Voto peruano en Europa revela una tendencia que genera debate: peruanos residentes en España, Francia y Reino Unido respaldan mayoritariamente a Rafael López Aliaga en las elecciones presidenciales, pese a vivir en sociedades con valores liberales.
Al cierre de esta edición, con más del 70% de las actas contabilizadas en Europa y más del 93% en el Perú, los resultados de las elecciones presidenciales dibujan una imagen tan clara como incómoda: no existe un solo Perú político, sino al menos dos. Uno que vota desde dentro del país, y otro que vota desde fuera. Y entre ambos, una distancia que no es geográfica, sino emocional.
Resultados del voto peruano en Europa muestran una tendencia clara
En España, Francia y el Reino Unido, tres de los principales núcleos de la diáspora peruana en Europa, el candidato Rafael López Aliaga lidera de manera consistente. En España, con cerca del 47.5% de las actas, supera los 6,900 votos; en Francia, con el 41.93%, encabeza un escenario fragmentado donde Jorge Nieto aparece como segunda fuerza; y en el Reino Unido, con más del 69% de actas contabilizadas, vuelve a ocupar el primer lugar, seguido nuevamente por Nieto. Tres países, tres contextos distintos, un mismo resultado. No es un dato menor; es un síntoma.
Porque López Aliaga no es simplemente un candidato más. Es una figura política marcada por posturas abiertamente ultraconservadoras: en contra del aborto, en contra del matrimonio igualitario y con un discurso que, en ciertos momentos, se acerca a una visión autoritaria del poder. Y, sin embargo, gana. Y gana precisamente en Europa.
Ahí es donde aparece la pregunta incómoda: ¿cómo es posible que ciudadanos peruanos que viven en sociedades profundamente liberales, donde los derechos individuales, la diversidad y la igualdad son pilares estructurales, voten mayoritariamente por un candidato que representa lo opuesto?
La respuesta no es simple. Pero es reveladora.
Existe una idea extendida de que migrar transforma automáticamente la mentalidad de las personas. Que vivir en Europa implica adoptar valores europeos. Los resultados dicen lo contrario. El peruano en Europa no necesariamente se vuelve más progresista. Se vuelve más consciente de sus miedos. La migración no borra la identidad política: la intensifica.

Muchos migrantes llegan a Europa buscando estabilidad, orden, seguridad económica. Y es precisamente desde ese lugar que votan. No desde el ideal europeo, sino desde la memoria del Perú. El voto, entonces, no es una respuesta al presente europeo. Es una reacción al pasado peruano.
Si algo une a gran parte del voto peruano en el exterior es una sensación compartida: el rechazo al caos. Corrupción. Inestabilidad. Violencia. Crisis política permanente. Frente a eso, figuras como López Aliaga se posicionan como símbolos de “orden”. No importa que ese orden venga acompañado de discursos excluyentes o regresivos en términos de derechos. Lo importante es que promete control. Y en política, el miedo suele pesar más que los valores.
La contradicción del voto peruano en Europa
Aquí aparece la contradicción más fuerte. El peruano en Europa vive en sistemas donde el aborto es legal, el matrimonio igualitario es aceptado, los derechos civiles están protegidos y la diversidad forma parte de la vida cotidiana. Y, sin embargo, vota por propuestas que cuestionan esos mismos principios. No es necesariamente ignorancia. Es desconexión. El voto no está basado en la experiencia diaria en Europa, sino en una narrativa emocional sobre el Perú.
Mientras López Aliaga capitaliza ese voto emocional, el resto de los candidatos aparece fragmentado. Jorge Nieto representa una opción más institucional, pero sin arrastre emocional fuerte. Carlos Álvarez canaliza cierto voto popular, aunque sin una estructura sólida. Keiko Fujimori mantiene un núcleo histórico, pero lejos de su hegemonía de otros años.
Alfonso López Chau y Ricardo Belmont quedan como opciones dispersas, sin capacidad de consolidar mayoría. El problema no es solo López Aliaga. Es la incapacidad del resto de construir una alternativa clara que conecte con esa emoción dominante.
Pero este fenómeno no es exclusivo del Perú. En Chile, en los últimos años, se ha observado un giro similar. Tras un proceso constituyente profundamente progresista, el país experimentó un giro hacia opciones más conservadoras, impulsado por el miedo a la incertidumbre y al desorden.
Lo que parecía un avance lineal hacia un modelo más liberal terminó revelando una tensión interna mucho más compleja. El caso peruano en Europa dialoga con ese mismo patrón: cuando la incertidumbre crece, el electorado tiende a refugiarse en discursos de control, incluso si eso implica retrocesos en libertades.
Hay algo más profundo en juego. El migrante vive en una especie de doble realidad: físicamente en Europa, pero emocionalmente en el Perú. Esa distancia genera una idealización peligrosa. Se vota por el país que uno recuerda, no por el país que existe. Y en ese recuerdo, muchas veces, lo que domina no es la complejidad, sino la necesidad de orden, incluso a costa de libertades.
Conclusión: un voto entre dos mundos
Sería fácil calificar este comportamiento como una contradicción o incluso como una forma de hipocresía. Pero sería un error simplificarlo. El migrante también vive tensiones: precariedad laboral, adaptación cultural, discriminación, presión económica, sensación de no pertenecer del todo. En ese contexto, el discurso de autoridad no es necesariamente ideológico. Es emocional. Es una forma de recuperar control en un mundo que muchas veces se percibe como ajeno.
Más allá de los números, hay una pregunta que persiste: ¿qué tipo de país imaginan los peruanos que viven fuera? Porque votar desde Europa por un proyecto político que no encajaría en Europa no es solo una contradicción. Es una declaración.
Los resultados en Europa no son un accidente. Son un reflejo de algo más profundo: una identidad política que no cambia con la geografía. El peruano en Europa no deja de ser peruano políticamente. Pero tampoco termina de ser europeo. Se queda en medio. Y desde ese lugar intermedio, vota.
No por el país en el que vive. Sino por el país que teme perder.
Autor: Gustavo Portugal
Redacción: Express News UK







