El nadador polaco Bartłomiej Kubkowski ha inscrito su nombre en la historia del deporte de ultra resistencia tras completar una de las hazañas más exigentes del mundo: cruzar a nado el mar Báltico desde Suecia hasta la costa de Polonia.
Tras 160 kilómetros de recorrido ininterrumpido y 55 horas de esfuerzo extremo, el atleta alcanzó la playa de Dziwnów en su quinto intento, estableciendo un nuevo récord mundial y recaudando fondos para la lucha contra el cáncer.
La proeza, respaldada por la Fundación Cáncer Fighters, permitió acumular casi 850.000 zlotys, aproximadamente 227.650 dólares, destinados a apoyar a pacientes oncológicos. Conocido en el ámbito deportivo como “Foka”, Kubkowski sorteó todo tipo de barreras físicas y mentales en una expedición marcada por la superación personal y la solidaridad.
Una preparación brutal y condiciones extremas
El éxito de la travesía no fue fruto de la casualidad, sino el resultado de meses de entrenamientos intensos descritos por su propio equipo como “brutales”. Las sesiones de preparación incluyeron jornadas de hasta un día y medio seguidos y nados nocturnos en piscinas para simular el agotamiento y la privación de sueño que afrontaría en mar abierto.
Las condiciones del mar Báltico tampoco se lo pusieron fácil. El agua fría, con temperaturas que apenas rozaban los 16 grados centígrados en la costa sueca, sumada a las olas altas, obligó al nadador a mantener una concentración férrea.
Siguiendo estrictas normas de la disciplina de larga distancia, Kubkowski no podía tocar la embarcación de apoyo en ningún momento, por lo que su alimentación se gestionó mediante brazos articulados especialmente diseñados para suministrarle nutrientes desde los botes de acompañamiento sin infringir el reglamento.
Alucinaciones y la superación del límite humano
El desgaste físico y psicológico acumulado tras más de dos horas de esfuerzo por encima de las 50 horas de nado continuo comenzó a pasar factura en la fase final de la ruta. El nadador experimentó episodios de desorientación y alucinaciones, alterando de manera imprevista su rumbo y obligando a su equipo a intervenir activamente.
Kacper Dereń y el resto de los acompañantes sabían que el agotamiento extremo se manifestaría en el tramo definitivo. Ante los signos de confusión mental, el equipo suministró porciones extra de calorías para estabilizarlo. Un detalle anecdótico ocurrió cuando los colaboradores lanzaron una botella de gaseosa al agua para animarle; al encontrarla y recibir el visto bueno para consumirla, la reacción de alegría del deportista funcionó como un revulsivo psicológico clave.
Al tocar tierra firme, un exhausto Kubkowski resumió su estado físico con una frase contundente recogida por los medios: estaba “tan cansado que aún no lo sabía”. Inmediatamente después de cruzar la meta, fue trasladado a un centro hospitalario para someterse a una revisión médica integral, confirmando que las alucinaciones y la pérdida temporal de orientación fueron respuestas naturales de su organismo ante semejante desafío.
Con este triunfo, deja atrás el mal sabor de boca de 2025, cuando se quedó a solo 11 kilómetros de la gloria, y consolida un hito histórico para el deporte europeo.
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