La expansión global de la inteligencia artificial de código abierto desarrollada en China ha encendido todas las alarmas en materia de seguridad nacional y ciberdefensa en Occidente.
Informes recientes elaborados por firmas especializadas como TeamT5 y Palo Alto Networks advierten sobre un drástico aumento en los ciberataques internacionales vinculados a grupos de piratas informáticos patrocinados por el régimen de Pekín, los cuales duplicaron la frecuencia y escala de sus operaciones tras integrar herramientas como DeepSeek en su arsenal ofensivo.
A diferencia de los modelos desarrollados por laboratorios estadounidenses como Claude (Anthropic) o Codex (OpenAI), los cuales cuentan con estrictas barreras éticas y filtros automáticos que bloquean solicitudes de índole maliciosa, plataformas abiertas como DeepSeek destacan por carecer de restricciones operativas efectivas.
Esta flexibilidad permitió a equipos reducidos de atacantes automatizar tareas críticas de reconocimiento, desarrollo de código malicioso y explotación de vulnerabilidades en cuestión de minutos, comprimiendo procesos que anteriormente requerían meses de trabajo manual.
Operativa autónoma y riesgos a gran escala
Investigaciones de unidades de inteligencia en ciberseguridad detallan cómo actores maliciosos han empleado la herramienta asociada a marcos de trabajo autónomos para ejecutar operaciones ofensivas de extremo a extremo.
En casos documentados, estas tecnologías funcionaron como un motor de razonamiento avanzado para la selección de objetivos, evaluación de vulnerabilidades y toma de decisiones tácticas, facilitando incursiones en infraestructuras gubernamentales y corporativas extranjeras.
La falta de alineamiento ético en los modelos de código abierto procedentes de China contrasta fuertemente con los estrictos protocolos de supervisión a los que se someten las grandes tecnológicas occidentales antes de lanzar sus productos al mercado.
Esta asimetría regulatoria ha motivado que empresas líderes del sector soliciten restricciones severas a la distribución de modelos basados en la técnica de la “destilación”, mediante la cual se extraen capacidades de sistemas occidentales sin restricciones equivalentes.
Respuesta regulatoria y restricciones gubernamentales
Ante el incremento de los riesgos asociados a la propiedad intelectual, la privacidad y la soberanía digital, diversos gobiernos han comenzado a tomar medidas drásticas. Múltiples estados norteamericanos, así como agencias de alta sensibilidad estratégica como la NASA y la Armada de Estados Unidos, han prohibido el uso de la aplicación en dispositivos oficiales.
Restricciones similares han sido adoptadas por administraciones de países como Corea del Sur, Australia e Italia, mientras que en el Congreso estadounidense se debaten iniciativas legislativas para extender estas prohibiciones a nivel federal.
Asimismo, expertos en privacidad han alertado sobre las políticas de almacenamiento de datos de estas plataformas, cuyos servidores operan bajo jurisdicción local china y mantienen vínculos con operadores sancionados por motivos de seguridad nacional.
Mientras el sector privado evalúa con cautela las ventajas de costes y adaptabilidad de estas tecnologías, las autoridades occidentales intensifican la vigilancia para contener una brecha de seguridad que continúa ampliándose en el ciberespacio global.
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