De una reunión de payeses a la gran fiesta APLEC del Caragol con proyección internacional

Interior de la catedral del vino en las Bodegas de Raimat durante la Aplec del Caragol Lleida. Interior de la catedral del vino en las Bodegas de Raimat durante la Aplec del Caragol Lleida.
Las históricas Bodegas de Raimat, patrocinador de la Aplec del Caragol Lleida, destacan por su arquitectura innovadora.

Por Carmen Chamorro, directiva del CIP/ACPE y diplomada en Relaciones Internacionales y Diplomacia Pública por la SEI.

La Aplec del Caragol, inaugurada en los Camps Elisis de Lleida el pasado viernes, 22 de mayo en su 45 edición, es una fiesta gastronómica y popular de Cataluña, organizada por la Fecoll, que dio una calurosa bienvenida a toda una comisión de corresponsales extranjeros que arribaron desde diferentes puntos del mundo.

El evento culinario (degustación del caracol en sus diferentes variantes) nace de forma popular como la gran fiesta de la caracolada que, en época de la transición española, ya demandaba responsabilidad civil en una entidad, abierta a la ciudadanía, proporcionando soporte al talento artístico local.

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Bajo el concepto de un alto nivel de solidaridad, sin ánimo de lucro, esta eclosión de colorido, confeti, pasacalles, desfiles de peñas, sardanas, carreras de caracoles, expertos cocineros y exhibiciones de castellers ha reunido a un total de 124 peñas registradas este año, con una media de 150 integrantes o “aplequistes” por cada “colles” y más de 17.000 participantes.

Conciertos, macro fiestas, sesiones DJ, eventos para los más pequeños de la familia y espectáculos pirotécnicos han alcanzado protagonismo en la 45 edición de lo que comenzó siendo una simple concentración de campesinos catalanes y que ahora, alcanza protagonismo en el orden internacional, con un sentimiento popular y arraigo social, más allá de la propia fiesta.

“Descontando la partida presupuestaria correspondiente al concepto de costes a la ciudad, los beneficios para Lleida alcanzan los 6 millones de euros. Estamos hablando de un consumo de 14 toneladas de caracoles en estos tres días, junto a 95.000 litros de cerveza”, afirmó Ferrán Perdrix, presidente de la Federación de Peñas en Lledia.

Mas de 200.000 personas han visitado el recinto ferial, yendo de fiesta en fiesta “en un reencuentro familiar, con un sentimiento muy arraigado, donde todos somos iguales, como sello de identidad”, aseguró Perdrix.

El espíritu de la Aplec (fiesta del caracol) nace en 1980 como una reunión de payeses quienes, concluyendo la cosecha, se concentraban en torno al rio Segre. Este rito festivo lo conformaba unas 300 personas en torno a un mismo plato, el caracol en una llauna.

Desde esta tradición vinculada a las ermitas marianas y romerías, se pasó a las comidas campestres, pero sin el componente religioso, dando lugar después del período conservadurista del caudillismo, al festejo popular de alcance internacional, que inicia su pistoletazo de salida con el Caragolasso la misma tarde del viernes.

Por su parte, Jesús Gimeno, propietario y cocinero del restaurante L´Espurna, en Lleida, ofreció a los corresponsales la degustación de diferentes formatos de caracoles: desde la receta más antigua (la grutesca, que consiste en quemar al caracol con sarmientos y pajas sobre una base de sal, sobre un ladrillo) hasta la receta más tradicional, la llauna.

Hay otras versiones personales como el caracol a la Bourguignon, o caracol de cristal, sin obviar la caracolina, (caracol pequeño), que se emplea en la elaboración de recetas, típicas de las abuelas, con el empleo de tomate y cebolla, en guisos más caldoso.

De otro lado, la llegada de los periodistas de cobertura extranjera se inició con la visita de las Bodegas de Raimat, patrocinador de la fiesta, pudiendo observar un gran proyecto vitivinícola de innovación y sostenibilidad.

Una isla de viñedos que nace en 1914 con el arquitecto, discípulo de Gaudía, Joan Rubió y Bellver, quien creó-, como se dice-, una bodega, lo que sería el primer edificio construido con hormigón armado en España, y que pronto fue calificado como “catedral del vino” por su estructura de arcadas.

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