Así mutaron las pandillas latinas Los Trinitarios y Latin Kings en España

Armas blancas, machetes, collares amarillos y dinero en efectivo incautados por la Guardia Civil a miembros de los Latin Kings. Armas blancas, machetes, collares amarillos y dinero en efectivo incautados por la Guardia Civil a miembros de los Latin Kings.
Material delictivo, simbología y machetes incautados por la Guardia Civil en un operativo contra la estructura de los Latin Kings en España.

La detención de tres integrantes de los Trinitarios por un tiroteo mortal en L’Hospitalet de Llobregat pone frente de los reflectores la consolidación de las bandas juveniles urbanas en España. Lo que nació como redes de protección entre jóvenes inmigrantes a comienzos de siglo se ha transformado en un entramado criminal que combina cibermacroestafas, asesinatos, violencia con machetes y la explotación sistemática de menores de edad.

Tres arrestos en el Parc de les Planes

Seis meses de rastreo minucioso concluyeron al amanecer con tres entradas domiciliarias simultáneas. Los Mossos d’Esquadra arrestaron el pasado martes a tres jóvenes de entre 18 y 30 años, vinculados a la organización criminal Los Trinitarios, como presuntos autores de los disparos que resonaron en la noche del pasado 28 de marzo en el Parc de les Planes de L’Hospitalet de Llobregat. Un joven de 28 años perdió la vida y otro de 18 resultó herido por arma de fuego.

En uno de los registros se intervino un arma corta de fuego, bajo peritaje para ratificar si apretó el gatillo esa jornada. La policía catalana descarta que el fallecido integrase alguna facción y desvincula el suceso de una reyerta previa entre rivales. El detonante fue una discusión circunstancial que escaló hasta las balas en un espacio público habitualmente frecuentado por pandilleros.

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El caso exhibe la volatilidad de estos grupos en los entornos urbanos. Para frenar la deriva, la Policía catalana ultima un plan integral de choque enfocado en cortar el reclutamiento temprano de adolescentes.

De la protección carcelaria a la franquicia delictiva

El mapa no es nuevo. Los Trinitarios surgieron en 1989 tras los barrotes de la prisión de Rikers Island, en Nueva York. Presos dominicanos crearon el colectivo para defenderse del resto de reclusos, adoptando el nombre en homenaje a la sociedad secreta que impulsó la independencia de su país. A comienzos de los años 2000, los flujos migratorios trasladaron la estructura a suelo español.

Paralelamente desembarcaron sus acérrimos enemigos. Los Latin Kings, fundados en Chicago en 1954, establecieron su primer “capítulo” en Galapagar (Madrid) en el año 2000. Aunque en 2006 sus líderes intentaron revestirse de legalidad inscribiéndose como asociación cultural en Cataluña, la vía de la integración formal fracasó ante el auge de las actividades delictivas.

Hoy ambas organizaciones operan como franquicias implantadas en gran parte del territorio nacional. La Policía Nacional y la Guardia Civil focalizan sus rastreos en la Comunidad de Madrid, su gran bastión, con bloques activos en Usera, Carabanchel o Vallecas y municipios periféricos como Fuenlabrada, Alcalá de Henares o Collado Villalba, pero la mancha se extiende.

Barcelona, Tarragona, Valencia, Alicante, Zaragoza, Bilbao o Murcia registran la huella constante de sus operativos. En el sur, la Comisaría General de Información detecta una fuerte implantación de los Latin Kings en provincias como Sevilla y Málaga.

Machetes, “caídas” y violencia por confusión

La disputa de las calles se libra con acero de grandes dimensiones. Las llamadas “caídas”, emboscadas sorpresas ejecutadas con machetes o cuchillos de caza,  marcan el ritmo de las disputas territoriales.

En diciembre de 2023, un ataque coordinado con armas blancas de gran tamaño a la salida de una discoteca madrileña contra miembros de los Dominican Don’t Play (DDP) se saldó con tres heridos graves; el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ratificó en abril de 2026 una pena de 33 años de cárcel para uno de los ejecutores.

La captación en las puertas de los colegios no busca solo adeptos; busca escudos penales para mover armas y ejecutar cacerías en los parques.

No siempre hay un rival enfrente. Las células o “coros” de los Trinitarios han protagonizado ataques feroces contra jóvenes independientes en localidades como Valdemoro o Azuqueca de Henares, agrediéndolos brutalmente tras confundir el color de sus prendas de vestir con la simbología de bandas enemigas.

El choque no es solo externo, porque la caída de históricos cabecillas como “Luis Javier” desató una “guerra civil” en distritos madrileños como Puente de Vallecas. Facciones desgajadas se disputaron a tiros el control de los puntos de menudeo de droga, mientras en la periferia se registraban alianzas circunstanciales.

En Collado Villalba, miembros de los Trinitarios llegaron a articular un “bloque único” provisional junto a bandas menores como los Blood o los Forty-Two para perpetrar robos armados y resistir el empuje de los Latin Kings.

Por parte de los Latin Kings, la búsqueda de mayor agresividad provocó la desarticulación en febrero de 2023 de “Los Torcidos”. Esta facción violenta, dirigida desde la prisión gallega de Teixeiro por el fundador histórico Eric Velastegui, buscaba recuperar el control territorial a golpe de machete tras reyertas iniciadas en Galapagar.

La violencia impregna su historial desde el caso fundacional de Jimmy Junior en 2005 en Madrid, hasta la reciente Operación Kamaleones en Cataluña, donde la Guardia Civil detuvo a 32 integrantes del denominado “Reino Hispano” imputados por homicidio y planes frustrados de ajustes de cuentas a mano armada.

El salto a la delincuencia organizada

Integrantes de agrupaciones juveniles luciendo la vestimenta y los colores característicos con los que identifican el control de sus territorios en los barrios.

El honor de la banda ha quedado relegado a un segundo plano. La Fiscalía y las fuerzas de seguridad constatan una mutación profunda hacia la delincuencia organizada multifacética. Los recursos financieros ya no dependen únicamente de las cuotas impuestas a sus miembros o de los pequeños hurtos en parques públicos.

Los Trinitarios han desplegado complejas tramas de cibercrimen. Mediante estafas bancarias e ingenierías informáticas coordinadas desde el País Vasco y otras regiones, alimentan las arcas de la organización paralelamente al tráfico de estupefacientes. Los Latin Kings, por su parte, estructuran el negocio mediante la extorsión sistemática a menores en el entorno escolar y la gestión de puntos de venta de droga.

El control del territorio mediante cacerías y agresiones por error de vestimenta ha dado paso a redes híbridas de narcotráfico y estafas bancarias en la red.

En la base del sistema operativo figuran los eslabones más vulnerables. La captación de menores de 14 años a las puertas de los colegios se ha convertido en una táctica estandarizada.

Las cúpulas utilizan a los adolescentes para vigilar las esquinas, transportar las armas de fuego y blandir los machetes durante las agresiones. De este modo, los líderes eluden las penas de prisión por inducción al homicidio, mientras coercionan y amenazan a los jóvenes que intentan romper su vínculo con el grupo.

El armamento decomisado en las últimas operaciones evidencia la transformación del fenómeno. En las mesas de atestado policial ya no solo hay simbología, collares o coronas doradas, sino un arsenal de machetes de corte, armas cortas de fuego y remesas de efectivo fruto de la actividad digital y el menudeo.

Las fuerzas de seguridad intensifican la presión sobre sus estructuras financieras, mientras los ayuntamientos intentan articular planes preventivos antes de que las aulas de los institutos se conviertan en la cantera definitiva de las bandas urbanas.

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