Diómer Hernández llegó a Barcelona hace ocho años con su esposa. Tras trabajar como cuidador de personas mayores y como ayudante de panadería, decidió emprender junto a sus tres hijos. Hoy, la familia cuenta con cinco establecimientos de comida colombiana.
Cuando Diómer Hernández llegó a Barcelona, lo hizo con su esposa y una ilusión compartida por muchas personas que emigran: construir una nueva vida. Sin embargo, pronto descubrió que comenzar de nuevo en otro país implica enfrentarse a una realidad muy distinta de la que uno imagina antes de salir de su tierra.
“Empezamos desde cero”, explica. Para él, la clave fue mantener la actitud de trabajo; dejar atrás parte de lo conocido y afrontar las dificultades con paciencia y perseverancia.
Sus primeros años en España no fueron fáciles. Durante aproximadamente dos años trabajó cuidando a personas mayores, una labor que recuerda como dura, aunque también como una experiencia que terminó formando parte de su camino. Más adelante, consiguió una oportunidad como ayudante de panadería. Aunque no tenía experiencia específica en ese ámbito, siempre había sentido interés por la cocina y aprovechó la ocasión para aprender.
Hernández recuerda con agradecimiento a las personas que le enseñaron el oficio y, especialmente, a uno de sus antiguos jefes, a quien describe como una persona muy buena que le ayudó durante aquella etapa.
Con el tiempo, y después de varios años trabajando en España, llegó el momento de dar un paso más. Reunido con su esposa y sus tres hijos, decidió poner en marcha un pequeño negocio de comida colombiana y panadería. La idea era aprovechar lo aprendido y ofrecer productos elaborados de manera artesanal, como se hacen tradicionalmente en Colombia.
“Esto es muy difícil. Llevarlo al hecho no es fácil”, reconoce. A las dificultades propias de emprender se sumaban el desconocimiento de las leyes y los trámites de un país nuevo. Aun así, la familia consiguió sacar adelante el primer local y comenzó a trabajar en un proyecto que, poco a poco, fue creciendo.

Uno de los aspectos que Diómer destaca es la elaboración artesanal de sus productos. Empanadas, papas y pan forman parte de una oferta que busca mantener los sabores y las formas de preparación de su país de origen. Para él, esa manera de trabajar es también una forma de conservar sus raíces y compartirlas con otras personas.
El crecimiento no llegó de un día para otro. Fueron años de esfuerzo, sacrificios y aprendizaje. Pero el trabajo conjunto de la familia permitió que aquel primer negocio se convirtiera en una empresa con cinco establecimientos: dos en Barcelona, dos en el País Vasco y uno en Alicante.
Hoy, sus hijos también participan en el proyecto y comienzan a asumir parte del legado que su padre ha construido. Diómer, que tiene 56 años, considera que trabajar junto a su esposa y sus hijos es uno de los aspectos más importantes de esta etapa de su vida.
“Cuando estamos todos juntos, es algo muy importante para uno”, señala. La familia se ha convertido así en el motor de un proyecto que nació de la necesidad de empezar de nuevo y que, con el tiempo, se ha transformado en una oportunidad para crecer juntos.
A quienes están pensando en emigrar, Hernández les transmite un mensaje de realismo y esperanza. Reconoce que llegar a otro país no es fácil y que pueden aparecer momentos de desconcierto o ganas de abandonar. Pero insiste en que, con voluntad, trabajo y paciencia, los objetivos pueden alcanzarse.
“Poco a poco vamos consiguiendo nuestros sueños”, resume. Una frase que refleja el recorrido de un emprendedor que llegó a España con su esposa, empezó desde cero y hoy continúa trabajando junto a sus hijos para seguir haciendo crecer su proyecto.
TE LO RECOM ENDAMOS:







