La Casa Real británica ha decidido dar un golpe de timón en materia tecnológica. Ante la creciente amenaza de ciberataques atribuidos a hackers rusos, la institución ha optado por blindar sus infraestructuras digitales y destinar una parte sustancial de su financiación a la modernización de sistemas informáticos obsoletos.
La medida busca evitar episodios como el registrado en octubre de 2023, cuando la web oficial de la monarquía quedó fuera de servicio durante hora y media, poniendo en evidencia las vulnerabilidades del palacio frente al incremento de las operaciones hostiles en el ámbito digital.
Para acometer esta transformación, el Gobierno británico ha previsto elevar el componente central de la Subvención Soberana, pasando de 72 millones de libras en 2026 hasta los 99 millones previstos para 2027.
Tal como ha señalado el ministro de Hacienda, Dan Tomlinson, esta inyección económica permitirá reemplazar sistemas anticuados, fortalecer de manera integral la ciberseguridad e instalar mecanismos de calefacción más eficientes.
El aumento presupuestario también responde a la intensa agenda internacional que Carlos III y la reina Camila han recuperado, incrementando las necesidades logísticas de la Corona.
Adiós a Buckingham como residencia privada
Paralelamente a las mejoras en ciberseguridad, Carlos III y Camila han tomado una decisión de enorme calado simbólico para la monarquía: no convertirán el Palacio de Buckingham en su hogar personal una vez concluyan las faraónicas obras de renovación que llevan una década en marcha.
Tras una inversión cercana a los 369 millones de libras destinada a renovar tuberías, cableado y calderas para evitar riesgos estructurales, los reyes han preferido mantener su residencia oficial en Clarence House, donde viven desde 2003.
Buckingham, que ha sido el corazón de la vida monárquica desde que la reina Victoria se instalara en 1837, continuará albergando recepciones oficiales, actos diplomáticos y compromisos institucionales, pero mantendrá una presencia privada reducida.
Esta circunstancia permitirá flexibilizar las restricciones de seguridad y abrir aún más las puertas del emblemático palacio al público general, marcando una nueva etapa en la relación entre la Corona británica y uno de sus edificios más emblemáticos.
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