Una catástrofe sin precedentes ha golpeado el norte de Nepal tras registrarse una serie de inundaciones repentinas a lo largo del río Bhote Koshi, cerca de la frontera con el Tíbet.
El trágico saldo provisional ya asciende a al menos 157 personas fallecidas, mientras los equipos de rescate continúan recuperando cuerpos de manera ininterrumpida y temen que la cifra aumente drásticamente en las próximas horas debido a la magnitud de los daños.
El desastre se desencadenó a primera hora del miércoles en el distrito de Rasuwa, al norte de Katmandú. Testigos y autoridades locales han descrito los efectos del fenómeno como “inimaginable”, con grabaciones que muestran a residentes corriendo desesperadamente para salvar sus vidas mientras las riadas de agua y lodo sumergen edificios de hasta ocho plantas, destruyen carreteras principales y arrastran puentes metálicos enteros.
Impacto internacional y labores de rescate en riesgo
Entre los cientos de desaparecidos, cifra que supera las 291 personas extranjeras y locales no localizadas, se encuentran al menos 33 ciudadanos británicos, entre los que figura una menor de 13 años. Asimismo, figuran decenas de ciudadanos de nacionalidad india, malaya, sudafricana, estadounidense, australiana y neerlandesa.
El gobierno nepalí ha solicitado asistencia de urgencia a las naciones vecinas de India y China para reforzar las operaciones de auxilio. Hasta el momento, el ejército ha logrado poner a salvo a unas 88 personas, aunque cerca de 115 permanecen atrapadas en una aldea incomunicada.
La labor de los 15 helicópteros movilizados se ha visto severamente obstaculizada por las condiciones meteorológicas y la densa acumulación de sedimentos, impidiendo aterrizajes seguros en las zonas más críticas.
Testimonios de supervivencia y causas científicas
Historias de supervivencia milagrosa emergen entre el lodo. Bibek Kumal, un obrero nepalí de 24 años que trabajaba cavando un pozo, logró ponerse a salvo tras escuchar un fuerte silbido y ser arrastrado por la corriente hasta quedar atrapado en las ramas de un mango. Relatos similares ofrece la menor Rihana Lamichhane, de 11 años, quien fue sorprendida por la riada cuando regresaba a su casa tras el cierre preventivo de su escuela.
En cuanto al origen del fenómeno, los primeros indicios apuntaban a un posible terremoto debido a la potencia del impacto, que fue registrada por el Servicio Geológico de Estados Unidos como un equivalente sísmico de magnitud 5,2.
Sin embargo, científicos glaciólogos, como Simon Cook de la Universidad de Dundee, han determinado que la catástrofe fue provocada por el desprendimiento de un bloque de hielo glaciar que cayó miles de metros por el valle, generando una pulverización masiva de agua y flujos violentos de escombros.
Los expertos advierten que el calentamiento global y la degradación del permafrost están desestabilizando los paisajes de alta montaña en el Himalaya, incrementando peligrosamente la frecuencia de estos desastres naturales en regiones vulnerables.
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