A 25 años del 11-S: El cuarto de siglo que no apaga el dolor

Explosión y densa columna de humo negro en la Segunda Torre del World Trade Center durante los atentados del 11 de septiembre en Nueva York. Explosión y densa columna de humo negro en la Segunda Torre del World Trade Center durante los atentados del 11 de septiembre en Nueva York.
El ataque coordinado del 11 de septiembre de 2001 destruyó el complejo del World Trade Center y transformó la geopolítica global.

Ciento dos minutos bastaron para alterar el curso de la historia contemporánea. Estados Unidos conmemora este 11 de septiembre un cuarto de siglo del ataque terrorista más sangriento registrado en su suelo, un aniversario marcado por la solemnidad en la Zona Cero de Manhattan y por el persistente goteo de muertes entre quienes sobrevivieron al polvo tóxico.

A 25 años del colapso de las Torres Gemelas, el eco del desastre sigue retumbando. Aquel martes de 2001 murieron 2.977 personas de forma inmediata. Unas 25.000 resultaron heridas. El operativo fue ejecutado por 19 hombres divididos en cuatro comandos tácticos.

Cuatro de ellos tenían formación previa como pilotos comerciales. El resto cumplía la tarea operativa de someter a tripulantes y pasajeros para desviar el rumbo de las aeronaves.

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Al frente de la operación figuraba Mohammed Atta, un egipcio de 33 años. Atta había cursado arquitectura en El Cairo antes de trasladarse a Alemania para continuar sus estudios. En territorio germano tejió alianzas con Marwan al-Shehhi, Ziad Jarrah y Ramzi bin al-Shibh. El grupo articuló la denominada “célula de Hamburgo”, el núcleo ejecutor que tomó el control de los aviones en aire norteamericano.

Las secuelas de un ataque terrorista

Las sirenas a sonar este viernes al amanecer en el bajo Manhattan. Los familiares de las víctimas leen de nuevo, nombre por nombre, la nómina de quienes perdieron la vida en los rascacielos, el Pentágono y el campo de Shanksville.

Los seis minutos de silencio programados marcan los instantes exactos de los impactos de los aviones y los colapsos de las estructuras. La escena se repite cada año. Pero la tragedia no se detuvo en septiembre de 2001.

El verdadero impacto diferido golpea en los hospitales. Bomberos, policías, voluntarios y residentes expuestos a la nube gris que cubrió la ciudad sufren enfermedades respiratorias severas y distintos tipos de cáncer derivados de las toxinas respiradas en la zona cero.

Cuerpos de socorro y asociaciones de afectados denuncian que las bajas causadas por la exposición posterior al desastre superan ya el balance directo de fallecidos el día del atentado. El conteo sigue sumando nombres cada semana y las autoridades hablan de más de 9.000 muertes generadas por el aire y gases que se respiraron ese día en New York.

Las luces azules del Tribute in Light volverán a proyectarse hacia el cielo de Nueva York al caer la noche. La conmemoración de este cuarto de siglo deja una certeza incómoda sobre la mesa: la lista oficial de víctimas del 11-S continúa abierta.

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