Narges Mohammadi es condenada a siete años más de prisión en Irán

Narges Mohammadi es condenada a siete años adicionales de prisión en Irán tras decisión del Tribunal Revolucionario. Narges Mohammadi es condenada a siete años adicionales de prisión en Irán tras decisión del Tribunal Revolucionario.
Narges Mohammadi enfrenta siete años más de prisión en medio de críticas internacionales al régimen iraní.

Narges Mohammadi es condenada nuevamente en Irán. En un desafío abierto a la comunidad internacional y a los pilares de los derechos humanos, el régimen de Teherán ha vuelto a golpear el corazón de la resistencia civil en Irán.

Narges Mohammadi, la activista y periodista que fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2023 ha sido condenada a siete años adicionales de prisión en un proceso que los observadores internacionales califican de farsa jurídica.

Esta nueva sentencia no solo busca prolongar el cautiverio de la figura más emblemática del movimiento «Mujer, Vida, Libertad», también envía un mensaje inequívoco de intransigencia por parte de la República Islámica en un momento de máxima tensión regional.

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Mientras el mundo observa la fragilidad de las libertades en Oriente Medio, la celda de Mohammadi en la temida prisión de Evin se convierte nuevamente en el epicentro de una lucha que parece no tener tregua.

La nueva condena contra Narges Mohammadi

La sentencia dictada por el Tribunal Revolucionario de Teherán, la décima condena desde 2021, es el último eslabón de una cadena de persecución que Mohammadi ha sufrido durante décadas.

Los cargos, que incluyen la difusión de propaganda contra el Estado y actos contra la seguridad nacional, se basan en la incesante actividad de denuncia que la activista ha mantenido incluso desde detrás de los muros de la prisión.

Según fuentes cercanas a la defensa y reportes de medios internacionales, el tribunal ha ignorado sistemáticamente las garantías del debido proceso, transformando el juicio en un acto de castigo político por la visibilidad global que Mohammadi ha otorgado a la situación de las mujeres en Irán.

Esta nueva condena se suma a las penas anteriores que ya mantenían a la activista privada de libertad. La estrategia del aparato judicial iraní parece ser la acumulación de sentencias para garantizar que Mohammadi permanezca bajo custodia de forma indefinida.

La Nobel de la Paz ha sido acusada de utilizar su plataforma internacional y su reconocimiento en Oslo para «instigar disturbios», una narrativa que el régimen utiliza para deslegitimar cualquier crítica interna tildándola de injerencia extranjera.

Irán, un país en llamas

La condena de Mohammadi no ocurre en un vacío. Geopolíticamente, Irán se encuentra en una posición compleja, navegando entre su influencia en los conflictos de la región y una crisis de legitimidad interna que no se ha disipado desde las protestas de 2022.

Al golpear a la Nobel de la Paz, el sector más conservador del poder en Teherán busca consolidar su control interno y demostrar que el reconocimiento internacional no ofrece protección contra la ley revolucionaria.

El mensaje va dirigido tanto a la disidencia interna como a las cancillerías occidentales. En un momento de protestas civiles y una fuerte represión del Estado Iraní sobre los manifestantes, el uso de prisioneros políticos de alto perfil funciona como una herramienta de presión en el tablero diplomático.

Sin embargo, para Mohammadi, esta nueva sentencia es solo una confirmación de la validez de su lucha. A pesar de los graves problemas de salud que padece y de la prohibición de comunicarse con su familia en el exilio, su voz sigue filtrándose a través de las rejas del centro penitenciario Evin.

La respuesta internacional y la fatiga diplomática

Narges Mohammadi es condenada y la nueva condena ha provocado una ola de rechazo por parte de organizaciones como Amnistía Internacional y el Comité Nobel, que han exigido su liberación inmediata e incondicional.

No obstante, existe una creciente preocupación por la eficacia de estas presiones ante un régimen que ha demostrado ser inmune a las condenas retóricas. La comunidad internacional se enfrenta al dilema de cómo actuar ante un Estado que ignora los llamamientos humanitarios mientras refuerza su alianza con potencias que comparten su desprecio por los marcos de derechos humanos occidentales.

El impacto social en Irán es igualmente profundo. Aunque las grandes manifestaciones han sido reprimidas de manera violenta, el descontento persiste de forma latente. La figura de Mohammadi sirve como un recordatorio constante de que la lucha por la igualdad de género y la democracia sigue viva, a pesar de que los rostros más visibles de esa lucha estén bajo llave.

La figura de Narges Mohammadi es la encarnación del sacrificio civil. Su condena a siete años adicionales no es una muestra de fuerza del régimen, sino una señal de su debilidad y del miedo profundo que le inspira una mujer armada solo con su pluma y su palabra.

El destino de Mohammadi está ligado al futuro de la libertad en Irán. Mientras ella permanezca en prisión, la República Islámica seguirá proyectando la imagen de un Estado que teme a sus propios ciudadanos.

Redacción: Express News UK

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