Reino Unido, Francia y Canadá prohíben el comercio con los asentamientos israelíes ilegales

Vista panorámica de un asentamiento israelí con estructuras blancas y vallas sobre una colina en Cisjordania. Vista panorámica de un asentamiento israelí con estructuras blancas y vallas sobre una colina en Cisjordania.
Las importaciones provenientes de asentamientos israelíes en Cisjordania han sido vetadas por Reino Unido, Francia y Canadá.

Golpe diplomático a tres bandas en Europa y Norteamérica. Reino Unido, Francia y Canadá han anunciado este martes la prohibición total del comercio con las colonias israelíes consideradas ilegales por el derecho internacional.

La medida, que replica el modelo adoptado por España, veta la importación de bienes producidos en los cientos de granjas y empresas radicadas en los territorios ocupados de Cisjordania y Jerusalén Este, señalados explícitamente por la ONU.

La respuesta violenta y categórica de Tel Aviv no se ha hecho esperar. En cuestión de horas, el Ejecutivo israelí ha ordenado el cierre del consulado británico en Jerusalén y ha excluido formalmente a Reino Unido de la misión internacional humanitaria para la Franja de Gaza. Un portazo diplomático en toda regla.

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Londres, sin embargo, no piensa dar marcha atrás. El brusco cambio de la diplomacia británica llega tras meses de presiones internas y un evidente endurecimiento del tono hacia la política de ocupación en los territorios palestinos. De hecho, desde las filas gubernamentales ya se califica abiertamente la expansión de los colonos como una forma de terrorismo que destruye cualquier viabilidad de paz.

“El Gobierno laborista no ha hecho suficiente. Hoy marca el comienzo de una nueva manera de hacer las cosas”, declaró Ed Miliband, el ministro de Exteriores británico. Durante una comparecencia marcada por el tono personal, el jefe de la diplomacia británica se presentó como un “orgulloso británico judío” antes de recordar las raíces de su propia historia familiar: sus padres llegaron a las islas como refugiados polacos tras escapar de la barbarie nazi.

El veto conjunto asesta un revés económico y simbólico a las redes comerciales que sustentan la infraestructura de las colonias. Frutas, cosméticos, tecnología agrícola y vino elaborados al otro lado de la Línea Verde quedarán vetados en los anaqueles de las tres potencias occidentales. Se busca así estrangular la rentabilidad de una presencia que Naciones Unidas califica sin rodeos de flagrante violación del derecho internacional.

En las calles de Londres, París y Ottawa, las organizaciones de derechos humanos han celebrado el paso, aunque exigen que la presión no se detenga en las fronteras de los asentamientos. Mientras tanto, en los pasillos de Westminster, la diplomacia británica asume el coste del choque frontal con Tel Aviv a la espera de ver si otros socios europeos se suman al embargo en los próximos días.

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