El candidato del Partido Liberal logra el 47% de los votos frente al 45% del mandatario de izquierda, superando las previsiones de los sondeos y asegurando una posición de fuerza para el balotaje del 25 de octubre. El avance conservador en el Congreso y las negociaciones con fuerzas afines arrinconan al oficialismo en la contienda decisiva.
Flávio Bolsonaro se ha impuesto este domingo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales tras recabar el 47% de los sufragios, aventajando en dos puntos al actual jefe de Estado, Luiz Inácio Lula da Silva, quien obtuvo un 45% con el escrutinio prácticamente finalizado.
El resultado ha sacudido los cimientos de la política del país sudamericano. Aunque el candidato liberal quedó a un escaso 2,96% de finiquitar la contienda sin necesidad de segunda vuelta, la ventaja cosechada en los feudos clave lo sitúa en una posición inmejorable para la cita del próximo 25 de octubre.
“Estoy muy contento con el resultado: casi 56 millones de brasileños me dieron este voto de confianza. Es una señal de que Brasil quiere un cambio”, celebró el senador del Partido Liberal (PL) ante la muchedumbre reunida en su cuartel general. Más tarde, ante las cámaras de AFP, reforzó su optimismo de cara al balotaje: “Estoy muy contento con la posibilidad real de que, dentro de tres semanas, Brasil dé una respuesta definitiva eligiendo un gobierno moderno”.
El varapalo electoral para el Partido de los Trabajadores (PT) trasciende la pugna presidencial. En su histórico bastión de San Pablo, Lula encajó una severa derrota por una diferencia superior a los dos millones y medio de votos.
La marea conservadora se extendió por todo el mapa: el Partido Liberal de Bolsonaro conquistó la victoria en 18 de los 26 estados, logrando colocar a 39 senadores y 388 diputados federales en el Congreso.
La victoria parlamentaria asegurará la mayor bancada en el legislativo y deja el mapa político dominado por la derecha. Además, la esposa del expresidente Jair Bolsonaro, Michelle Bolsonaro, resultó electa senadora.
“Queda decretado el fin de la era del PT”, sentenció el aspirante vencedor tras confirmarse la hegemonía de su formación.
Frente al revés en las urnas, el mandatario de 80 años admitió la sorpresa del escrutinio, pero descartó la rendición. “Admito que estaba convencido de que ganaría en la primera ronda”, confesó Lula a sus simpatizantes en San Pablo. “El partido está a punto de comenzar. Estamos en la prórroga. En la prórroga, nos ganaremos al pueblo brasileño”.
La matemática electoral favorece las aspiraciones de Bolsonaro. En las próximas tres semanas, el senador prevé abrochar una alianza formal con sus exadversarios conservadores Augusto Cury (Avante), Renan Santos (Missão) y Ronaldo Caiado (Social Democrático).
Caiado, un veterano defensor del orden público y la propiedad privada; Cury, partidario de reducir el Estado y la presión fiscal; y Santos, referente de la extrema derecha, suman conjuntamente casi un 8% del electorado. La suma de estos apoyos dejaría a Lula matemáticamente sin margen de maniobra.
La única vía para la candidatura del PT pasa por captar a la bolsa de más de 30 millones de abstencionistas, votantes desilusionados por los problemas económicos y el repunte de la delincuencia callejera.
“Vamos a trabajar para que las personas salgan, porque en este momento histórico de Brasil es necesario que la gente vote”, clamó el presidente. Sin embargo, analistas coinciden en la extrema dificultad de movilizar a ese sector descontento en apenas 20 días.
A diferencia del perfil más radical de su padre, quien cumple una condena de 27 años de prisión por el intento de golpe de Estado de 2023, Flávio se presenta con un tono más moderado y centrado en la gestión económica, recortar gasto público e impulsar minerales críticos.
Promete, no obstante, amnistiar a su padre y a los procesados por los asaltos del 8 de enero. En materia de seguridad, aboga por endurecer penas, construir prisiones de máxima seguridad al estilo salvadoreño y calificar a las bandas criminales como organizaciones terroristas.
El escenario regional también juega en contra del veterano líder progresista. Cercado por un bloque conservador latinoamericano alineado con la administración de Donald Trump en Estados Unidos, Lula cuenta con contados aliados internacionales como Uruguay y México.
Mientras la diplomacia estadounidense contempla la elección para reajustar sus relaciones bilaterales e integrar a Brasil en el programa antinarcóticos “Escudo de las Américas”, la contienda nacional llega a su hora decisiva.
El próximo 25 de octubre se sabrá si el histórico proyecto del PT resiste la embestida o si Brasil consolida definitivamente el giro a la derecha que sacude al continente.
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