexit, escenificado con la cesión temporal del Tapiz de Bayeux al Museo Británico durante la visita oficial de Macron a la capital inglesa.

El ministro Nuñez defendió la utilidad del programa como un freno psicológico. La clave, según el ministro, era la incertidumbre: cruzar en bote ya no garantizaba la permanencia en el Reino Unido. Según datos citados por el ministerio y procedentes del ACNUR, la medida disuadió a numerosos migrantes en origen.

Las ONG desmontan este relato. Organizaciones de asistencia humanitaria constataron que la información sobre el pacto nunca llegó a los campamentos informales del norte de Francia. Además, el procedimiento para la vía legal resultaba asfixiante: los solicitantes debían llevar su teléfono encima a todas horas para atender llamadas de control británico en un margen de tres meses.

Las denuncias sobre irregularidades jurídicas se acumularon durante meses. Siete relatores de la ONU y un experto independiente advirtieron por carta en diciembre de 2025 sobre el “riesgo de arbitrariedad”, “discriminación” y de “detención arbitraria” en la selección de los deportados.

“Este es verdaderamente un acuerdo sumamente deshonesto”, sostiene Diane Léon, coordinadora de Médicos del Mundo en el norte de Francia. “Si este acuerdo hubiera sido verdaderamente justo, se habrían implementado iniciativas de divulgación para permitir a las personas presentar de hecho una solicitud”.

Las consecuencias del programa se sufren en la calle. Ezeldin Adam An-Noor, un joven de 25 años que huyó del conflicto de Darfur, fue interceptado tras desembarcar cerca de Dover junto a otras 60 personas. Pasó por un centro de deportación británico antes de ser expulsado a Francia, donde vive actualmente sin refugio.

“No soy un delincuente, soy un solicitante de asilo”, denuncia An-Noor desde la intemperie. El Gobierno británico niega irregularidades y sostiene su compromiso con la seguridad de los migrantes, pero el fin del pacto deja de nuevo el Canal de la Mancha sin una hoja de ruta clara.

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