Cierre del oleoducto saudí dispara el precio del petróleo

Vista satelital de la infraestructura del oleoducto Este-Oeste en Arabia Saudí con marcas oscuras tras el ataque. Vista satelital de la infraestructura del oleoducto Este-Oeste en Arabia Saudí con marcas oscuras tras el ataque.
Imagen satelital que muestra la zona afectada en el complejo energético tras la ofensiva de drones sobre el trazado del oleoducto.

Alarma roja en los mercados energéticos globales. Arabia Saudí se ha visto obligada a suspender las operaciones de su principal arteria de transporte de crudo tras sufrir una oleada de ataques con drones en las regiones de Riad y Medina.

La parálisis del estratégico oleoducto Este-Oeste amenaza con estrangular el suministro de petróleo con destino a los mercados de Europa y Asia en un momento de máxima tensión geopolítica.

El Ministerio de Energía saudí anunció la interrupción del flujo el viernes como medida de precaución inmediata. La ofensiva aérea registrada el jueves anterior impactó directamente en el corazón de esta infraestructura de 1.201 kilómetros de longitud.

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Esta semana, luego del ataque con drones al oleoducto saudí, el precio del barril del petróleo brent se establece en 108 dólares.

Tras 45 años en servicio, este conducto cuenta con una capacidad de transporte de 7 millones de barriles diarios y representa la llave maestra del reino para conectar energéticamente sus dos costas.

La parálisis no llega en un vacío. El avance de las fuerzas hutíes en la costa yemení del mar Rojo y el consecuente bloqueo del estrecho de Bab el Mandeb coinciden con una contracción generalizada de las exportaciones del Golfo.

Para contrarrestar la brecha, Riad ha recurrido de urgencia a sus reservas estratégicas almacenadas para mantener a flote los compromisos de entrega. Sin embargo, el margen de maniobra es extremadamente estrecho.

Las estimaciones manejadas por compradores y operadores internacionales pintan un panorama sombrío. Según cálculos del sector, el petróleo almacenado en las instalaciones del puerto de Yanbu, a orillas del mar Rojo, solo podrá sostener los envíos durante un periodo de entre cinco y siete días. Transcurrido ese plazo, el apagón energético será inevitable si no se reanuda el bombeo.

Un cierre prolongado expondría al mercado mundial a un choque sin precedentes recientes. Los analistas prevén que la parálisis continuada pondría en riesgo directo en torno a cuatro millones de barriles diarios, una cifra que representa aproximadamente el 4% de la producción global de crudo. Las autoridades saudíes mantienen la prudencia y evitan confirmar oficialmente estas proyecciones mientras los técnicos evalúan el alcance real de los daños.

La vulnerabilidad del sistema radica en la propia naturaleza del conducto. El oleoducto Este-Oeste es la única gran infraestructura operativa del planeta diseñada específicamente para eludir la navegación por el estrecho de Ormuz.

Con esta vía terrestre cortada y sin una fecha de reactivación sobre la mesa, la estabilidad de las entregas energéticas globales queda ahora a la intemperie, a la espera de ver cuánto resistirán las reservas acumuladas en Yanbu antes de que la escasez golpee de lleno a los puertos europeos y asiáticos.

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