“Clifton Suspension Bridge”: Cuando la osadía hace historia

Ig: @Coleccionando_Puentes  

En la increíble ciudad de Bristol se encuentra una joya que no esperaba conocer: el puente colgante de Clifton. Con una arquitectura simple y elegante, está construido entre montañas, salvando el precipicio entre el lujoso barrio de Clifton en Bristol con el no menos lujoso Leigh Woods en North Somerset. 

Exactamente sobre la garganta del río Avon (segundo más importante de Inglaterra). 

La osadía de Brunel 

¿Alguna vez se han abstenido de concretar una idea genial porque creen que hay otras personas más capacitadas? Si Isambard Brunel a sus 23 años hubiera tenido esos pruritos, este puente colgante (uno de los más antiguos y mejores conservados del mundo), no se habría construido. 

Cuenta la historia que, tras varios puentes de piedra construidos para salvar la distancia de 412 metros entre ambos pueblos, y derribados por su alto riesgo, finalmente se llamó a un concurso de propuestas para construir una obra definitiva en la que básicamente, el presupuesto era el criterio principal para la elección. Brunel se presentó con cuatro propuestas de 22 que fueron evaluadas, pero uno de los jueces rechazó todas, presentando luego una propia. 

Brunel no se iba a dejar ganar. El premio al concurso eran 100 guineas (Una buena cantidad para la época), además del reconocimiento por construir semejante obra, cosa que no le venía nada mal a quien apenas diseñaba su primer proyecto arquitectónico. Diseñó una nueva propuesta, esta vez costando la mitad de la presentada por el juez y obtuvo el contrato. 

El puente comenzó a construirse en 1831 al igual que su carrera como ingeniero. Ambas fueron un éxito: el joven Brunel se consagró como un importante ingeniero en el Reino Unido y el puente -que se demoró 33 años en terminarse- es una obra icónica en el país. 

El vértigo del primer paso 

Debo decir que antes de atreverme a hacer algo nuevo, doy mil vueltas. Siempre hay alguien que creo que puede hacerlo mejor que yo, o que aún tengo mucho que aprender antes de lanzarme a la acción. En psicología lo llaman el “Síndrome del impostor”. Por lo que de la historia de Brunel y su osadía al atreverse, obteniendo un resultado perdurable, me dejan una gran lección. 

¡Cuán importante es seguir el instinto! Tener convicción en sí mismo, dar el primer paso o ¡saltar al vacío! 

Enfrentando el miedo 

Pero hay una cosa más. 

Yo crecí en un apartamento en un 11avo piso. El apartamento donde vivía mi abuela quedaba en un piso 15. Siempre jugué en las ventanas, o en las barandas, sin rejas. Nunca tuve miedo a las alturas.  

Hasta que nació mi hijo. Desde entonces, la cercanía a cualquier borde me produce calambres en las piernas, me cuesta respirar, me siento terrible, aunque trato, desde lo más profundo de mi ser, de no transmitirle a él mi miedo o de que este no me limite conocer ciertos lugares. 

Pues frente al Clifton Bridge hay un mirador que te permite disfrutarlo en toda su gloria, y que, por supuesto, está a una considerable altura. 

Estando ahí, y mientras yo hacía mi mayor esfuerzo para no parecer asustada, mi hijo de cinco años (que supuestamente no sabía de mi temor), actuando como si fuera Yoda en La Guerra de las Galaxias, me regaló un consejo que les comparto: 

“Anda sola al borde al ver la montaña, si no enfrentas tu miedo tu sola, te vas a arrepentir, nunca lo vas a superar”. 

Seguramente lo mismo pensó Brunel. 

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