Libres bajo fianza los cinco sospechosos de complot terrorista contra base aérea de la RAF

Dos agentes de la Policía Metropolitana de Londres esposando a un detenido encapuchado durante una redada policial. Dos agentes de la Policía Metropolitana de Londres esposando a un detenido encapuchado durante una redada policial.
Dos agentes de la Policía Metropolitana detienen a un sospechoso durante el despliegue policial ejecutado esta madrugada.

Libres con cargos y bajo cautela. La policía británica excarceló a los jóvenes arrestados en las inmediaciones de la base aérea utilizada por Estados Unidos. Sin rastros de explosivos en las furgonetas, las contradicciones entre Londres y Washington avivan las sospechas sobre la sombra de una potencia extranjera.

Sorpresa y fricción diplomática en los despachos de inteligencia. Los cinco jóvenes británicos arrestados en la madrugada del domingo por un supuesto complot terrorista contra la base aérea de RAF Fairford han quedado en libertad bajo fianza.

La decisión de las autoridades británicas ha desatado perplejidad a ambos lados del Atlántico, en un caso marcado por versiones encontradas, una llamada de alerta vecinal y el fantasma de una injerencia estatal de alcance geopolítico.

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Los sospechosos, todos con edades comprendidas entre los 23 y los 25 años y con residencia fija en Londres, abandonaron las dependencias policiales sometidos a “condiciones estrictas” de movilidad y contacto interpersonal. Habían sido aprehendidos bajo la sospecha de preparar actos terroristas y manipular sustancias explosivas.

Laurence Taylor, comisario adjunto de la Policía Metropolitana y jefe de la Policía Antiterrorista del Reino Unido, enfrió de inmediato los ánimos: «Esto no significa que la investigación haya terminado».

La llamada telefónica que desencadenó el gigantesco operativo policial no procedía de una pantalla de radar ni de pinchazos telefónicos de alto nivel. Una agricultora de Gloucestershire descubrió poco después de la una de la madrugada a varios hombres encapuchados en un camino rural cercano a la instalación militar.

“Algo muy extraño está pasando”, tecleó en el grupo de WhatsApp del vecindario tras toparse con tres furgonetas blancas que cortaban la vía. La alerta movilizó a unidades armadas, peritos forenses y escuadrones militares de desactivación de artefactos. Más de 80 viviendas del pueblo de Whelford fueron evacuadas de urgencia.

Sin rastro de dinamita en el maletero

El despliegue de seguridad fue máximo, pero el botín hallado sobre el terreno dejó preguntas amargas. Registros difundidos por fuentes periodísticas confirmaron que los especialistas en explosivos no encontraron ningún tipo de bomba dentro de los vehículos.

Las furgonetas exhibían en sus laterales la rotulación ‘Fuel 2 You’, el nombre de una supuesta distribuidora de combustible sin registro mercantil operativo. En su interior solo había varios bidones de líquido cuyo contenido exacto permanece bajo análisis en los laboratorios de la Policía Científica.

El desenlace provocó la inmediata reacción de la Casa Blanca. Donald Trump no ocultó su contrariedad ante la puesta en libertad de los sospechosos. “Yo no habría hecho eso”, espetó el presidente estadounidense, remarcando que los arrestados llevaban «mucho tiempo» bajo el radar de la inteligencia y pretendían provocar “grandes daños”.

Ese cruce de afirmaciones expone la primera gran grieta del expediente. Mientras la cronología oficial de Escocia Yard sostiene que las detenciones se produjeron a raíz del soplo de la agricultora local, fuentes del gobierno estadounidense defienden que existía una vigilancia compartida y prolongada sobre la amenaza que se cernía sobre RAF Fairford.

La sombra de un actor estatal en el banquillo

La vía de investigación más explosiva apunta lejos de las calles de Londres. Las agencias británicas investigan si detrás del frustrado sabotaje opera la mano negra de un Gobierno extranjero. Desde la jefatura antiterrorista afirman mantener “la mente abierta” para analizar el incidente desde cualquier prisma.

Washington va mucho más allá. El secretario de Estado, Marco Rubio, se mostró tajante en televisión al calificar los hechos como “una situación muy grave» que encierra «claramente la mano de un actor extranjero”.

Aunque evitó dar nombres en antena aduciendo motivos de seguridad nacional, las miradas internacionales apuntan en una dirección concreta: Teherán. La base estratégica de Fairford alberga bombarderos pesados norteamericanos y ha sido señalada formalmente por el régimen iraní como un objetivo militar legítimo.

La diplomacia persa reaccionó al instante. La Embajada de Irán en Londres emitió un comunicado tajante rechazando “categóricamente” acusaciones que tildó de «infundadas y maliciosas».

El impacto de la maniobra ya trasciende los límites de Gloucestershire. Las fuerzas armadas estadounidenses han elevado el nivel de alerta defensiva a ‘Charlie’, el segundo peldaño más alto del escalafón de seguridad militar, en sus bases británicas de RAF Lakenheath y RAF Mildenhall.

Con los cinco sospechosos de nuevo en la calle y la inteligencia occidental cruzando reproches, la gran incógnita estriba en saber si el operativo desmontó a tiempo un ataque inminente o si apenas tropezó con los peones de un juego de espionaje mucho más profundo.

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