El fútbol no volvió a ser el mismo después de la década de los 30, pero fue en la Historia del Mundial 1962 donde el deporte puso a prueba su capacidad de resiliencia y adaptación. Celebrado en Chile, este torneo es recordado como uno de los más físicos y aguerridos de la cronología deportiva, marcado por la superación de un país anfitrión que se levantó de un devastador terremoto para organizar la gran cita y por la consolidación de una hegemonía brasileña que no se detuvo ni ante la ausencia de su máxima figura.
El milagro chileno y la dureza en el césped
La organización de la Historia del Mundial 1962 fue, en sí misma, una victoria del espíritu humano. Apenas dos años antes del pitazo inicial, Chile sufrió el terremoto más fuerte registrado en la historia, lo que obligó a una reconstrucción relámpago de sedes e infraestructura bajo el lema: “Porque nada tenemos, lo haremos todo”. En lo deportivo, la Historia del Mundial 1962 introdujo un estilo de juego mucho más defensivo y rudo, personificado en la famosa “Batalla de Santiago” entre Chile e Italia, uno de los partidos más violentos que se recuerden en un mundial.
Este torneo también fue testigo de innovaciones tácticas y registros inusuales. Fue la última edición en la que el promedio de gol fue superior a tres por partido antes de que el Catenaccio se impusiera en Europa. Además, la Historia del Mundial 1962 dejó una marca estadística curiosa: debido a la paridad y la dureza de las defensas, seis jugadores terminaron empatados como máximos goleadores con apenas cuatro tantos cada uno, incluyendo al brasileño Garrincha y al chileno Leonel Sánchez.
La magia de Garrincha y el bicampeonato en la Historia del Mundial 1962
La crónica de la Historia del Mundial 1962 dio un giro dramático cuando Pelé, la estrella rutilante del planeta, cayó lesionado en el segundo partido ante Checoslovaquia. Parecía que el sueño del bicampeonato para Brasil se desmoronaba; sin embargo, surgió la figura de Manuel Francisco dos Santos, “Garrincha”. El “Ángel de las piernas torcidas” tomó las riendas del equipo y, junto a un inspirado Amarildo, guio a la “Canarinha” a través de una fase eliminatoria impecable, superando a Inglaterra y al anfitrión Chile en semifinales.
La gran final de la Historia del Mundial 1962, disputada el 17 de junio en el Estadio Nacional de Santiago, enfrentó nuevamente a Brasil contra Checoslovaquia. A pesar de comenzar perdiendo tras un gol de Josef Masopust, Brasil demostró su jerarquía colectiva remontando con goles de Amarildo, Zito y Vavá para sellar el 3-1 definitivo. Con este triunfo, Brasil se unía a Italia como las únicas selecciones en la Historia del Mundial 1962 capaces de defender su corona con éxito, marcando una era de dominio técnico que pocos han podido igualar.
Redacción: Express News UK






