Londres y Bruselas han alcanzado un borrador de acuerdo de 200 páginas destinado a desmantelar las barreras fronterizas del Brexit que asfixiaban el comercio agroalimentario angloeuropeo.
La propuesta técnica, distribuida esta semana a las capitales comunitarias para su examen formal en la reunión del Coreper, representa el avance político más contundente del denominado “reinicie” comercial promovido desde Downing Street.
El plan prevé suprimir los exhaustivos controles sanitarios e inyectar beneficios anuales estimados en 5.100 millones de libras a las arcas británicas.
La medida abarca disposiciones de amplio alcance para la industria británica, permitiendo la reanudación inmediata de las exportaciones de salchichas frescas, hamburguesas, mariscos locales y patatas de siembra hacia el continente.
Para los pequeños y medianos productores, el acuerdo implica deshacerse de los Certificados Sanitarios de Exportación, con un coste fijo de 200 libras por trámite, y de los certificados fitosanitarios de 25 libras que encarecían de forma desmedida cada envío transfronterizo.
Además, el pacto contempla la eliminación de las tasas portuarias por inspección, los certificados orgánicos y contempla la reintroducción de los pasaportes para mascotas británicas.
A cambio del levantamiento del muro aduanero, Gran Bretaña se compromete a una “alineación dinámica”, obligándose a adaptar internamente las normas comunitarias en materia de calidad alimentaria, salud animal y productos vegetales.
El viraje estratégico se produce tras el cambio de liderazgo laborista encabezado por Andy Burnham, cuya administración ha impulsado una postura abiertamente pragmática con el bloque europeo.
El borrador aborda también la unificación del mercado de emisiones de carbono para eximir a los exportadores del nuevo impuesto en frontera y simplifica drásticamente el flujo de mercancías hacia Irlanda del Norte, desactivando de facto los roces causados por la frontera marítima del mar de Irlanda.
La reacción de la comunidad empresarial británica no se ha hecho esperar. Las pymes agroalimentarias señalan que los sobrecostes veterinarios del modelo previo hacían inviable la comercialización de productos frescos fuera de las islas.
“Éramos una empresa pequeña, pero cuando intentábamos exportar nuestros yogures antes, cada vez que enviábamos un palé teníamos que pagar a un veterinario para que lo inspeccionara y eso costaba 140 libras, lo que significaba que perdíamos dinero… así que tuvimos que parar”, explicó Jon Walsh, cofundador de la firma Bio&Me.
El acuerdo ha abierto sin embargo una honda brecha en el mapa político de Westminster. Los defensores del Brexit duro y las filas conservadoras ven en la alineación dinámica una renuncia inaceptable a la soberanía regulatoria.
Desde la trinchera empresarial, la Cámara de Comercio Británica sostiene que la armonización de normas es el único camino real para rescatar las exportaciones tras seis años de parálisis aduanera.
“Nuestras exportaciones disminuyen debido a los retrasos y al aumento masivo de los costes que se han producido en la cadena de suministro”, sentenció William Bain, jefe de política comercial de la Cámara de Comercio Británica.
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