El Pacto de petróleo en Venezuela ha redefinido la geopolítica del Caribe en menos de dos semanas. Tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero y su traslado a una prisión federal en Brooklyn, el Palacio de Miraflores dejó de ser un bastión ideológico para convertirse en un centro de negociación energética bajo supervisión directa de Washington.
En una histórica llamada telefónica de larga duración sostenida el pasado 14 de enero, el presidente Donald Trump selló el nuevo destino del país con la presidenta interina Delcy Rodríguez.
«Tuvimos una situación hace pocos días… pero ahora nos estamos llevando extremadamente bien con las personas que dirigen Venezuela», declaró Trump desde el Despacho Oval, calificando a Rodríguez como una «persona fantástica» con quien su administración ha logrado trabajar «muy bien».
Pacto de petróleo en Venezuela y el giro político en Miraflores
Este deshielo no es gratuito. El reconocimiento de la legitimidad de Rodríguez por parte de la Casa Blanca está cimentado sobre el recurso más codiciado de la región: el petróleo.
Bajo la premisa de «Nuestro Hemisferio», Washington ha tomado el control operativo de las exportaciones venezolanas, desplazando definitivamente la influencia de China y Rusia. El pacto es claro: crudo a cambio de estabilidad política y el desbloqueo de las finanzas internacionales.
La “fianza” petrolera dentro del Pacto de petróleo en Venezuela
El primer gran movimiento de esta nueva era es la entrega inmediata de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo que se encontraban almacenados debido a las sanciones. Estos cargamentos ya navegan hacia las refinerías del Golfo de México.

Según el secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, Washington controlará estas ventas por tiempo «indefinido» y los fondos serán depositados en cuentas bancarias (la principal en Qatar) administradas por la Casa Blanca para asegurar que se utilicen en la «reconstrucción» del país y la compra de productos fabricados en Estados Unidos.
Este flujo de caja es el oxígeno que Delcy Rodríguez necesita para sostener el Tridente de poder junto a Vladimir Padrino López y Diosdado Cabello. Como gesto de buena voluntad para aceitar este engranaje, el gobierno interino ya ha iniciado la liberación de más de 400 presos políticos (cifra aún no confirmada), una condición no negociable impuesta por el Departamento de Estado.
«Ella nos preguntó si podíamos llevarnos 50 millones de barriles de petróleo y yo le dije: sí, podemos. Ahora está llegando a Estados Unidos»
Donald Trump, en declaraciones a la prensa el 14 de enero de 2026.
El regreso de los Gigantes: $100.000 millones sobre la mesa

Mientras los bonos de PDVSA se disparan un 30% en Wall Street, las grandes petroleras estadounidenses han comenzado a reclamar su territorio. Trump se reunió con los CEO de Chevron, Shell y ConocoPhillips, quienes prometieron inversiones que podrían alcanzar los $100.000 millones de capital privado para revitalizar la infraestructura devastada.
Sin embargo, el pragmatismo de Trump tiene límites. En un movimiento que sacudió los mercados, el mandatario sugirió dejar fuera de los planes a ExxonMobil tras calificar de «lista» la respuesta de su CEO, Darren Woods, quien había calificado a Venezuela como «ininvertible» bajo los marcos actuales de inestabilidad política, administrativa y social.
«Probablemente me inclinaría por dejar a Exxon fuera.Tenemos a muchos que quieren», sentenció Trump a bordo del Air Force One.
Redacción: Express News UK

