Keiko Fujimori toma posesión como presidenta de Perú con el respaldo institucional de España

Keiko Fujimori con la banda presidencial durante su discurso de toma de posesión en Perú. Keiko Fujimori con la banda presidencial durante su discurso de toma de posesión en Perú.
La líder conservadora se convierte en la primera mujer en asumir la jefatura del Estado en la historia del país andino.

La historia política de Perú ha girado un hito trascendental con la investidura de Keiko Fujimori como la primera mujer en asumir la jefatura del Estado. La líder conservadora, de 51 años, formalizó su llegada al poder en una solemne ceremonia celebrada en Lima, tras imponerse en los comicios del pasado mes de junio por un ajustado margen de menos de 50.000 votos.

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El acto contó con la destacada presencia del rey Felipe VI, un gesto diplomático de gran calado que reafirma los sólidos lazos históricos e institucionales entre España y el país andino.

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El retorno del fujimorismo al poder central se produce 26 años después del mandato de su padre, Alberto Fujimori, quien gobernó entre 1990 y 2000. Esta herencia familiar ha estado permanentemente presente en la trayectoria política de la nueva mandataria.

Sin embargo, su principal desafío inmediato será poner fin a una década de profunda inestabilidad institucional marcada por la sucesión de nueve presidentes en diez años, de los cuales apenas tres llegaron al cargo mediante las urnas, mientras que el resto accedió tras dimisiones o destituciones parlamentarias motivadas por escándalos de corrupción.

Estabilidad legislativa y un plan de seguridad de mano firme

Para sortear la inestabilidad que ha lastrado a sus predecesores, Fujimori cuenta con un colchón político decisivo en el poder legislativo: su formación, Fuerza Popular, y sus aliados principales controlan la mitad de los escaños del nuevo Senado, una mayoría holgada que dificulta notablemente que el Congreso pueda removerla del cargo.

Con este respaldo parlamentario, la seguridad ciudadana se ha consolidado como el pilar fundamental de su estrategia de gobierno. Ante la creciente amenaza del crimen organizado y la extorsión que azota al país, la presidenta prometió gobernar “con mano firme”.

Entre las iniciativas más ambiciosas de su plan destaca la construcción de una megacárcel inspirada en el modelo de máxima seguridad impulsado por el presidente Nayib Bukele en El Salvador, así como la propuesta para que los jueces puedan mantener el anonimato durante los juicios penales con el fin de protegerlos frente a posibles represalias.

Además, se ha comprometido a potenciar la inversión pública y privada en infraestructuras, aunque todavía debe aclarar si atenderá las demandas de la oposición para derogar normas anteriores que, según sus detractores, debilitan el marco legal de persecución delictiva.

Encuentro bilateral y cooperación con España

El plano internacional también protagonizó la jornada de investidura. La asistencia del rey Felipe VI, formalizada a invitación del gobierno peruano, responde al interés estratégico de mantener una relación bilateral preferente en un escenario geopolítico donde múltiples potencias extracomunitarias buscan ampliar su presencia en América Latina.

España se consolida actualmente como el principal inversor europeo en Perú y el segundo a escala global, con intereses económicos estratégicos en sectores clave como la banca, las telecomunicaciones y la energía.

Concluida la ceremonia protocolaria, el monarca español mantuvo un encuentro bilateral con la nueva jefa del Estado en el Palacio de Gobierno, una reunión orientada a estrechar lazos y renovar los convenios bilaterales de cooperación en materia comercial y de seguridad.

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